BLOG 4 — SIGMUND FREUD
Ello, Yo y Superyó: la batalla que llevamos dentro
¿Alguna vez quisiste hacer algo y, al mismo tiempo, una parte de vos decía que no?
Una parte quería dejarse llevar.
Otra empezaba a pensar en las consecuencias.
Y una tercera aparecía inmediatamente para decirte:
“Eso no deberías hacerlo.”
Para Freud, nuestra mente no funciona como una sola voz.
En nuestro mundo interno existen diferentes fuerzas que entran en conflicto, negocian y se enfrentan constantemente.
Freud las describió como el Ello, el Yo y el Superyó.
Y cuando hablamos de deseo, esta teoría se vuelve especialmente interesante.
El Ello: “Lo quiero”
El Ello representa la parte más impulsiva de nuestra vida psíquica.
No se preocupa demasiado por las consecuencias.
Busca satisfacción.
Placer.
Descarga.
Y quiere conseguirlo de la manera más inmediata posible.
Es esa voz interna que puede decir:
“Lo quiero.”
Sin demasiadas explicaciones.
En el terreno sexual puede aparecer como atracción, excitación, curiosidad o fantasía.
No pregunta si es conveniente.
No revisa la agenda.
No consulta las normas sociales.
Simplemente desea.
El Superyó: “No deberías”
Y entonces aparece el otro extremo.
El Superyó está relacionado con las normas, los valores, las prohibiciones y los ideales que vamos incorporando a lo largo de nuestra vida.
Es la voz que evalúa.
La que juzga.
La que compara lo que hacemos con aquello que creemos que deberíamos hacer.
En nuestra sexualidad puede aparecer de muchas formas:
“Eso no está bien.”
“Una persona como yo no debería desear eso.”
“¿Qué van a pensar?”
“¿Está mal tener esta fantasía?”
“Debería sentir otra cosa.”
Y acá puede aparecer un problema bastante común:
confundir una norma aprendida con una verdad sobre nosotros mismos.
Y en el medio está el Yo
Entre esas dos fuerzas aparece el Yo.
Su tarea es intentar encontrar un equilibrio entre nuestros deseos, nuestras normas internas y las condiciones de la realidad.
El Yo mira el panorama completo.
Puede decir:
“Sí, lo deseo… pero ¿qué quiero hacer realmente con ese deseo?”
Y esa pregunta cambia todo.
Porque sentir algo no significa necesariamente actuarlo.
Podemos sentir atracción y decidir no avanzar.
Podemos tener una fantasía y mantenerla en nuestra imaginación.
Podemos querer experimentar algo y esperar hasta sentirnos preparados.
El Yo intenta encontrar una forma de satisfacer nuestras necesidades sin ignorar la realidad.
¿Y qué tiene que ver esto con nuestra sexualidad?
Muchísimo.
Imaginemos una situación sencilla.
Te atrae alguien.
El Ello dice:
“Acercate.”
El Superyó responde:
“No deberías.”
Y el Yo pregunta:
“¿Qué quiero realmente y qué consecuencias tendría hacerlo?”
En apenas unos segundos podemos experimentar deseo, culpa, excitación, miedo, curiosidad y dudas.
Todo al mismo tiempo.
Y no necesariamente porque haya algo mal en nosotros.
Es el conflicto interno haciendo su trabajo.
Cuando el Superyó toma demasiado espacio
El problema aparece cuando la voz que juzga se vuelve demasiado fuerte.
Si durante años aprendimos que hablar de sexualidad era vergonzoso, que ciertas fantasías eran “malas” o que expresar deseo era algo inapropiado, podemos terminar sintiendo culpa incluso frente a deseos completamente normales.
Y entonces dejamos de preguntarnos:
“¿Qué quiero?”
para empezar a preguntarnos:
“¿Qué debería querer?”
Son preguntas muy diferentes.
Pero tampoco se trata de darle el control absoluto al Ello
La libertad sexual tampoco significa:
“Si lo deseo, tengo que hacerlo.”
No.
El deseo puede ser intenso y aun así podemos elegir.
Podemos poner límites.
Podemos considerar al otro.
Podemos cuidar un vínculo.
Podemos evaluar riesgos.
Podemos cambiar de opinión.
Y, sobre todo, podemos distinguir entre fantasía, deseo y conducta.
No son lo mismo.
Una fantasía puede excitarnos sin que queramos realizarla.
Un deseo puede existir sin convertirse en una decisión.
Y una decisión siempre debería incluir conciencia y consentimiento.
La culpa también puede enseñarnos algo
Cuando aparece culpa alrededor de nuestra sexualidad, puede ser interesante preguntarnos de dónde viene.
¿Realmente hice algo que contradice mis valores?
¿O simplemente aprendí que desear determinadas cosas estaba mal?
¿Estoy respetando mis propios límites?
¿O estoy obedeciendo una regla que nunca cuestioné?
No toda culpa significa que hicimos algo incorrecto.
A veces significa que nuestros deseos y nuestras creencias aprendidas están chocando.
La verdadera libertad está en poder elegir
Quizás el objetivo no sea silenciar al Ello.
Ni eliminar al Superyó.
Ni hacer que el Yo tenga siempre la razón.
Quizás sea aprender a escuchar las tres voces y decidir desde un lugar más consciente.
Reconocer el deseo.
Cuestionar las prohibiciones.
Evaluar la realidad.
Y finalmente elegir.
Porque una sexualidad más libre no consiste en hacer todo lo que queremos.
Consiste en poder decir:
“Sé lo que deseo.
Sé lo que pienso.
Sé cuáles son mis límites.
Y elijo qué hacer con todo eso.”
🖤 La pregunta de Doctora Lust
Cuando aparece un deseo que te incomoda…
¿realmente no lo querés?
¿O hay una parte de vos que aprendió que no deberías quererlo?
Tal vez conocerte sexualmente también implique descubrir quién está hablando dentro de tu cabeza.
Porque a veces no necesitamos menos deseo.
Necesitamos menos juicio sobre lo que sentimos y más conciencia sobre lo que elegimos.


