Cómo disfrutar tu sexualidad: conocer y sentir tu cuerpo
Capítulo 6 — Disfrutarla
Llegamos al último capítulo.
Durante este recorrido hicimos algo que parece sencillo, pero que durante mucho tiempo no se nos enseñó a hacer:
conocer el cuerpo sin vergüenza.
Primero hablamos de la anatomía.
Después entendimos qué ocurre durante la excitación.
Aprendimos sobre sensibilidad y placer.
Cuestionamos los mitos que durante años hicieron que muchas personas miraran su propio cuerpo con dudas.
Y hablamos de cómo cuidarlo.
Ahora queda la parte que reúne todo lo anterior:
¿qué hacemos con todo lo que aprendimos?
La respuesta no es aprender una técnica perfecta.
Es aprender a escucharnos.
Conocer el cuerpo cambia la experiencia
Cuando conocemos nuestra anatomía, dejamos de vivirla como algo misterioso.
Sabemos qué estamos viendo.
Entendemos qué estamos sintiendo.
Podemos reconocer cambios.
Podemos hacer preguntas.
Y, sobre todo, podemos dejar de comparar nuestro cuerpo con modelos imposibles.
El conocimiento no mata el deseo.
Lo libera de muchas inseguridades.
Porque es muy difícil disfrutar plenamente cuando estamos demasiado ocupados pensando si nuestro cuerpo es normal.
El placer no empieza necesariamente con el contacto
Muchas veces imaginamos el placer sexual como algo que comienza cuando empieza la estimulación física.
Pero el deseo puede empezar mucho antes.
Una conversación.
Una mirada.
Una fantasía.
Una sensación de confianza.
Un recuerdo.
Una palabra.
El contexto puede modificar completamente nuestra respuesta sexual.
Por eso, el placer no ocurre solamente en los genitales.
También ocurre en la cabeza.
No existe una forma correcta de disfrutar
Esta es probablemente una de las ideas más importantes de toda la saga.
No existe una única manera correcta de sentir placer.
No todas las personas disfrutan de lo mismo.
No todas necesitan el mismo tiempo.
No todas tienen las mismas zonas sensibles.
No todas responden de la misma manera a la penetración.
Y no todas experimentan el orgasmo de la misma forma.
Incluso una misma persona puede tener experiencias diferentes a lo largo de su vida.
Lo que funciona hoy puede no funcionar mañana.
Y eso también forma parte de una sexualidad saludable.
La penetración no es el examen final
Existe una idea muy arraigada de que una relación sexual “completa” debe terminar necesariamente con penetración y orgasmo.
Pero esa definición es demasiado limitada.
La sexualidad puede incluir besos, caricias, estimulación, sexo oral, masturbación, fantasías, juegos, intimidad o simplemente contacto físico.
No existe una lista obligatoria.
Y la penetración vaginal puede ser una parte del encuentro sexual, pero no determina por sí sola si una experiencia fue buena o mala.
El placer no necesita cumplir una estructura predeterminada.
Escuchar el cuerpo también significa poder decir “no”
Conocer el cuerpo no solamente sirve para descubrir qué nos gusta.
También sirve para reconocer qué no queremos.
Si algo duele, podemos parar.
Si algo incomoda, podemos decirlo.
Si cambiamos de opinión, podemos detenernos.
Si no tenemos ganas, no necesitamos justificarlo.
El consentimiento no es una formalidad.
Es parte del placer.
Porque resulta muy difícil disfrutar cuando sentimos que tenemos que cumplir expectativas.
La comunicación también puede ser excitante
Hablar de sexo no necesariamente elimina la espontaneidad.
A veces la mejora.
Decir qué nos gusta.
Preguntar qué le gusta a la otra persona.
Pedir que algo sea más lento.
Cambiar una posición.
Decir “ahí”.
Decir “no”.
Decir “otra vez”.
Todo eso forma parte de una experiencia sexual compartida.
Y no hace falta convertir el encuentro en una entrevista.
La comunicación también puede ser una mirada, un gesto o una reacción.
Aprender a escuchar también es una forma de intimidad.
El cuerpo no siempre responde igual
Hay días en los que tenemos muchísimo deseo.
Otros en los que no tenemos ninguno.
Hay momentos en los que la excitación aparece rápidamente.
