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¿Qué sucede en tu cuerpo cuando aparece la excitación anal?

¿Qué sucede en tu cuerpo cuando aparece la excitación anal?

En el capítulo anterior conocimos el ano.

Hablamos de su anatomía, de los esfínteres, de la sensibilidad nerviosa y de su función dentro del organismo.

Ahora vamos un paso más allá.

Porque conocer una parte del cuerpo es importante, pero entender cómo responde nos permite interpretar mejor las sensaciones y tomar mejores decisiones.

Y cuando hablamos de sexualidad anal hay una palabra que aparece una y otra vez:

relajación.

Pero ¿qué significa realmente?


El cuerpo no funciona con un botón de “encendido”

La respuesta sexual no empieza necesariamente en una parte concreta del cuerpo.

Puede comenzar con un pensamiento, una fantasía, una conversación, una mirada, una sensación de confianza o simplemente con el deseo de estar cerca de otra persona.

El cerebro procesa toda esa información y el sistema nervioso participa en la respuesta del organismo.

Por eso, la excitación sexual no es solamente una reacción física.

También es una experiencia mental y emocional.

Y esto explica algo que muchas personas descubren con el tiempo:

podés desear algo mentalmente y, sin embargo, sentir que tu cuerpo todavía no está preparado.

No es una contradicción.

Es una respuesta corporal.


¿Qué pasa con los músculos?

Acá entran en escena los protagonistas que conocimos en el primer capítulo:

los esfínteres.

El esfínter anal interno funciona principalmente de manera involuntaria.

El externo, en cambio, puede controlarse voluntariamente.

Cuando existe tensión, miedo, anticipación o incomodidad, es posible que aumente la contracción de la musculatura de la zona.

Por eso intentar “forzar” una relajación no suele ser la mejor estrategia.

El cuerpo no siempre responde a las órdenes de:

“relajate”.

Muchas veces necesita primero sentirse seguro para poder hacerlo.


La excitación y la relajación pueden ir de la mano

Parece una contradicción.

Si estamos excitados, ¿por qué deberíamos relajarnos?

Porque excitación y tensión muscular no son exactamente lo mismo.

Una persona puede estar sexualmente excitada y, al mismo tiempo, mantener tensión en determinadas zonas del cuerpo.

Y en la sexualidad anal esa diferencia puede hacerse especialmente evidente.

La comodidad, la confianza, el consentimiento y el tiempo pueden favorecer una respuesta más relajada.

No se trata de vencer al cuerpo.

Se trata de escucharlo.


El ano no produce lubricación como la vagina

Este punto es fundamental.

A diferencia de la vagina, el ano no produce lubricación sexual natural suficiente para facilitar la penetración.

Por eso, cuando existe actividad sexual anal con penetración, el lubricante cumple una función especialmente importante: reduce la fricción y puede favorecer una experiencia más cómoda y disminuir el riesgo de irritación y pequeños desgarros.

Y acá aparece otro concepto importante:

más fricción no significa más placer.

Muchas veces significa exactamente lo contrario.


¿Por qué la fricción puede convertirse en un problema?

El tejido de la región anal puede lesionarse cuando existe demasiada fricción.

Los pequeños desgarros pueden producir dolor, sangrado y facilitar la transmisión de algunas infecciones de transmisión sexual.

Por eso, el lubricante no debería entenderse como un accesorio.

En determinadas prácticas puede ser parte fundamental del cuidado.

Y si se utilizan preservativos de látex, es importante elegir un lubricante compatible: los lubricantes a base de agua o silicona son opciones compatibles, mientras que los aceites pueden deteriorar el látex.


¿Por qué algunas personas sienten placer?

La respuesta no es exactamente igual para todas las personas.

La región anal tiene sensibilidad nerviosa y puede generar diferentes sensaciones dependiendo de la persona y del tipo de estimulación.

Pero el placer sexual no nace exclusivamente de los nervios.

El cerebro interpreta las sensaciones.

Y esa interpretación está influenciada por el contexto.

Una misma sensación física puede ser agradable en una situación y desagradable en otra.

¿Por qué?

Porque el placer también está relacionado con:

  • el deseo;
  • la confianza;
  • la excitación;
  • la seguridad;
  • la comodidad;
  • la comunicación;
  • y la ausencia de presión.

El cerebro también participa del placer

Pensá en esto:

Si una persona está preocupada por si va a sentir dolor, por si su pareja se va a enojar o por si “debería” disfrutar, difícilmente pueda concentrarse plenamente en las sensaciones.

La ansiedad puede aumentar la tensión corporal.

Y la tensión puede dificultar la comodidad.

Se puede generar así un círculo:

miedo → tensión → incomodidad → más miedo.

Por eso romper ese círculo no consiste en soportar más.

Consiste en recuperar seguridad y comunicación.


El consentimiento también tiene una respuesta corporal

El consentimiento no es solamente una cuestión legal o ética.

También forma parte de la experiencia física.

