Género, orientación sexual e identidad: ¿de qué hablamos cuando hablamos de sexualidad?
Sexualidad ayer, hoy y todo lo que cambió — Artículo 7
Hay palabras que hace algunas décadas prácticamente no formaban parte de las conversaciones cotidianas.
Hoy aparecen en las redes sociales, en las escuelas, en los medios, en las familias y también en las consultas relacionadas con sexualidad.
Género. Orientación sexual. Identidad. Expresión de género.
Pero que utilicemos más palabras no significa necesariamente que siempre sepamos qué significan.
Y ahí aparece una de las confusiones más frecuentes:
género, orientación sexual e identidad no son lo mismo.
Entender la diferencia permite hablar de sexualidad con mayor precisión y también evitar interpretaciones equivocadas.
Empecemos por lo más sencillo: no todo habla de lo mismo
Cuando hablamos de sexualidad, podemos estar hablando de diferentes dimensiones de una persona.
Una tiene que ver con quién soy.
Otra, con quién me atrae.
Otra, con cómo expreso mi género.
Y otra, con las características sexuales de mi cuerpo.
Pueden relacionarse, pero no son sinónimos.
Una manera sencilla de pensarlo es:
Identidad: ¿quién soy?
Orientación sexual: ¿hacia quién puedo sentir atracción?
Expresión de género: ¿cómo expreso socialmente mi género?
Características sexuales: ¿cómo son determinados aspectos biológicos de mi cuerpo?
Separar estas dimensiones ayuda a comprender por qué una no determina automáticamente a las demás.
¿Qué es la identidad de género?
La identidad de género se refiere a la vivencia interna que una persona tiene respecto de su propio género.
Una persona puede identificarse como mujer, hombre, como una combinación de géneros, como ninguno o de otras maneras.
Para algunas personas, su identidad de género coincide con el sexo que se les asignó al nacer.
Para otras, no.
Lo importante es comprender que identidad de género y orientación sexual responden a preguntas diferentes.
Una habla de la identidad de la persona.
La otra, de sus posibles atracciones.
¿Qué es la orientación sexual?
La orientación sexual se relaciona con los patrones de atracción que una persona puede experimentar hacia otras personas.
Puede incluir atracción heterosexual, homosexual, bisexual, entre otras posibilidades, y también existen personas que experimentan poca o ninguna atracción sexual.
No es una decisión que alguien toma simplemente porque un día se despierta y elige sentir determinada atracción.
Tampoco existe una única edad en la que todas las personas descubren su orientación.
Como vimos en el artículo anterior de esta saga, cada persona puede comprenderla en momentos diferentes.
¿Y el género?
La palabra “género” puede resultar más difícil porque tiene diferentes usos según el contexto.
En términos generales, hablamos de género para referirnos a aspectos relacionados con los roles, comportamientos, expectativas y significados que las sociedades construyen alrededor de las personas en función del género.
Esos significados no son idénticos en todas las culturas ni permanecen iguales a lo largo del tiempo.
Lo que una sociedad considera “masculino” o “femenino” puede cambiar considerablemente entre generaciones.
Y justamente ahí aparece uno de los temas centrales de esta saga:
la sexualidad también está atravesada por la época en la que vivimos.
¿Qué es la expresión de género?
La expresión de género es la manera en que una persona puede manifestar socialmente aspectos de su género.
Puede expresarse a través de la ropa, el peinado, la forma de hablar, los gestos o determinados comportamientos.
Pero hay algo importante:
la expresión de género no determina la orientación sexual.
Una mujer puede vestirse de una manera considerada tradicionalmente masculina y ser heterosexual.
Un hombre puede tener una expresión considerada femenina y ser heterosexual.
Una persona puede expresar su género de múltiples maneras independientemente de quién le atraiga.
Los estereotipos no permiten determinar la orientación sexual de alguien.
Entonces, ¿sexo, género y sexualidad son lo mismo?
No.
Aunque están relacionados, son conceptos diferentes.
El sexo puede referirse a características biológicas, anatómicas, cromosómicas y fisiológicas.
El género involucra dimensiones sociales y culturales relacionadas con las categorías y roles de género.
