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¿Te aburriste de tu pareja o de la misma versión de ustedes?

No siempre te aburriste de tu pareja. A veces te aburriste de la misma versión de ustedes.

Hay una frase que puede aparecer después de varios años de relación:

“Ya no siento lo mismo.”

Y automáticamente pensamos que algo terminó.

Quizás el amor.

Quizás el deseo.

Quizás la atracción.

Quizás la relación.

Pero existe otra posibilidad que pocas veces consideramos:

quizás no te aburriste de tu pareja.

Quizás te aburriste de la versión de ustedes que llevan demasiado tiempo repitiendo.

La misma rutina.

Las mismas conversaciones.

Los mismos lugares.

Los mismos roles.

Los mismos horarios.

Las mismas discusiones.

Y, eventualmente, hasta la misma manera de mirarse.

Porque una relación puede seguir teniendo amor y, al mismo tiempo, necesitar urgentemente algo que muchas parejas dejan de buscar:

novedad.

Al principio todo es descubrimiento

Cuando conocemos a alguien, prácticamente todo genera curiosidad.

Queremos saber qué piensa.

Qué le gusta.

Qué le molesta.

Qué desea.

Qué imagina.

Qué la hace reír.

Qué la excita.

Qué la asusta.

Cómo reacciona.

Cada encuentro tiene algo nuevo.

Y esa incertidumbre alimenta la atención.

Prestamos atención porque todavía no conocemos completamente al otro.

Pero pasan los años.

Y empezamos a creer que ya sabemos todo.

“Sé exactamente qué va a decir.”

“Sé cómo va a reaccionar.”

“Sé qué le gusta.”

“Sé qué va a pedir.”

“Sé cómo termina esta conversación.”

Y cuando creemos que ya conocemos completamente a alguien, dejamos de descubrirlo.

Y cuando dejamos de descubrir, la curiosidad puede empezar a apagarse.

El problema de convertir a tu pareja en un personaje conocido

Hay algo curioso que ocurre en las relaciones largas.

Dejamos de relacionarnos con la persona que tenemos delante y empezamos a relacionarnos con la idea que construimos sobre ella.

“Él es así.”

“Ella nunca cambia.”

“A él no le gusta eso.”

“Ella siempre hace lo mismo.”

Y quizás alguna de esas afirmaciones alguna vez haya sido cierta.

Pero las personas cambian.

Vos cambiaste.

Tu pareja también.

Lo que deseabas hace cinco años quizás no sea lo que deseás hoy.

Y, sin embargo, muchas parejas continúan relacionándose con versiones antiguas del otro.

Como si hubieran dejado de actualizarse.

Quizás no te aburriste de tu pareja. Te aburriste de la rutina

La rutina tiene una función.

Nos ayuda a organizar la vida.

Reduce decisiones.

Genera estabilidad.

Pero también puede convertirse en una especie de anestesia.

Levantarse.

Trabajar.

Resolver cosas.

Comer.

Mirar una pantalla.

Dormir.

Repetir.

Y en medio de todo eso, la pareja puede convertirse en un compañero logístico.

“¿Qué compramos?”

“¿Quién busca a los chicos?”

“¿Pagaste esto?”

“¿A qué hora llegás?”

“¿Qué comemos?”

Son conversaciones necesarias.

Pero una relación no puede vivir exclusivamente de conversaciones necesarias.

También necesita conversaciones que no tengan ninguna utilidad.

Curiosidad.

Juego.

Coqueteo.

Sorpresa.

Risa.

Deseo.

El deseo necesita algo que la rutina suele quitar

El deseo no siempre necesita grandes aventuras.

Pero suele necesitar cierta sensación de descubrimiento.

Cuando todo es absolutamente previsible, la atención puede disminuir.

Y cuando disminuye la atención, también puede disminuir la percepción del otro como alguien deseable.

No porque haya dejado de ser atractivo.

Sino porque dejamos de mirarlo.

La familiaridad puede hacernos olvidar que la persona que tenemos delante también puede sorprendernos.

¿Cuándo fue la última vez que tu pareja hizo algo que no esperabas?