Otros en los que necesitamos tiempo.
Podemos lubricar más o menos.
Podemos sentir más o menos sensibilidad.
Podemos tener orgasmos o no tenerlos.
Nada de esto debería convertirse automáticamente en un problema.
El cuerpo está influenciado por el estrés, el sueño, las hormonas, las emociones, los medicamentos, las relaciones y muchas otras circunstancias.
No somos máquinas sexuales.
Somos personas.
¿Y si algo no funciona?
No hay que convertir una dificultad sexual en una sentencia.
La sequedad, el dolor, la dificultad para excitarse, la disminución del deseo o los cambios en la respuesta sexual pueden tener diferentes causas.
Algunas son físicas.
Otras emocionales.
Otras pueden estar relacionadas con medicamentos, hormonas, estrés o experiencias previas.
Y muchas tienen solución o pueden mejorar con el acompañamiento adecuado.
Lo importante es no vivirlas en silencio ni asumir que simplemente hay que “aguantar”.
Pedir ayuda también es una forma de cuidarse.
El placer no debería convertirse en una obligación
Parece contradictorio, pero puede ocurrir.
A veces queremos disfrutar tanto que terminamos convirtiendo el placer en otra tarea que tenemos que cumplir.
“Hoy tengo que llegar al orgasmo.”
“Debería excitarme más.”
“Debería durar más.”
“Debería sentir esto.”
Y cuanto más intentamos controlar la experiencia, más difícil puede resultar entregarnos a ella.
El placer no siempre aparece cuando lo perseguimos.
A veces aparece cuando dejamos de evaluarlo.
Conocer no significa controlar
Esta saga comenzó hablando de anatomía.
Y quizás terminemos con una idea aparentemente contradictoria:
conocer el cuerpo no significa intentar controlarlo todo.
Significa entenderlo.
Aceptar que cambia.
Reconocer sus señales.
Descubrir sus preferencias.
Respetar sus límites.
Y permitirnos experimentar sin convertir cada experiencia en una prueba.
La sexualidad también cambia con nosotros
Nuestro cuerpo no permanece igual durante toda la vida.
Cambian las hormonas.
Cambian las relaciones.
Cambian nuestras experiencias.
Cambian nuestras prioridades.
Puede cambiar el deseo.
Puede cambiar la sensibilidad.
Puede cambiar aquello que nos produce placer.
Y eso no significa que estemos perdiendo nuestra sexualidad.
Significa que nuestra sexualidad también evoluciona.
Por eso, conocerse una vez no alcanza.
El autoconocimiento es un proceso.
Quizás la pregunta no sea “¿soy normal?”
Después de seis capítulos, me gustaría cambiar esa pregunta.
En lugar de:
“¿Mi cuerpo es normal?”
podríamos preguntarnos:
“¿Conozco mi cuerpo?”
¿Sé reconocer lo que siento?
¿Sé qué me gusta?
¿Sé qué me incomoda?
¿Sé cuándo necesito detenerme?
¿Sé cuándo algo cambió y debería consultar?
¿Puedo hablar de sexualidad sin sentir vergüenza?
Estas preguntas son mucho más importantes que intentar encajar en una definición imposible de normalidad.
Y así llegamos al final
La vagina no es solamente una parte del cuerpo.
Es una estructura compleja que cambia, responde y forma parte de una sexualidad mucho más amplia.
Pero quizás la enseñanza más importante de estos seis capítulos no tenga que ver únicamente con la vagina.
Tiene que ver con la relación que construimos con nuestro propio cuerpo.
Conocerlo.
Entenderlo.
Sentirlo.
Cuestionar lo que nos enseñaron.
Cuidarlo.
Y finalmente...
disfrutarlo.
Sin comparaciones.
Sin exigencias.
Sin vergüenza.
Sin un guion obligatorio.
La última palabra de la Doctora Lust
Si tuviera que resumir esta saga en una sola frase, sería esta:
“Tu cuerpo no necesita ser perfecto para ser digno de placer. Necesita ser conocido, escuchado y respetado.”
Porque el verdadero bienestar íntimo no empieza cuando aprendemos una técnica.
Empieza cuando dejamos de tener miedo de nuestro propio cuerpo.
Y cuando lo conocemos lo suficiente como para disfrutarlo desde nuestras propias reglas.


