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¿Cuánto de tu vida sexual es realmente tuya?

Hay una pregunta que casi nadie se hace:

¿Tu vida sexual la elegís vos… o la estás viviendo como se supone que deberías vivirla?

Porque desde muy chicos recibimos mensajes sobre cómo debería ser el sexo.

Cuánto deberíamos desear.

Con qué frecuencia deberíamos tener relaciones.

Qué deberíamos probar.

Cuánto deberíamos disfrutar.

Y hasta cómo deberíamos sentirnos después.

El problema es que, cuando intentamos cumplir con todas esas expectativas, podemos terminar desconectándonos de algo fundamental:

nuestro propio deseo.

¿Cuánto sexo “deberías” tener?

No existe una cifra mágica.

Una pareja que tiene sexo tres veces por semana no necesariamente está más conectada que una que lo tiene una vez.

Y alguien que tiene mucho deseo no necesariamente tiene una sexualidad más saludable que alguien con menos deseo.

La pregunta importante no es:

“¿Cuánto sexo tienen los demás?”

Es:

“¿La vida sexual que tengo me representa?”

El sexo también puede convertirse en una obligación

A veces hacemos cosas porque creemos que tenemos que hacerlas.

Porque queremos complacer.

Porque tenemos miedo de que nuestra pareja se canse.

Porque pensamos que si decimos que no demasiado seguido algo está mal.

Porque creemos que una pareja “normal” debería tener determinada frecuencia.

Y poco a poco aparece una situación bastante paradójica:

tenemos sexo para mantener la conexión y terminamos desconectándonos de nuestro propio deseo.

Decir que sí cuando realmente queremos decir que no puede parecer una solución momentánea.

Pero sostenido en el tiempo puede convertir el sexo en una tarea.

Y el deseo difícilmente florece cuando sentimos que estamos cumpliendo una obligación.

¿Y las expectativas?

También existen las expectativas de rendimiento.

Que hay que durar.

Que hay que tener ganas.

Que hay que llegar al orgasmo.

Que hay que sorprender.

Que hay que probar cosas nuevas.

Que siempre hay que estar dispuesto.

Y cuando convertimos el sexo en una evaluación, aparece algo que tiene muy poco de erótico:

la presión.

El encuentro deja de ser un espacio para sentir y se convierte en un examen.

Quizás no te falta deseo

Quizás estás cansado de tener que demostrarlo.

Esta diferencia es enorme.

A veces alguien piensa:

“Tengo un problema porque no tengo ganas de sexo tan seguido.”

Pero cuando empezamos a quitar presión, aparecen otras preguntas:

¿Realmente no tengo deseo?

¿O estoy agotado?

¿Estoy disfrutando?

¿Me siento cómodo?

¿Puedo decir que no?

¿Puedo decir que sí sin sentir que tengo que cumplir?

¿Tengo espacio para descubrir qué me gusta realmente?

Tu sexualidad no tiene que parecerse a la de nadie

No tiene que parecerse a la de tus amigos.

Ni a la de las películas.

Ni a la de las redes sociales.

Ni siquiera a la de tu pareja.

Una pareja puede tener diferentes niveles de deseo y seguir construyendo una vida íntima satisfactoria.

Lo importante es poder hablarlo.

Sin competir.
Sin compararse.
Sin presionarse.

Y acá viene la pregunta incómoda

Tal vez llevás años intentando ser sexualmente “normal”.

Pero…

¿quién decidió qué significa normal?

Quizás tu sexualidad no necesita parecerse a un modelo.

Quizás necesita parecerse más a vos.

Con tus tiempos.

Tus límites.

Tus deseos.

Tus curiosidades.

Y también tus momentos de poco deseo.

La verdadera libertad sexual

No consiste en hacer todo.

Consiste en poder elegir.

Poder decir porque realmente querés.

Poder decir no sin culpa.

Poder cambiar de opinión.

Poder hablar de lo que te gusta.

Poder descubrir que algo que antes te interesaba ya no te interesa.

Y también poder reconocer que algo te da curiosidad aunque todavía no sepas si querés llevarlo a la realidad.

Eso también es libertad sexual.

El consejo de la Doctora Lust

Antes de preguntarte si tu vida sexual es “normal”, hacete una pregunta mucho más importante:

“¿Es realmente la vida sexual que yo quiero?”

Porque quizás no necesitás tener más sexo.

Quizás necesitás menos presión.

Quizás no necesitás probar más cosas.

Quizás necesitás descubrir qué cosas realmente te gustan.

Y quizás el cambio más importante no sea hacer algo nuevo.

Sea empezar a elegir.

Hasta el próximo consejo,

 

La Doctora Lust
Especialista en bienestar íntimo.