Esta pregunta puede ser más importante de lo que parece.

Porque quizás hace años que ninguno de los dos sale del personaje habitual.

Uno es siempre el responsable.

El otro siempre organiza.

Uno inicia.

El otro espera.

Uno cuida.

El otro se deja cuidar.

Uno propone.

El otro decide.

Con el tiempo, esos papeles pueden volverse rígidos.

Y una pareja demasiado previsible puede perder una parte de su capacidad de sorprenderse.

A veces no necesitamos otra persona.

Necesitamos volver a ser personas diferentes dentro de nuestra propia relación.

También podemos aburrirnos de nosotros mismos

Esta parte es importante.

Porque es fácil mirar a la pareja y pensar:

“Me aburrí de vos.”

Pero quizás también exista otra pregunta:

“¿Me aburrí de quién soy yo cuando estoy con vos?”

Quizás hace años que no hacés cosas nuevas.

Quizás dejaste de explorar intereses.

Quizás abandonaste partes de tu personalidad.

Quizás tu vida se volvió demasiado predecible.

Y quizás la pareja no sea la causa de todo eso.

Tal vez ambos quedaron atrapados en una rutina que ninguno cuestionó.

Una relación puede necesitar evolución, no reemplazo

Cuando algo deja de generar emoción, muchas personas piensan inmediatamente en reemplazarlo.

Nueva persona.

Nueva relación.

Nueva etapa.

Nueva vida.

Y una persona nueva tiene una ventaja enorme:

todavía no existe rutina.

Todo parece emocionante.

Todo parece espontáneo.

Todo parece nuevo.

Pero la novedad no dura para siempre.

Si el problema era la incapacidad de construir una relación que evolucione, tarde o temprano la nueva relación también puede convertirse en rutina.

Y entonces aparece nuevamente la misma sensación.

“Me aburrí.”

Quizás el problema nunca fue solamente la persona.

La novedad no significa hacer cualquier cosa

Cuando hablamos de recuperar novedad, no estamos hablando necesariamente de grandes cambios.

No hace falta viajar al otro lado del mundo.

No hace falta transformar completamente la relación.

A veces alcanza con cambiar pequeñas cosas.

Una conversación diferente.

Una salida inesperada.

Un lugar nuevo.

Una actividad compartida.

Volver a arreglarse para el otro.

Recuperar el coqueteo.

Tener tiempo sin teléfonos.

Preguntarse cosas que hace años no se preguntan.

Volver a mirar al otro con curiosidad.

La novedad también puede ser emocional.

¿Y el sexo?

Acá aparece una parte fundamental.

Porque muchas parejas interpretan la pérdida de deseo como:

“Ya no me atrae.”

Pero quizás haya algo más complejo.

Si durante años tenemos exactamente los mismos encuentros, en los mismos momentos, con la misma dinámica, es posible que la sexualidad también se vuelva predecible.

Y una sexualidad predecible no necesariamente es una sexualidad mala.

Pero puede perder parte de su capacidad de sorprender.

La pregunta entonces no debería ser solamente:

“¿Por qué ya no tenemos tantas ganas?”

También podría ser:

“¿Qué espacio estamos dejando para que aparezca algo nuevo?”

La fantasía puede decirnos algo

Las fantasías también pueden funcionar como una ventana.

Quizás alguien fantasea con otra persona.

Y automáticamente piensa:

“Entonces ya no deseo a mi pareja.”

No necesariamente.

Tal vez esa fantasía representa novedad.

Adrenalina.

Misterio.

Ser observado de otra manera.

Sentirse nuevamente atractivo.

Salir del personaje cotidiano.

La fantasía no siempre está señalando a una persona concreta.

A veces está señalando una sensación que estamos extrañando.

El peligro de comparar realidad con novedad

Una persona nueva llega sin historial.

No conocés sus defectos.

No conocés sus malos días.

No conocés sus hábitos.

No conocés cómo discute.

No sabés cómo enfrenta los problemas.

Por eso es fácil que parezca extraordinaria.

Estamos comparando:

la versión completa de nuestra pareja con la versión editada de alguien nuevo.

Y esa comparación puede ser injusta.

