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Capítulo 17 — La última noche

La última noche

El mensaje llegó poco después del mediodía.

Camila:
¿Esta noche repetimos?

Valentina respondió casi inmediatamente.

Sí.

Lucía agregó:

Pero esta vez hasta tarde.

Diego escribió:

Hecho.

Y nadie preguntó demasiado.

Los seis sabían exactamente dónde encontrarse.


El calor de agosto

La noche había comenzado especialmente calurosa.

Tulum parecía no querer bajar la temperatura.

El aire permanecía tibio.

Las calles estaban llenas de gente.

Pero ellos buscaban otra cosa.

Querían volver a aquella zona tranquila de Playa Paraíso.

Más lejos.

Donde la música apenas llegaba.

Donde las luces de los hoteles desaparecían detrás de la vegetación.

Donde el Caribe parecía ser lo único que quedaba.


Sin planes

Llegaron cuando todavía había algo de luz.

Llevaron comida, bebidas, toallas y algunas cosas para pasar la noche.

Nada más.

No habían reservado nada.

No habían armado un itinerario.

Ni siquiera habían decidido cuánto tiempo se quedarían.

—¿Y si nos quedamos hasta que salga el sol? —preguntó Camila.

Diego la miró.

—¿Eso estaba en el plan?

—No había plan.

Valentina se rio.

—Entonces perfecto.

Lucía miró hacia el mar.

—Me gusta.


Una conversación diferente

Se sentaron juntos.

El mar estaba enfrente.

La noche comenzaba lentamente.

Hablaron de todo.

De sus viajes.

De sus parejas.

De las cosas que habían descubierto durante aquellos días.

Hasta que Tomás hizo una pregunta:

—¿Ustedes creen que una pareja puede compartir una fantasía sin tener que hacerla realidad?

Silencio.

Camila fue la primera en responder.

—Claro.

Lucía asintió.

—Una fantasía también puede ser solamente una fantasía.

Valentina miró a Tomás.

—Y a veces alcanza con hablarla.

Diego sonrió.

—O imaginarla.

Nadie dijo nada durante unos segundos.

Pero todos entendieron que aquella conversación no era casual.


Lo que cada uno imaginaba

No hablaron de detalles.

No hacía falta.

Cada pareja tenía sus propios límites.

Sus propias reglas.

Su propia manera de entender la confianza.

Camila apoyó la cabeza sobre el hombro de Diego.

Lucía tomó la mano de Álvaro.

Valentina se acercó a Tomás.

Tres parejas.

Juntas.

Pero cada una seguía siendo una pareja.

Eso era importante.

La curiosidad podía compartirse.

La decisión también.

Y cualquier cosa que sucediera tenía que ser deseada por todos.


El juego de las preguntas

Camila tomó una botella de agua y la puso en el centro.

—Hagamos una última pregunta.

Tomás sonrió.

—¿Otra vez?

—Sí.

—¿Cuál?

Camila miró a los cinco.

—¿Qué sería lo más inesperado que podría pasar esta noche?

Nadie respondió inmediatamente.

Lucía fue la primera.

—Que mañana nos levantemos y todo siga exactamente igual.

Valentina sonrió.

—Eso sería bastante inesperado.

Álvaro agregó:

—O que terminemos hablando toda la noche.

Diego miró el mar.

—También puede pasar.

Camila sonrió.

—¿Y si no?

Silencio.


La noche avanza

Las horas pasaron.

El cielo se volvió completamente oscuro.

La playa estaba casi vacía.

El sonido de las olas ocupaba los espacios entre las conversaciones.

De vez en cuando alguien se levantaba y caminaba unos metros.

Después volvía.

No había prisa.

No había necesidad de decidir nada.

Hasta que Valentina se levantó.

—Voy a caminar un poco.

Tomás la siguió.

Camila y Diego se miraron.

Lucía y Álvaro también.

Y casi sin pensarlo, los seis comenzaron a caminar por la orilla.


Más allá

Dejaron atrás el lugar donde habían estado sentados.

Caminaron varios minutos.

La playa se volvió cada vez más silenciosa.

La luz de la luna apenas alcanzaba para distinguir las figuras.

Lucía miró hacia atrás.

—¿Estamos demasiado lejos?

Álvaro respondió:

—Todavía vemos las luces.

Ella sonrió.

—Entonces estamos bien.

Siguieron.


Una última pregunta

Finalmente se detuvieron.

El mar estaba delante.

La noche detrás.

Los seis quedaron juntos durante unos segundos.

Camila miró a Diego.

Después a los demás.

—¿Estamos todos cómodos?

La pregunta fue sencilla.

Pero cambió el ambiente.

Tomás tomó la mano de Valentina.

Álvaro miró a Lucía.

Todos asintieron.

No había que explicar nada más.

Porque la confianza no estaba en lo que podían hacer.

Estaba en saber que cualquiera podía decir no.

Y que ese no sería suficiente.


La noche siguió avanzando.

Las conversaciones se hicieron más bajas.

Las miradas, más largas.

Las parejas se acercaron.

El Caribe permanecía oscuro delante de ellos.

Y, durante un instante, nadie supo exactamente dónde terminaba el juego y dónde comenzaba la realidad.

Quizás esa era justamente la parte más interesante.

No saber.


Cuando finalmente regresaron hacia donde habían dejado sus cosas, ninguno habló demasiado.

No porque hubiera ocurrido algo extraordinario.

Sino porque habían entendido que ya no necesitaban explicarlo todo.

A veces una mirada era suficiente.

A veces una conversación abría una puerta.

Y algunas puertas, una vez abiertas, no necesitaban mostrar qué había detrás.

Solo dejar que cada persona imaginara.


Camila fue la última en mirar hacia el mar.

—¿Mañana nos vamos?

Diego asintió.

—Sí.

Ella sonrió.

—Qué raro.

—¿Qué?

—Que una semana pueda parecer tan larga y tan corta al mismo tiempo.

Diego la tomó de la mano.

Y los seis permanecieron unos minutos más frente al Caribe.

Sin saber que aquella sería su última noche juntos.

O quizás no.

Porque en Tulum había algo que todos habían aprendido durante esos días:

las mejores historias no siempre cuentan lo que pasó.

A veces cuentan solamente lo suficiente para que vos completes el resto.


Continuará…

Capítulo 18 — Lo que no se cuenta

Amanece en Tulum. Las tres parejas se separan, pero cada una se lleva consigo algo que nunca había imaginado encontrar.

WHAT HAPPENS IN PLAYA… QUEDA EN PLAYA
Una historia de Désirée