La orientación sexual se refiere a la atracción.
La identidad de género se relaciona con cómo una persona vive e identifica su propio género.
Y la sexualidad es un concepto mucho más amplio que puede incluir cuerpo, afectividad, vínculos, intimidad, deseo, identidad y otros aspectos de la experiencia humana.
Por eso, intentar explicar toda la sexualidad utilizando una sola palabra puede generar confusión.
¿Por qué hoy usamos tantas palabras?
Porque también aumentó nuestra capacidad para diferenciar experiencias.
Durante mucho tiempo, muchas personas tuvieron que describir lo que sentían utilizando categorías muy limitadas.
Si algo no encajaba dentro de esas categorías, podía ser difícil incluso encontrar una manera de explicarlo.
Hoy existe un vocabulario más amplio.
Eso no significa que todas las personas tengan que utilizar todas esas palabras.
Significa que tener más conceptos disponibles puede ayudar a algunas personas a describir mejor su experiencia.
Las palabras pueden funcionar como herramientas.
No como obligaciones.
¿Las etiquetas son necesarias?
No necesariamente.
Para algunas personas, encontrar una palabra que describa lo que sienten puede ser liberador.
Puede ayudarles a comprender que no están solas y que otras personas tienen experiencias similares.
Para otras, ninguna etiqueta termina de representar exactamente cómo se sienten.
Ambas experiencias son válidas.
Una identidad no debería convertirse en un formulario que una persona tiene que completar.
Las etiquetas pueden ayudar a describir. No deberían obligar a encajar.
¿Y qué pasa con los chicos y adolescentes?
Esta es una de las cuestiones que más dudas genera en las familias.
Durante la infancia y la adolescencia pueden aparecer preguntas relacionadas con el género, el cuerpo, la atracción y la identidad.
Explorar esas preguntas no significa necesariamente que una persona tenga que tomar una decisión definitiva.
La adolescencia es, entre otras cosas, una etapa de descubrimiento.
Por eso, ante las dudas de un adolescente, quizás sea más útil acompañar que presionar.
Preguntar:
“¿Cómo te sentís?”
puede ser mucho más productivo que:
“¿Entonces qué sos?”
Lo que cambió respecto de otras generaciones
Nuestros padres y abuelos también tuvieron identidad, género y orientación sexual.
Lo que cambió fue, en buena medida, el lenguaje disponible para hablar de estas experiencias.
Algunas personas pasaron gran parte de su vida sin conocer determinadas palabras que hoy son habituales.
Otras sintieron cosas que nunca pudieron explicar.
Y algunas simplemente aprendieron a guardar silencio.
Hoy tenemos más posibilidades de hablar.
Eso no significa que todas las respuestas sean sencillas.
Significa que existen más herramientas para formular preguntas.
Más palabras también significan más responsabilidad
Tener un vocabulario más amplio puede ayudarnos a comprender mejor.
Pero también puede generar confusión cuando utilizamos términos sin saber exactamente qué significan.
Por eso, antes de etiquetar a otra persona, es importante escuchar cómo se define ella misma.
No necesitamos adivinar la identidad de alguien por su aspecto, su ropa, su pareja o sus comportamientos.
La persona es quien mejor puede explicar cómo se identifica.
Y respetar esa definición forma parte de una conversación saludable sobre sexualidad.
Sexualidad ayer, hoy y todo lo que cambió
Hace algunas décadas, muchas de estas palabras prácticamente no aparecían en las conversaciones familiares.
Hoy forman parte del lenguaje cotidiano.
Pero quizás el verdadero cambio no sea solamente que tenemos más términos.
Es que ahora podemos hacer preguntas que antes ni siquiera sabíamos cómo formular.
¿Quién soy?
¿A quién me atrae?
¿Cómo quiero expresarme?
¿Cómo quiero que me reconozcan?
Son preguntas diferentes.
Y comprender que son diferentes también nos ayuda a entender mejor la sexualidad.
Porque cuando hablamos de sexualidad, no estamos hablando de una sola cosa: estamos hablando de muchas dimensiones de quiénes somos, cómo nos vinculamos y cómo vivimos nuestra propia experiencia.


