Sexualidad a los 20, 40 y 60: ¿qué cambia?
Sexualidad ayer, hoy y todo lo que cambió — Artículo 8
¿La sexualidad cambia con la edad?
Sí.
Pero quizás no de la manera que muchas veces imaginamos.
Durante años asociamos la sexualidad principalmente con la juventud. Como si el deseo tuviera una especie de fecha de vencimiento y la vida sexual tuviera su mejor momento en determinadas décadas.
La realidad es bastante más interesante.
La sexualidad puede cambiar a los 20, a los 40, a los 60 y también después.
Cambian el cuerpo, las experiencias, las prioridades, los vínculos y la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos.
Pero cambiar no significa necesariamente perder.
A los 20: descubrir, experimentar y conocerse
Los 20 suelen estar asociados con el descubrimiento.
Para muchas personas es una etapa de primeras experiencias, exploración de la sexualidad, construcción de vínculos y mayor conocimiento del propio cuerpo.
También puede existir una fuerte presión social.
Cómo debería verse el cuerpo.
Cuánto sexo habría que tener.
Cuántas parejas sería “normal” tener.
Qué experiencias deberíamos haber vivido.
Las redes sociales pueden intensificar todavía más esas comparaciones.
Pero no existe una sexualidad correcta a los 20.
Hay personas que tienen muchas experiencias y otras que tienen pocas.
Algunas están en pareja.
Otras no.
Algunas descubren rápidamente qué les gusta y otras necesitan más tiempo.
La edad no determina la experiencia sexual.
A los 40: cambia el contexto
Llegar a los 40 no significa que la sexualidad desaparezca ni que necesariamente se vuelva menos intensa.
Para muchas personas puede ocurrir exactamente lo contrario: existe un mayor conocimiento del propio cuerpo, de los gustos y de los límites.
Ya no necesariamente se busca demostrar algo.
Puede haber menos necesidad de cumplir expectativas ajenas y más interés por disfrutar de una experiencia que realmente resulte satisfactoria.
Pero también aparecen nuevas circunstancias.
Trabajo.
Familia.
Crianza.
Estrés.
Cambios corporales.
Relaciones de larga duración.
Separaciones.
Nuevas parejas.
Todo eso puede modificar la manera en que vivimos nuestra sexualidad.
Y acá aparece una idea importante:
el deseo no existe separado de nuestra vida cotidiana.
A los 60: otra etapa, no el final
Quizás sea la etapa que más prejuicios acumula.
Todavía existe una idea bastante instalada de que después de determinada edad las personas dejan de tener deseo o interés sexual.
Pero cumplir años no elimina automáticamente la sexualidad.
Las personas pueden seguir sintiendo deseo, atracción, intimidad y placer durante toda la vida.
Lo que puede cambiar es la manera de vivirlos.
El cuerpo puede necesitar más tiempo de respuesta.
Pueden aparecer cambios hormonales.
Pueden modificarse determinadas funciones sexuales.
Puede ser necesario adaptar ritmos o formas de intimidad.
Pero adaptar no significa renunciar.
Significa encontrar nuevas maneras de vivir la sexualidad.
El deseo no funciona como un reloj
Una de las ideas más persistentes es que existe una curva universal del deseo:
mucho deseo en la juventud, menos deseo con los años y finalmente nada.
Pero las personas no funcionan todas igual.
Hay quienes tienen un deseo sexual muy intenso a los 20.
Otros lo descubren con mayor claridad a los 40.
Otros encuentran una sexualidad más plena después de los 60.
También existen personas que atraviesan períodos de poco o ningún deseo.
No hay una única experiencia.
La edad puede influir, pero no explica por sí sola nuestra sexualidad.
El cuerpo cambia, pero el placer también puede cambiar con él
Envejecer implica cambios físicos.
Eso es parte natural de la vida.
Pero nuestra relación con el cuerpo también puede transformarse.
A los 20 podemos preocuparnos mucho por cómo nos vemos.
A los 40 podemos comenzar a relacionarnos de otra manera con nuestra imagen.
