Fantasías sexuales: qué significan y cómo hablarlas en pareja
Por Doctora Lust
Hay fantasías que aparecen de repente.
Una imagen. Una situación. Una persona. Un lugar. Un juego de roles. Algo que jamás haríamos en la vida real, pero que, por alguna razón, despierta nuestra imaginación.
Y entonces aparece la pregunta:
¿Por qué fantaseo con esto?
La respuesta no siempre es sencilla. Y tampoco tiene por qué serlo.
Las fantasías sexuales forman parte del universo del deseo y pueden estar relacionadas con la curiosidad, la novedad, la imaginación, las experiencias previas, los estímulos que recibimos o simplemente con aquello que nuestra mente encuentra excitante.
Pero hay algo importante que recordar:
fantasear no significa necesariamente querer hacerlo.
Una fantasía no es un contrato
La imaginación sexual tiene una característica maravillosa: no necesita respetar las mismas reglas que la realidad.
Podemos imaginar situaciones que jamás elegiríamos llevar a cabo.
Podemos intercambiar roles, cambiar de personalidad, imaginar escenarios imposibles o explorar dinámicas que solamente funcionan dentro de nuestra cabeza.
Por eso, no deberíamos interpretar automáticamente una fantasía como una intención.
Una fantasía puede ser simplemente eso:
una fantasía.
Y justamente por eso puede resultar interesante observarla sin juzgarla inmediatamente.
¿Qué hay detrás de una fantasía?
A veces la fantasía no habla literalmente de lo que queremos hacer.
Puede representar otra cosa.
Por ejemplo, una fantasía relacionada con el control puede estar vinculada con la sensación de dejarse llevar. Una fantasía de cambiar de rol puede tener que ver con experimentar una identidad diferente. Una situación nueva puede representar simplemente el deseo de romper con la rutina.
El contenido de la fantasía es una cosa.
La emoción que produce es otra.
Y muchas veces esa emoción es la verdadera pista.
¿Te excita la novedad?
¿La sensación de ser deseado?
¿El misterio?
¿El juego?
¿Sentirte observado?
¿Tener el control?
¿Perderlo?
¿Ser otra persona durante unos minutos?
No siempre necesitamos encontrar una explicación definitiva. Pero hacernos estas preguntas puede ayudarnos a conocernos mejor.
Fantasía, deseo y realidad no son lo mismo
Conviene separar tres conceptos que muchas veces mezclamos:
Fantasía: algo que imaginamos.
Deseo: algo que nos gustaría experimentar.
Decisión: algo que elegimos hacer en la realidad.
Pueden coincidir.
Pero también pueden ser completamente diferentes.
Podés tener una fantasía que nunca quieras llevar a la práctica.
Podés desear algo y decidir que no es el momento.
Y también podés descubrir que una idea que parecía excitante en tu imaginación no te interesa cuando llega el momento de hacerla realidad.
Todo eso es normal.
¿Y qué pasa cuando aparece una fantasía dentro de la pareja?
Ahí aparece una oportunidad interesante.
No necesariamente para cumplirla.
Primero, para conversarla.
Hablar de fantasías puede generar intimidad porque implica mostrar una parte de nuestra imaginación que muchas veces mantenemos en privado.
Pero la conversación debería comenzar desde la curiosidad y no desde el juicio.
En lugar de:
“¿Cómo podés fantasear con eso?”
podemos preguntar:
“¿Qué es lo que te atrae de esa idea?”
La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la conversación.
Una pregunta juzga.
La otra invita a explorar.
Contar una fantasía no significa pedir permiso para hacerla
Este punto es especialmente importante.
Cuando una persona comparte una fantasía con su pareja, no necesariamente está proponiendo realizarla.
Puede estar simplemente diciendo:
“Esto aparece en mi imaginación y quiero compartirlo con vos.”
Y escuchar no significa aceptar.
Tampoco significa rechazar.
Significa conocer un poco más el mundo interno de la otra persona.
Una pareja puede descubrir que comparte una fantasía.
Puede descubrir que solamente a uno de los dos le resulta excitante.
Puede decidir jugar con una versión simbólica de esa fantasía.
O puede simplemente dejarla donde nació:
en la imaginación.
Todas esas posibilidades son válidas.
El verdadero juego empieza cuando podemos hablar sin miedo
Después de todo, el deseo no siempre necesita convertirse en acción.
A veces alcanza con poder decir:
“Hay algo que me da curiosidad.”
Y encontrar del otro lado una mirada que no juzga.
Porque cuando una pareja puede hablar de aquello que imagina, también puede empezar a hablar de aquello que necesita, aquello que disfruta y aquello que le gustaría descubrir.
Y ahí aparece algo mucho más interesante que cumplir una fantasía:
conocerse.
En el próximo artículo vamos a abandonar por un momento la explicación y entrar directamente en el territorio de la imaginación.
Porque hay fantasías que no necesitan explicarse.
Necesitan una historia.
Y Désirée sabe muy bien cómo empezar una.


