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Capítulo 2 — El calor

Capítulo 2 — El calor

La noche había caído sobre Playa del Carmen, pero el calor no tenía ninguna intención de irse.

Eran los primeros días de agosto y el aire seguía pesado, húmedo, tibio.

Valentina se miró frente al espejo antes de salir.

Había elegido nuevamente su vestido blanco de verano.

La capelina descansaba sobre la cama.

Tomás apareció detrás de ella con su musculosa verde y los anteojos oscuros todavía puestos.

—¿Vas a salir con los anteojos?

—Todavía no terminó el día.

—Son las nueve de la noche.

—Bueno… Playa del Carmen no parece estar enterada.

Valentina se rio.

Agarró la capelina.

Y salieron.


Quinta Avenida de noche

La Quinta Avenida era otra ciudad después de las nueve.

Las luces de los restaurantes iluminaban las veredas.

La música aparecía desde diferentes lugares y se mezclaba en el aire.

Había turistas caminando lentamente, parejas buscando dónde cenar, vendedores ambulantes ofreciendo recuerdos y artesanías, gente entrando y saliendo de bares.

Y comida.

Mucha comida.

Aromas de tacos, carne a la parrilla, especias, café, cerveza y platos que Valentina no podía identificar.

—¿No teníamos hambre? —preguntó Tomás.

—Hace cinco minutos.

—¿Y ahora?

Valentina miró hacia un restaurante.

—Ahora también.

Siguieron caminando.

La noche parecía recién empezar.


El calor

Después de varias cuadras, Valentina empezó a sentirse incómoda.

Se acomodó el vestido.

—Hace muchísimo calor.

Tomás la miró.

—Te dije.

—No me sirve que me digas “te dije”.

—Era información.

—Bueno, gracias por la información.

Ella se rio y continuaron.

Al llegar cerca de la Calle 10, Valentina se detuvo.

Miró a Tomás.

—Esperame un segundo.

Entró en un pequeño local.

Cuando salió, llevaba el vestido nuevamente acomodado, pero se la veía mucho más relajada.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—Valentina…

Ella sonrió.

—Me saqué el corpiño.

Tomás se quedó mirándola.

—¿Acá?

—Debajo del vestido.

—Ah.

—Hace demasiado calor.

Tomás negó con la cabeza y sonrió.

—Vos estás loca.

—Puede ser.

Y siguieron caminando.


Una pequeña diferencia

Al principio, Valentina caminaba como siempre.

Después empezó a notar algo.

Una mirada.

Un hombre que pasó junto a ellos.

Una mujer que miró durante un segundo más de lo habitual.

Una pareja que conversaba mientras caminaba.

Nada extraordinario.

Nada que pudiera señalarse.

Pero Valentina lo percibía.

Y lo curioso era que no le molestaba.

Al contrario.

Le producía una pequeña sensación de adrenalina.

Tomás también comenzó a darse cuenta.

No dijo nada.

Ella tampoco.

Pero después de unos metros, Valentina preguntó:

—¿Te diste cuenta?

—¿De qué?

—De las miradas.

Tomás tardó un segundo.

—Sí.

—¿Y?

—Nada.

Ella lo miró de reojo.

—¿Nada?

—Bueno… algunas.

Valentina sonrió.

—¿Te molesta?

Tomás siguió caminando.

—No.

Silencio.

—¿Seguro?

—Sí.

Valentina bajó la mirada y sonrió.

Por primera vez durante aquel viaje, aquella situación dejó de parecer una casualidad.

Se había convertido en algo que ambos estaban observando.


Calle 2

Más tarde continuaron hacia la Calle 2.

El ambiente era diferente.

Más nocturno.

Más desordenado.

Más callejero.

Entre locales, bares y movimiento, Valentina vio algunos negocios que le llamaron la atención.

Se detuvo frente a uno.

Tomás siguió unos pasos y después regresó.

—¿Qué mirás?

—Nada.

—Otra vez “nada”.

Ella señaló discretamente el local.

—Mirá.

Tomás observó el escaparate y soltó una carcajada.

—Bueno… definitivamente Playa del Carmen nos está queriendo decir algo.

Valentina también se rio.

—Quizás.

Y siguieron caminando.

No compraron nada.

No necesitaban hacerlo.

A veces alcanza con que una idea aparezca.


De regreso

Ya de vuelta por la Quinta Avenida, Valentina caminaba más despacio.

La capelina había quedado guardada en el bolso.

El vestido blanco se movía suavemente con cada paso.

Tomás caminaba a su lado.

Ella volvió a sentir una mirada.

Esta vez no apartó los ojos inmediatamente.

Miró a la persona.

Después miró a Tomás.

Y sonrió.

Él entendió.

No preguntó nada.

Simplemente tomó su mano.

Siguieron caminando.

La noche continuó alrededor de ellos.

Y, sin que ninguno pudiera explicarlo todavía, algo había cambiado.

No habían hecho nada extraordinario.

Pero habían descubierto un juego.

Uno que todavía no sabían cómo jugar.


Continuará…

Capítulo 3 — La mirada

Hay una diferencia entre saber que alguien te mira y empezar a preguntarte qué siente tu pareja cuando lo ve.

 

WHAT HAPPENS IN PLAYA… QUEDA EN PLAYA
Una historia de Désirée