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Sexualidad después de los 40: lo que cambia después de nuestra juventud

Sexualidad después de los 40: lo que cambia después de nuestra juventud

Sexualidad ayer, hoy y todo lo que cambió — Artículo 9

Durante mucho tiempo se habló de los 40 como si fueran una frontera.

Antes: juventud.

Después: madurez.

Y en esa división muchas veces quedó instalada otra idea: que la sexualidad pertenece principalmente a los primeros años de la adultez.

Pero llegar a los 40 no significa dejar atrás el deseo, el placer o la intimidad.

Lo que puede ocurrir es algo mucho más interesante:

la sexualidad cambia porque nosotros también cambiamos.

El cuerpo ya no es exactamente el mismo

A partir de los 40 pueden aparecer transformaciones físicas y hormonales que influyen, en algunas personas, en la respuesta sexual.

Pero no existe un único cambio ni ocurre exactamente a la misma edad para todos.

En las mujeres, la transición hacia la menopausia puede producir modificaciones hormonales que en algunas personas afectan la lubricación, el deseo o la respuesta sexual.

En los hombres también pueden producirse cambios progresivos relacionados con las hormonas, la respuesta eréctil y el tiempo necesario para alcanzar la excitación.

Pero hay algo importante:

cumplir 40 no provoca automáticamente un problema sexual.

La edad es solamente uno de los factores que pueden influir.

El deseo no desaparece: puede transformarse

Muchas personas esperan que el deseo sexual se mantenga exactamente igual durante toda la vida.

Pero el deseo no es una constante.

Puede cambiar con el estrés, el descanso, las hormonas, los medicamentos, el estado emocional, la relación de pareja y las circunstancias de vida.

A los 20 quizás aparecía espontáneamente y con mucha frecuencia.

Después de los 40 puede necesitar otros estímulos.

Puede estar más relacionado con la conexión emocional, el tiempo disponible, la intimidad o simplemente con sentirse bien.

Eso no significa necesariamente que haya menos deseo.

Puede significar que el deseo funciona de otra manera.

Después de los 40 también conocemos mejor nuestro cuerpo

Hay una ventaja que suele quedar fuera de estas conversaciones.

La experiencia.

Con los años podemos conocer mejor qué nos gusta, qué no, qué nos genera placer y cuáles son nuestros límites.

También podemos aprender a comunicarlo mejor.

Quizás a los 20 existía más preocupación por “hacerlo bien”.

Después de los 40 puede aparecer otra prioridad:

sentirse bien.

Y ese cambio puede modificar profundamente la experiencia sexual.

Menos presión, más conocimiento

La juventud suele venir acompañada de muchas expectativas.

Tenemos que gustar.

Tenemos que rendir.

Tenemos que tener deseo.

Tenemos que experimentar.

Tenemos que responder de determinada manera.

Con el tiempo, algunas personas empiezan a desprenderse de esas exigencias.

Y eso puede generar una sexualidad más consciente.

No necesariamente más frecuente.

No necesariamente más intensa.

Pero sí, para algunas personas, más propia.

Las relaciones también atraviesan cambios

Después de los 40, la vida afectiva puede encontrarse en situaciones muy diferentes.

Algunas personas llevan muchos años en pareja.

Otras atraviesan una separación.

Algunas empiezan una nueva relación.

Otras disfrutan de su vida sin pareja.

También puede existir crianza, trabajo, responsabilidades familiares o padres que necesitan cuidados.

Todo eso puede influir en la intimidad.

Por eso, cuando cambia la sexualidad, no siempre debemos preguntarnos solamente:

“¿Qué me pasa?”

También podemos preguntarnos:

“¿Qué está pasando en mi vida?”

El estrés puede tener más protagonismo del que imaginamos

La vida adulta puede venir acompañada de muchas responsabilidades.

Trabajo.

Familia.

Dinero.

Crianza.

Problemas cotidianos.

Falta de descanso.