La pregunta no debería ser:

“¿Por qué mi pareja no es como esta persona?”

Sino:

“¿Qué sensación estoy experimentando con esta persona que dejé de experimentar en mi relación?”

Ahí aparece información mucho más útil.

Quizás necesitás volver a seducir

Hay parejas que dejan de seducirse mucho antes de dejar de amarse.

Dejan de arreglarse.

Dejan de mirarse.

Dejan de hacer comentarios provocadores.

Dejan de buscar momentos a solas.

Dejan de tocarse sin que exista una finalidad.

Dejan de hacerle saber al otro:

“Todavía me gustás.”

Y después se sorprenden porque el deseo disminuyó.

Pero el deseo no siempre desaparece de golpe.

A veces simplemente dejamos de alimentarlo.

El deseo también necesita sentirse elegido

No solamente queremos ser amados.

También queremos sentir que seguimos siendo elegidos.

Que nuestra pareja podría elegirnos nuevamente.

Que todavía le gustamos.

Que todavía le generamos curiosidad.

Que todavía existe algo entre nosotros que no existe con cualquier otra persona.

Eso puede ser especialmente importante en relaciones largas.

Porque una cosa es saber:

“Estamos juntos.”

Y otra muy diferente es sentir:

“Te sigo eligiendo.”

¿Cuándo una relación necesita ayuda?

No todo aburrimiento significa que existe un problema grave.

Todas las relaciones atraviesan períodos de menor intensidad.

Lo importante es observar qué ocurre cuando intentamos cambiar algo.

¿Existe interés?

¿Existe voluntad?

¿Existe afecto?

¿Existe curiosidad?

¿Existe deseo de encontrarse nuevamente?

¿Ambos quieren participar?

Porque si existe voluntad, una etapa de monotonía puede convertirse en una oportunidad.

Pero si aparece indiferencia permanente, desprecio o ausencia total de interés por reparar el vínculo, quizás estemos frente a algo diferente.

Una pregunta incómoda

Antes de decir:

“Me aburrí de mi pareja.”

probá completar esta frase:

“Me aburrí de nosotros porque…”

Y después preguntate:

¿Qué dejamos de hacer?

¿Qué dejamos de decir?

¿Qué dejamos de descubrir?

¿Qué dejamos de mirar?

¿Qué dejamos de desear?

¿Qué dejamos de imaginar?

¿Qué versión de nosotros abandonamos?

Quizás la respuesta no sea:

“Necesito otra persona.”

Quizás sea:

“Necesito que volvamos a ser curiosos.”

Y si realmente cambiaste…

También puede suceder.

Las personas evolucionan.

A veces una relación funcionó perfectamente durante una etapa y después dejó de hacerlo.

No todo aburrimiento puede solucionarse.

No toda relación necesita ser salvada.

Y reconocer que cambiaste no convierte automáticamente el pasado en un error.

Pero antes de tomar una decisión definitiva, vale la pena distinguir entre:

estar aburrido de una persona

y

estar aburrido de la dinámica que construyeron juntos.

No son lo mismo.

La reflexión de la Doctora Lust

Quizás no necesitás una persona nueva.

Quizás necesitás volver a conocer a la persona que ya tenés.

Y quizás esa persona también necesite conocerte nuevamente.

Porque vos no sos exactamente quien eras cuando se conocieron.

Tu pareja tampoco.

Y pretender que una relación dure manteniendo congelada aquella primera versión de ustedes puede ser justamente lo que termina apagándola.

No siempre necesitamos recuperar el pasado.

A veces necesitamos construir una versión nueva.

Una relación donde todavía exista curiosidad.

Donde todavía haya sorpresa.

Donde todavía puedan mirarse y pensar:

“No sabía que vos también eras así.”

Porque quizás el amor no se muere cuando desaparece la novedad.

Quizás empieza a apagarse cuando dejamos de buscarla.

Y tal vez la pregunta no sea:

“¿Me aburrí de mi pareja?”

Sino:

“¿Hace cuánto tiempo dejamos de descubrirnos?”

Doctora Lust
Especialista en bienestar íntimo

 

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