Los escritos de Désirée #2
La habitación 307
Habían salido de la rutina casi sin darse cuenta.
Una cena improvisada, una copa de vino y una propuesta que Tomás hizo mientras terminaban el postre:
—Hoy no volvemos a casa.
Marina lo miró sorprendida.
—¿Y adónde vamos?
—Ya vas a ver.
Una hora después estaban frente a la puerta de una habitación de hotel.
307.
Marina dejó el bolso sobre la cama y recorrió la habitación con la mirada.
—¿Esta era tu sorpresa?
Tomás sonrió.
—No. La sorpresa recién empieza.
Había algo especial en estar lejos de casa.
No estaban los horarios de siempre, las obligaciones, el teléfono sonando ni las pequeñas cosas que inevitablemente terminaban ocupando espacio entre ellos.
Esa noche tenían tiempo.
Y nada más.
Marina abrió una pequeña valija que había llevado consigo.
Tomás la miró con curiosidad.
—¿Qué trajiste?
—Algunas cosas.
—¿Algunas?
Ella sonrió mientras comenzaba a sacarlas.
Había elegido varios objetos que alguna vez habían comprado juntos, pero que casi nunca habían tenido la oportunidad de incorporar a una noche especial.
Tomás tomó uno y lo observó.
—¿Todo esto era para hoy?
Marina negó con la cabeza.
—No necesariamente.
Se acercó a él.
—Podemos decidirlo ahora.
Tomás dejó el objeto sobre la cama.
—¿Y qué hacemos?
Marina miró alrededor.
La habitación estaba en silencio.
Entonces tuvo una idea.
—Esta noche podemos olvidarnos de nosotros.
Tomás levantó una ceja.
—¿Cómo?
—Podemos inventar otros.
Él sonrió.
No necesitaban un guion.
Ni siquiera tenían que decidir exactamente cómo iba a terminar la noche.
Podían simplemente empezar.
Marina eligió un objeto de la valija y lo dejó sobre la mesa de luz.
Después eligió otro.
—¿Y este?
—También.
—¿Y este?
Tomás la miró.
—Ese seguro.
Marina soltó una carcajada.
La tensión se había transformado en complicidad.
Entonces tomó su teléfono, lo apagó y lo dejó dentro del bolso.
Tomás hizo lo mismo.
Por unas horas, nadie podía encontrarlos.
Marina se acercó a la puerta y colocó el cartel de “No molestar”.
Cuando volvió, Tomás la esperaba junto a la cama.
—Bueno —dijo ella—. ¿Qué personaje querés ser esta noche?
Tomás pensó unos segundos.
—El que vos quieras.
Marina sonrió.
—Entonces tenemos un problema.
—¿Cuál?
—Todavía no inventamos la historia.
Tomás la tomó de la mano.
—Tenemos toda la noche.
Y quizás eso era justamente lo que necesitaban.
No hacer siempre lo mismo.
No tener todo decidido.
Simplemente dejar que una habitación desconocida, algunos objetos y un poco de imaginación hicieran el resto.
La habitación 307 no era solamente una habitación de hotel.
Por una noche, era cualquier lugar que ellos quisieran imaginar.
La fantasía detrás de la historia
A veces, cambiar el escenario alcanza para cambiar la sensación de una noche.
Una escapada, una habitación diferente o incluso preparar un espacio especial en casa pueden ayudar a salir de la rutina y crear un momento de complicidad.
La fantasía de Marina y Tomás no consiste solamente en los objetos que llevan consigo. Consiste en permitirse jugar, improvisar y construir juntos una historia diferente.
Para llevar la fantasía al juego
Una escapada puede ser una buena oportunidad para elegir previamente algunos productos o accesorios y decidir juntos cómo incorporarlos.
No hace falta utilizar todo ni seguir un plan determinado. Pueden elegir un objeto, crear una pequeña situación alrededor de él y dejar que el resto de la experiencia surja naturalmente.
A veces, la expectativa de lo que puede pasar es parte de la fantasía.
También puede interesarte
Denise
Descubrí lencería, disfraces y accesorios para crear una noche diferente.