Cuando la cabeza está ocupada permanentemente, el deseo puede quedar en segundo plano.

Y esto puede suceder a cualquier edad.

Pero después de los 40 muchas personas descubren que la sexualidad necesita algo que antes parecía darse por sentado:

tiempo.

Tiempo para desconectarse.

Tiempo para encontrarse.

Tiempo para tener intimidad.

¿Y qué pasa con la menopausia?

La menopausia forma parte del proceso natural de envejecimiento reproductivo femenino.

La transición puede venir acompañada de cambios hormonales y síntomas que, en algunas personas, afectan la vida sexual.

Puede haber cambios en la lubricación, molestias durante las relaciones o modificaciones en el deseo.

Pero estos cambios no significan que la sexualidad haya terminado.

Existen diferentes alternativas para abordar las molestias y recuperar comodidad.

Y si una persona tiene dolor, sequedad persistente, sangrado inesperado u otros síntomas que le preocupan, es recomendable consultar con un profesional de salud.

Normalizar los cambios no significa resignarse a vivir con molestias.

¿Y en los hombres?

También pueden aparecer cambios en la respuesta sexual masculina.

La erección puede requerir más tiempo o mayor estimulación.

Puede disminuir la frecuencia de las erecciones espontáneas.

Y determinadas condiciones de salud, medicamentos o factores psicológicos pueden influir en el funcionamiento sexual.

Pero nuevamente, no todo cambio significa enfermedad.

Lo importante es observar cómo evoluciona y cuánto afecta a la persona.

Una dificultad ocasional es diferente de un problema persistente que genera malestar.

La salud sexual también es salud general

Después de los 40, esta relación puede adquirir todavía más importancia.

La sexualidad no funciona separada del resto del organismo.

El sueño, la actividad física, el consumo de alcohol, algunos medicamentos, enfermedades crónicas y la salud cardiovascular pueden influir en la función sexual.

Por eso, una modificación importante o persistente en la respuesta sexual puede ser una buena razón para conversar con un profesional.

No porque necesariamente exista un problema grave.

Sino porque la sexualidad también puede ofrecer información sobre nuestro estado general de salud.

El placer no tiene fecha de vencimiento

Quizás este sea uno de los mensajes más importantes.

Envejecer no significa automáticamente dejar de sentir placer.

Significa que el cuerpo cambia.

Y cuando el cuerpo cambia, también podemos cambiar nuestras formas de disfrutar.

Puede ser necesario más tiempo.

Más comunicación.

Más lubricación.

Nuevas posiciones.

Nuevos ritmos.

Más atención a las sensaciones.

La sexualidad adulta no tiene por qué intentar reproducir exactamente la sexualidad de los 20.

No se trata de volver atrás.

Se trata de descubrir qué funciona ahora.

Después de los 40 también podemos empezar de nuevo

Una separación.

Una nueva pareja.

Un divorcio.

Una etapa de soltería.

Una transformación personal.

Todos estos acontecimientos pueden abrir una nueva etapa sexual.

Y para algunas personas, esa etapa puede resultar incluso más libre que las anteriores.

Porque ya no están descubriendo solamente su sexualidad.

También están descubriendo qué quieren conservar y qué ya no quieren repetir.

Sexualidad ayer, hoy y todo lo que cambió

Quizás durante mucho tiempo nos hicieron creer que la juventud era el momento en que la sexualidad ocurría y que después simplemente disminuía.

Hoy podemos mirarlo de otra manera.

Después de los 40 pueden cambiar el cuerpo, el deseo, los vínculos y las prioridades.

Pero también pueden aumentar el conocimiento, la comunicación y la libertad.

La sexualidad no tiene que competir con nuestra juventud.

Tiene que acompañar nuestra vida.

Y quizás madurar sexualmente no sea tener exactamente lo mismo que teníamos a los 20.

Quizás sea algo mucho más interesante:

saber mejor quiénes somos, qué queremos y cómo queremos disfrutarlo.