Rumbo a Playa
La idea apareció durante el desayuno.
Sin demasiadas explicaciones.
Sin demasiada planificación.
Camila estaba tomando café cuando miró a Diego por encima de la taza.
—Quiero conocer Playa del Carmen.
Diego levantó la vista.
—¿Hoy?
—Hoy.
—¿Y qué hacemos con Cancún?
—Volvemos.
Diego sonrió.
—Me parece que nuestras vacaciones están empezando a improvisarse bastante.
Camila dejó la taza sobre la mesa.
—¿No era eso lo que queríamos?
Él la miró unos segundos.
—Tenés razón.
Una hora después estaban preparando una pequeña mochila.
El viaje
El trayecto hacia Playa del Carmen transcurrió entre conversaciones y silencios.
Camila miraba por la ventana.
El paisaje iba cambiando lentamente.
—¿Sabés qué quiero hacer cuando lleguemos?
—No.
—Caminar.
—¿Solamente caminar?
—Sí.
—¿Sin plan?
—Sin plan.
Diego sonrió.
—Definitivamente estas vacaciones te cambiaron.
Camila lo miró.
—Todavía no sabés cuánto.
Primera impresión
Cuando llegaron a Playa del Carmen, Camila sintió inmediatamente que el lugar tenía otra energía.
Había movimiento.
Mucha gente.
Música.
Palmeras.
Restaurantes.
Tiendas.
Vendedores ambulantes.
Y una calle que parecía concentrar buena parte de todo aquello.
La Quinta Avenida.
Camila se quedó mirando.
—Ahora entiendo.
—¿Qué entendés?
—Por qué todos hablan de este lugar.
Diego miró alrededor.
—¿Y?
—Quiero recorrerla completa.
—Eso puede llevarnos todo el día.
Camila sonrió.
—Perfecto.
La Quinta Avenida
Caminaron sin apuro.
Pasaron frente a restaurantes donde el olor de la comida salía hasta la calle.
Tacos.
Carne.
Especias.
Café.
Dulces.
Camila se detenía cada pocos metros.
Un vendedor les ofrecía artesanías.
Otro intentaba mostrarles recuerdos.
Una pareja discutía dónde cenar.
Un músico tocaba en una esquina.
La ciudad parecía tener su propio ritmo.
—Me gusta —dijo Diego.
—¿Qué cosa?
—Que acá nadie parece estar apurado.
Camila sonrió.
—Otra vez eso.
—¿Qué?
—Siempre decís lo mismo.
—Porque es verdad.
Calle 10
Llegaron hasta la Calle 10.
Camila miró hacia ambos lados.
—¿Seguimos?
—Obviamente.
Doblaron.
El ambiente cambió ligeramente.
Había bares, restaurantes y gente entrando y saliendo.
Camila se detuvo frente a un local.
Diego la miró.
—¿Otra vez?
Ella sonrió.
—No dije nada.
—No hace falta.
Camila continuó caminando.
—Hoy no.
—¿Hoy no qué?
Ella lo miró.
—Nada.
Y siguió adelante.
Algo familiar
Unos minutos después, Camila se detuvo frente a un restaurante.
Había una pareja sentada cerca de la entrada.
Una mujer con una capelina y un vestido blanco.
Un hombre con una musculosa verde y anteojos oscuros.
Camila los miró apenas un segundo.
Después siguió caminando.
—¿Qué pasó? —preguntó Diego.
—Nada.
—¿Viste algo?
—No.
Diego sonrió.
—Últimamente decís mucho “nada”.
Camila se rio.
—Quizás estoy aprendiendo de vos.
No volvieron a pensar en aquella pareja.
Todavía.
Playa Mamitas
Por la tarde caminaron hacia Playa Mamitas.
El calor había aumentado.
Camila dejó sus cosas y se sentó junto a Diego.
Miró el mar.
Después lo miró a él.
—¿Te acordás de nuestra conversación?
—¿Cuál de todas?
—La de las miradas.
Diego sonrió.
—Sí.
Camila miró alrededor.
—Creo que Playa del Carmen tiene algo distinto.
—¿Qué?
—No sé.
Hizo una pausa.
—Acá siento que todo puede pasar.
Diego no respondió.
Simplemente tomó su mano.
El regreso
Cuando empezó a caer la tarde, decidieron volver hacia la zona de la Quinta Avenida.
Camila llevaba su bolso sobre el hombro.
Diego caminaba junto a ella.
Las primeras luces comenzaban a encenderse.
Los vendedores seguían trabajando.
Los restaurantes empezaban a llenarse.
La música aumentaba.
Y mientras caminaban, Camila volvió a mirar hacia atrás.
No buscaba nada en particular.
Pero durante un instante creyó reconocer a la mujer de la capelina.
La vio de lejos.
Esta vez estaba junto al mismo hombre.
Camila se quedó quieta.
—¿Qué pasa? —preguntó Diego.
Ella sonrió.
—Nada.
Y siguió caminando.
Ya de regreso en Cancún, Camila abrió la puerta del balcón.
El aire caliente entró nuevamente en la habitación.
Diego dejó las llaves sobre la mesa.
—¿Te gustó Playa?
Camila sonrió.
—Muchísimo.
—¿Volvemos?
Ella lo miró.
—Creo que sí.
Después agregó:
—Hay algo que quiero descubrir.
Diego levantó una ceja.
—¿Qué?
Camila se acercó al balcón.
—Todavía no sé.
Miró hacia las luces de Cancún.
Y sonrió.
Porque, sin saberlo, acababan de cruzarse por primera vez con otra historia.
Continuará…
Capítulo 9 — Una decisión
Camila empieza a preguntarse si aquello que descubrieron en Cancún podría llevarlos un poco más lejos.
WHAT HAPPENS IN PLAYA… QUEDA EN PLAYA
Una historia de Désirée


