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La desconocida del bar

Los escritos de Désirée #6

La desconocida del bar

Valentina había llegado antes.

Se sentó en la barra, pidió algo para tomar y miró su teléfono como si estuviera esperando a alguien.

Pero no esperaba a nadie.

Al menos, no a su pareja.

Habían hecho un acuerdo unas horas antes: esa noche iban a encontrarse en un bar, pero tenían que comportarse como si nunca se hubieran visto.

Él llegaría después.

Y ella no debía reconocerlo.

Cuando Lucas finalmente entró, la buscó con la mirada.

La encontró enseguida.

Pero pasó de largo.

Se sentó unos lugares más allá.

Valentina lo vio reflejado en el espejo detrás de la barra.

No sonrió.

Él tampoco.

Durante unos minutos, fueron dos desconocidos.

Hasta que Lucas pidió otra bebida y, como quien habla con alguien que acaba de conocer, se giró hacia ella.

—¿Venís seguido?

Valentina lo miró.

—Depende.

—¿De qué?

—De quién pregunte.

Lucas sonrió.

—Entonces hice bien en preguntar.

Ella sostuvo la mirada unos segundos.

—Puede ser.

La conversación siguió.

Nombres inventados.

Historias inventadas.

Pequeñas mentiras que ambos sabían que eran parte del juego.

Pero cuanto más tiempo pasaba, más divertido resultaba fingir que no conocían absolutamente nada del otro.

Ni sus costumbres.

Ni sus secretos.

Ni esa sonrisa que Valentina conocía demasiado bien.

Después de un rato, Lucas dejó algo sobre la barra.

Una pequeña nota.

Ella la tomó.

Solo decía:

“¿Querés seguir conociendo al desconocido?”

Valentina levantó la mirada.

Él ya estaba de pie junto a la puerta.

Ella dejó el dinero sobre la barra, tomó su bolso y lo siguió.

Esta vez, ninguno de los dos necesitó fingir.

Aunque todavía no sabía cómo iba a terminar la noche.

Y quizás esa era justamente la gracia.


La fantasía detrás de la historia

Jugar a ser desconocidos permite recuperar algo que muchas parejas conocen bien: la emoción de no saber qué va a pasar después.

Cambiar el lugar, inventar nombres y crear pequeñas historias puede transformar una salida cotidiana en un juego completamente diferente.

No se trata de convertirse realmente en otra persona, sino de explorar por un rato una versión distinta de ustedes mismos.

Para llevar la fantasía al juego

Un bar, un restaurante o incluso una habitación de la propia casa pueden convertirse en el escenario.

Pueden acordar previamente los límites del juego, inventar personajes y preparar algún accesorio que ayude a construir la identidad del personaje.

Incluso un pequeño objeto entregado en el momento adecuado puede convertirse en parte de la historia.

La clave está en no revelar todo de entrada.