A los 60 quizás tengamos una relación completamente diferente con aquello que consideramos atractivo.
Y esto puede tener un efecto interesante:
el placer no depende exclusivamente de tener el mismo cuerpo que teníamos a los 20.
La intimidad también puede construirse desde el conocimiento, la confianza, la comunicación y la aceptación del propio cuerpo.
Las relaciones también cambian
No vivimos la sexualidad de la misma manera cuando estamos comenzando nuestras primeras relaciones que cuando llevamos décadas construyendo vínculos.
A los 20 quizás estamos descubriendo qué buscamos en otra persona.
A los 40 podemos tener más claro qué queremos y qué no estamos dispuestos a aceptar.
A los 60 podemos valorar aspectos de la intimidad que antes no ocupaban el mismo lugar.
No existe una fórmula.
Pero sí aparece una constante:
la sexualidad está profundamente relacionada con nuestra historia personal.
Cada experiencia deja algo.
Cada vínculo puede enseñarnos algo.
Y cada etapa puede abrir posibilidades diferentes.
¿Tenemos menos deseo o simplemente tenemos menos tiempo?
Esta es una pregunta que vale la pena hacerse.
A veces interpretamos una disminución del interés sexual como un problema individual cuando puede existir algo mucho más cotidiano detrás.
Estrés.
Falta de descanso.
Preocupaciones económicas.
Crianza.
Problemas de pareja.
Cambios laborales.
Falta de privacidad.
Todo eso puede afectar el deseo.
Por eso, cuando la sexualidad cambia, no siempre hay que mirar exclusivamente al cuerpo.
También hay que mirar la vida.
La comparación entre generaciones
Nuestros padres podían vivir los 40 de una manera muy diferente a como los vivimos nosotros.
Y nuestros hijos probablemente vivirán los 40 de una manera distinta todavía.
Hoy existe mayor expectativa de mantenerse activo, saludable, atractivo y sexualmente pleno durante más años.
Eso puede ser positivo, porque rompe con la idea de que la sexualidad pertenece exclusivamente a los jóvenes.
Pero también puede generar una nueva presión:
sentir que tenemos que seguir siendo jóvenes para seguir siendo deseables.
Y quizás ahí haya otra idea que necesitamos revisar.
No necesitamos permanecer jóvenes para tener una vida sexual satisfactoria.
Necesitamos poder adaptarnos a nuestra propia etapa de vida.
No hay una edad para dejar de ser sexual
Quizás este sea uno de los mayores cambios culturales.
Durante mucho tiempo, la sexualidad de las personas mayores permaneció prácticamente invisible.
Hoy empezamos a hablar más de ella.
Y eso también implica reconocer algo sencillo:
Las personas mayores siguen teniendo cuerpos.
Siguen teniendo emociones.
Pueden enamorarse.
Pueden sentir deseo.
Pueden buscar intimidad.
Pueden comenzar nuevas relaciones.
Pueden disfrutar.
La edad no elimina la sexualidad.
Entonces, ¿qué cambia realmente?
Cambian muchas cosas.
El cuerpo.
Las hormonas.
Las experiencias.
Los vínculos.
Las prioridades.
La percepción de nosotros mismos.
La manera de relacionarnos.
Pero no existe una regla que diga que la sexualidad tiene que ser mejor a los 20, diferente a los 40 o inexistente a los 60.
Cada etapa tiene sus propias posibilidades.
Y también sus propios desafíos.
Sexualidad ayer, hoy y todo lo que cambió
Quizás una de las mayores transformaciones de nuestra época sea empezar a entender que la sexualidad no pertenece a una edad determinada.
A los 20 podemos descubrir.
A los 40 podemos redefinir.
A los 60 podemos volver a descubrir.
Y después también.
Porque la sexualidad no es una etapa que atravesamos y dejamos atrás.
Es una dimensión de la vida que puede transformarse con nosotros.
Y tal vez la pregunta no sea:
“¿Hasta qué edad podemos disfrutar de nuestra sexualidad?”
Sino:
“¿Cuántas formas diferentes de vivirla todavía nos quedan por descubrir?”


