¿Qué pasa cuando uno quiere experimentar y el otro no?
¿Qué pasa cuando uno quiere experimentar y el otro no?
Hay una escena que se repite mucho más de lo que imaginamos.
Uno de los dos quiere probar algo diferente.
Una fantasía.
Una práctica nueva.
Un juego.
Una forma distinta de vivir la intimidad.
Y el otro responde:
“No quiero.”
Y ahí empieza el verdadero problema.
Porque muchas veces no sabemos qué hacer con un “no” cuando viene de la persona que amamos.
El deseo de uno no obliga al deseo del otro
Estar en pareja no significa tener los mismos deseos sexuales.
Podemos amar profundamente a alguien y no querer hacer determinadas cosas con esa persona.
Y esto es importante:
un límite sexual no es necesariamente un rechazo hacia tu pareja.
Que alguien no quiera experimentar algo no significa automáticamente que no te desee, que ya no te ame o que la relación esté mal.
Simplemente significa que esa persona tiene un límite.
Y los límites también forman parte de una vida sexual saludable.
Pero tampoco hay que esconder el deseo
Ahora viene la otra parte incómoda.
Que tu pareja pueda decir que no no significa que vos tengas que dejar de hablar de lo que deseás.
Callar una fantasía por miedo a ser juzgado tampoco ayuda demasiado.
Una pareja sexualmente conectada debería poder conversar sobre aquello que le genera curiosidad, incluso cuando la respuesta pueda ser:
“Eso no es para mí.”
Hablar no obliga.
Proponer no obliga.
Fantasear no obliga.
Y escuchar un deseo tampoco significa que tengas que cumplirlo.
El problema aparece cuando intentamos convencer
Hay una diferencia enorme entre:
“¿Te gustaría probar esto?”
y
“Dale, probalo por mí.”
La primera abre una conversación.
La segunda puede convertirse en presión.
Y cuando aparece la presión, el deseo empieza a desaparecer.
Porque nadie debería sentir que tiene que hacer algo sexual para demostrar cuánto ama a su pareja.
¿Y si uno quiere y el otro definitivamente no?
Entonces hay que hablar.
No desde el reproche.
No desde la amenaza.
No desde el famoso:
“Si me amaras, lo harías.”
Sino desde la curiosidad.
¿Qué significa para mí esto que quiero experimentar?
¿Por qué me interesa?
¿Qué siente mi pareja frente a esa propuesta?
¿Es un “no ahora”?
¿Es un “no estoy seguro”?
¿O es un “esto definitivamente no quiero hacerlo”?
No todas las respuestas son iguales.
Y aprender a diferenciarlas puede cambiar completamente la conversación.
Las fantasías también pueden tener límites
Hay algo que muchas parejas olvidan:
no todo lo que imaginamos tiene que convertirse en realidad.
Una fantasía puede resultar excitante precisamente porque pertenece al mundo de la imaginación.
Podemos hablar de ella, compartirla, jugar con ella mentalmente e incluso descubrir qué representa para nosotros sin necesidad de llevarla a la práctica.
Y eso también es sexualidad.
El verdadero desafío de una pareja
Quizás una relación no se mide por cuántas cosas se anima a probar.
Quizás se mide por algo mucho más difícil:
¿Podemos hablar de nuestros deseos sin miedo y escuchar los límites del otro sin sentirnos rechazados?
Porque experimentar juntos puede ser maravilloso.
Pero también puede ser maravilloso descubrir que hay cosas que uno desea y el otro no.
La intimidad no consiste en conseguir que el otro haga todo lo que queremos.
Consiste en poder mostrarnos sin miedo y seguir sintiéndonos seguros cuando la respuesta es diferente a la que esperábamos.
El consejo de la Doctora Lust
Si querés probar algo nuevo con tu pareja, hablalo.
Pero no presentes tu deseo como una obligación.
Y si tu pareja te propone algo que no querés hacer, podés decir que no sin sentir culpa.
Porque en una pareja sana, el deseo puede negociarse; el consentimiento, no.
Hasta el próximo consejo,
La Doctora Lust
Especialista en bienestar íntimo.
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