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La última copa

La última copa

🌶️🌶️🌶️

La cena había terminado hacía rato.

La mesa todavía conservaba dos copas a medio terminar, un plato con las últimas migas de pan y esa sensación agradable de una noche que había salido mejor de lo esperado.

—¿Nos vamos? —preguntó él, mirando el reloj.

Ella levantó la copa.

—Una última.

Él sonrió.

—Eso dijiste hace media hora.

—Bueno… esta vez es de verdad.

Pidieron otra botella.

No porque tuvieran sed. Tampoco porque hubiera algo pendiente que celebrar.

Simplemente porque ninguno de los dos tenía demasiadas ganas de que la noche terminara.

Hablaron de cosas pequeñas. De un viaje que nunca habían hecho. De una pareja amiga. De aquella vez que se perdieron buscando un restaurante y terminaron descubriendo otro mucho mejor.

Cada tanto, ella lo miraba por encima de la copa.

Él ya conocía esa mirada.

—¿Qué? —preguntó.

—Nada.

—Ese “nada” nunca es nada.

Ella se rió.

—Estoy pensando.

—Eso me preocupa más.

Ella apoyó la copa sobre la mesa y se inclinó apenas hacia él.

—Estoy pensando que podríamos irnos.

—Por fin.

—Pero no a casa.

Él se quedó mirándola durante unos segundos.

—Ah.

Ella sonrió.

—¿Te sorprende?

—Un poco.

—Mentiroso.

Pagaron y salieron.

La calle estaba tranquila. La noche todavía tenía movimiento, pero ya había cambiado ese ritmo de las primeras horas. Menos ruido. Menos gente. Más espacio para caminar juntos.

Llegaron al auto.

Ella abrió la puerta, pero antes de entrar se volvió.

—¿Sabés qué es lo mejor de una última copa?

—¿Qué?

—Que casi nunca es la última.

Él se acercó y le dio un beso.

Ella sonrió contra sus labios.

Después subieron al auto.

Y mientras las luces de la ciudad pasaban por la ventanilla, ninguno de los dos preguntó adónde iban.

A veces, pensó Désirée, lo más interesante de una noche no es saber cómo empieza.

Es saber cuándo ninguno de los dos quiere que termine.

La fantasía detrás de la historia

Hay noches que no necesitan grandes planes. Una cena, una conversación que se alarga y esa pequeña decisión de quedarse un rato más pueden ser suficientes para cambiar completamente el tono de una noche.

Porque algunas fantasías empiezan mucho antes de que suceda algo.

Empiezan con una mirada.

Con una pregunta.

Con un “¿nos quedamos un rato más?”.

Para llevar la fantasía al juego

La próxima vez que estén juntos, prueben algo sencillo: después de una salida, acuerden que ninguno puede decir directamente qué quiere hacer después.

Solo pueden dar pistas.

Una mirada.

Una frase.

Una sonrisa.

Y dejar que el otro adivine.

Porque, a veces, el verdadero juego empieza justamente cuando termina la cena.

La mirada de Désirée

Quizás por eso me gustan tanto las últimas copas.

Porque nadie las necesita.

Se eligen.

Y cuando dos personas eligen quedarse un poquito más, aunque no sepan exactamente por qué…

probablemente ya saben bastante.

— Désirée