Sentirse libre de decir:

“sí”

pero también:

“más despacio”,
“así no”,
“paremos”,

permite que la persona participe de la experiencia sin sentirse atrapada.

Y esto es especialmente importante en cualquier práctica que pueda generar incomodidad o dolor.

No hay placer saludable cuando una persona siente que no puede detenerse.


¿El dolor es parte del proceso?

No deberíamos presentar el dolor como un requisito.

Una práctica sexual puede generar sensaciones nuevas, presión o cierta incomodidad inicial, pero el dolor significativo o persistente no debería ignorarse ni convertirse en algo que haya que soportar.

Las recomendaciones de salud sexual coinciden en algo sencillo: si una práctica duele, hay que detenerse y evaluar qué está ocurriendo.

No existe ningún premio por aguantar.

Escuchar al cuerpo también es disfrutar.


¿Y si el cuerpo no se relaja?

Entonces se para.

No hay que intentar superar la resistencia mediante fuerza.

No hay que asumir que “la próxima vez va a entrar”.

No hay que transformar una experiencia incómoda en una prueba de resistencia.

La tensión puede tener múltiples causas y, si es persistente o existe dolor, conviene consultar con un profesional de la salud.

El objetivo de una experiencia sexual no debería ser conseguir que el cuerpo ceda.

Debería ser que el cuerpo pueda participar cómodamente.


¿Por qué ir despacio importa?

Porque el cuerpo necesita tiempo para registrar lo que está sucediendo.

Ir lentamente permite prestar atención a las sensaciones y detectar rápidamente si algo resulta incómodo.

También facilita la comunicación entre las personas involucradas.

Y esto no significa que exista una velocidad “correcta”.

Significa que el ritmo debe poder adaptarse a las personas que participan.

Lo que para alguien resulta cómodo puede ser demasiado rápido para otra persona.


El lubricante también modifica la experiencia

El lubricante reduce la fricción y puede aumentar la comodidad.

Además, cuando se utiliza preservativo, una lubricación adecuada puede ayudar a disminuir la posibilidad de que se rompa por fricción.

Pero hay algo que el lubricante no puede hacer:

no convierte una situación no deseada en una situación deseada.

No reemplaza el consentimiento.

No reemplaza la comunicación.

No reemplaza la relajación.

Y tampoco elimina el riesgo de ITS.


¿Qué pasa con las infecciones de transmisión sexual?

El sexo anal puede transmitir diferentes ITS, incluyendo VIH, gonorrea, clamidia, herpes, sífilis, hepatitis B y VPH.

El uso de preservativo y otras barreras reduce el riesgo, aunque ninguna estrategia elimina completamente todos los riesgos.

Por eso, comprender el cuerpo también significa comprender sus límites.

Placer e información no deberían estar separados.


Una aclaración importante: placer no significa obligación

Hay personas que disfrutan de la estimulación anal.

Hay personas que sienten curiosidad pero no quieren practicarla.

Hay personas que directamente no sienten interés.

Y ninguna de esas respuestas necesita una justificación.

La sexualidad no es una lista de experiencias que tenemos que completar.

No probar algo también es una decisión válida.

Y dentro de una pareja, el consentimiento debe existir cada vez.


Entonces, ¿qué significa realmente “entenderlo”?

Significa comprender que el cuerpo no es una máquina.

No funciona siguiendo una receta idéntica para todas las personas.

El sistema nervioso, los músculos, las sensaciones, las emociones y el contexto interactúan constantemente.

Por eso:

excitación no significa obligación.

sensibilidad no significa placer.

tensión no significa que haya que insistir.

dolor no significa que haya que aguantar.

Y lubricación no significa consentimiento.

Son conceptos diferentes.


Lo que nos llevamos de este capítulo

En Conocerlo, aprendimos cómo está formado el ano.

En Entenderlo, empezamos a comprender cómo responde.

Ahora sabemos que:

  • los esfínteres cumplen funciones diferentes;
  • la tensión muscular puede aumentar cuando existe miedo o incomodidad;
  • la relajación es importante para la comodidad;
  • el ano no se lubrica por sí mismo como la vagina;
  • el lubricante reduce la fricción;
  • el sistema nervioso y el cerebro participan en la experiencia;
  • el placer depende de mucho más que una sensación física;
  • y el dolor no debe normalizarse.

Pero todavía falta una parte fundamental.

Porque podemos saber cómo funciona el cuerpo y aun así preguntarnos:

¿qué se siente realmente?


En el próximo capítulo…

CAPÍTULO 03 — SENTIRLO

Vamos a hablar de las sensaciones, de cómo puede percibirse la estimulación anal, por qué algunas personas experimentan placer y otras no, y por qué no existe una experiencia universal.

Porque entender el cuerpo nos da información.

Pero aprender a escucharlo nos da algo todavía más importante:

libertad para decidir qué nos gusta, qué no y hasta dónde queremos llegar.

 

Doctora Lust
Especialista en bienestar íntimo y sexual