La vagina y la excitación: cómo responde tu cuerpo
Capítulo 2 — Entenderla
En el capítulo anterior conocimos la anatomía de la vagina y aclaramos algo fundamental: vagina y vulva no son lo mismo.
Pero conocer las partes del cuerpo es solamente el comienzo.
Porque cuando aparece el deseo sexual, el cuerpo empieza a responder.
Y aunque muchas veces pensamos que la excitación es simplemente una sensación mental, en realidad implica una serie de cambios físicos que pueden comenzar antes de que siquiera seamos plenamente conscientes de ellos.
Hoy vamos a entender qué pasa.
El deseo no empieza necesariamente en el cuerpo
Hay una idea muy instalada de que primero aparece una respuesta física y después sentimos deseo.
Pero la sexualidad humana no funciona siempre en ese orden.
Podemos sentir deseo y comenzar a excitarnos físicamente. También podemos experimentar determinadas respuestas corporales sin sentir deseo sexual.
El contexto, las emociones, la confianza, el estrés, las hormonas, los medicamentos y muchísimos otros factores pueden influir.
Por eso no existe un único camino hacia la excitación.
El cuerpo no funciona con un botón de encendido.
¿Qué ocurre cuando aparece la excitación?
Cuando una persona se excita, aumenta el flujo sanguíneo hacia los genitales.
En la vulva pueden producirse cambios como una mayor congestión de los tejidos y aumento de la sensibilidad.
La vagina también comienza a experimentar modificaciones.
Los tejidos vaginales pueden lubricarse y el canal vaginal puede adaptarse al estímulo sexual.
Todo esto forma parte de una respuesta fisiológica normal.
Pero hay algo que conviene recordar:
no todas las personas responden igual.
La intensidad de estas respuestas puede variar muchísimo entre una persona y otra, e incluso en la misma persona dependiendo del momento.
La lubricación no es un medidor de deseo
Este es uno de los mitos que más problemas puede generar.
La lubricación vaginal puede aparecer durante la excitación sexual, pero no es una prueba definitiva de que exista deseo.
Una persona puede estar muy interesada sexualmente y lubricar poco.
También puede existir lubricación sin que haya deseo sexual.
Por eso frases como:
“Si estás lubricada, entonces tenés ganas.”
son una simplificación incorrecta.
El cuerpo responde; la persona decide.
Y esta diferencia es fundamental cuando hablamos de consentimiento.
¿Por qué aparece la lubricación?
La lubricación ayuda a reducir la fricción y puede contribuir a que determinadas actividades sexuales resulten más cómodas.
Durante la excitación, diferentes tejidos de la zona genital participan en esta respuesta.
Sin embargo, la cantidad de lubricación puede cambiar por numerosas razones.
Estrés, ansiedad, cambios hormonales, medicamentos, anticonceptivos, menopausia, hidratación y otros factores pueden influir.
Por eso, tener menos lubricación en determinado momento no significa que haya algo “mal” con el cuerpo.
Y tampoco significa necesariamente que haya menos deseo.
La vagina puede cambiar durante la excitación
La excitación no solamente produce lubricación.
Los tejidos vaginales pueden congestionarse y el canal vaginal puede experimentar cambios que forman parte de la respuesta sexual.
Es un proceso dinámico.
Por eso resulta tan equivocada la idea de que la vagina es una estructura rígida que permanece exactamente igual durante todo el tiempo.
La vagina responde al contexto.
Y esa capacidad de adaptarse forma parte de su funcionamiento normal.
¿Y el clítoris?
Acá tenemos que volver a una protagonista que mencionamos en el capítulo anterior.
El clítoris tiene una estructura mucho mayor de lo que suele mostrar su parte visible y cumple una función fundamental relacionada con el placer sexual.
Durante la excitación, aumenta el flujo sanguíneo en esta zona y puede producirse un aumento de sensibilidad.
Por eso, comprender la respuesta sexual requiere mirar más allá de la penetración.
La excitación genital involucra diferentes estructuras y sensaciones.
El placer nunca fue solamente una cuestión de “entrar y salir”.
¿Por qué a veces el cuerpo no responde como esperamos?
Porque somos humanos, no máquinas.
Podemos tener deseo y que nuestro cuerpo tarde en responder.
Podemos estar excitados y distraernos.
Podemos comenzar una experiencia sexual y perder la excitación.
Podemos sentirnos cómodos un día y necesitar más tiempo otro.
Nada de eso significa automáticamente que exista un problema.
La respuesta sexual está influenciada por nuestra cabeza tanto como por nuestro cuerpo.
Y a veces el mayor enemigo de la excitación es precisamente pensar:
“¿Por qué no estoy respondiendo como debería?”
El problema de las expectativas
Muchas personas llegan a la sexualidad con una especie de guion aprendido.
Creen que deberían excitarse rápidamente.
Que deberían lubricar mucho.
Que deberían tener ganas siempre.
Que la excitación debería mantenerse constante.
Pero la realidad es mucho más diversa.
La sexualidad no tiene una velocidad universal.
No existe una cantidad “correcta” de lubricación.
No existe una duración obligatoria de la excitación.
Y no existe una respuesta corporal que determine por sí sola lo que una persona quiere.
Entonces, ¿qué aprendimos?
Que la excitación es una combinación compleja de cuerpo, mente, contexto y emociones.
Que la lubricación puede acompañar el deseo, pero no lo define.
Que la vagina y los tejidos genitales cambian durante la excitación.
Y que cada cuerpo puede responder de una manera diferente.
Conocer estas respuestas nos permite dejar de interpretar nuestro cuerpo como un examen que tenemos que aprobar.
Podemos simplemente observarlo, escucharlo y entenderlo.
Porque después de conocer la anatomía y comprender cómo responde el cuerpo, aparece una pregunta todavía más interesante:
¿Dónde está exactamente el placer?
Ese será nuestro próximo capítulo.
Hasta el próximo capítulo
La Doctora Lust
Especialista en bienestar íntimo y sexual


