BLOG 6 — SIGMUND FREUD
El inconsciente: la parte de vos que también decide
¿Alguna vez dijiste algo que no querías decir?
¿Elegiste a alguien sin entender muy bien por qué?
¿Tuviste una fantasía que te sorprendió?
¿O reaccionaste de una manera que, después, ni vos mismo pudiste explicar?
Freud tenía una respuesta provocadora para muchas de estas situaciones:
no todo lo que ocurre dentro nuestro es consciente.
Existe una parte de nuestra vida psíquica que no vemos directamente, pero que puede influir en lo que pensamos, sentimos, deseamos y hacemos.
Freud la llamó el inconsciente.
Y quizás ahí haya una de las ideas más fascinantes del psicoanálisis:
no siempre somos completamente dueños de las razones por las que hacemos lo que hacemos.
La mente que no conocemos del todo
Estamos acostumbrados a pensar que primero pensamos algo y después actuamos.
Pero Freud planteó una posibilidad diferente.
Quizás muchas veces ocurre al revés.
Primero aparece una emoción.
Una atracción.
Una reacción.
Una fantasía.
Una incomodidad.
Y recién después nuestra mente consciente intenta encontrar una explicación.
Es como si una parte de nosotros ya hubiera tomado una dirección y otra parte llegara después para preguntarse:
“¿Por qué hice esto?”
Y ahí empieza la búsqueda.
El inconsciente no es simplemente “lo que olvidamos”
Esta diferencia es importante.
El inconsciente freudiano no es una especie de cajón donde guardamos recuerdos que simplemente desaparecieron de nuestra memoria.
Es un sistema mucho más complejo.
Allí pueden existir deseos, conflictos, representaciones y experiencias que no están presentes en nuestra conciencia cotidiana, pero que pueden influir en nuestra vida psíquica.
Por eso Freud prestaba tanta atención a los pequeños detalles.
Un sueño.
Un lapsus.
Una asociación inesperada.
Una reacción emocional.
Una fantasía recurrente.
Algo que aparece una y otra vez.
Para él, esas manifestaciones podían ofrecer pistas sobre procesos que la conciencia no reconocía directamente.
Y acá aparece el deseo
El inconsciente se vuelve especialmente interesante cuando hablamos de sexualidad.
Porque podemos tener deseos que no encajan con la imagen que construimos de nosotros mismos.
Podemos sentir atracción y pensar:
“No debería gustarme.”
Podemos tener una fantasía y preguntarnos:
“¿De dónde salió esto?”
Podemos sentirnos atraídos por alguien completamente diferente a nuestro “tipo”.
Y también podemos experimentar rechazo, miedo o incomodidad frente a situaciones que aparentemente deberían resultarnos agradables.
Esto no significa que exista una explicación oculta para absolutamente todo.
Pero sí nos invita a reconocer algo:
nuestra vida sexual tiene una dimensión consciente y otra que no siempre podemos explicar.
El lapsus: cuando la boca se adelanta
Uno de los ejemplos clásicos relacionados con Freud es el famoso lapsus.
Queremos decir una cosa y decimos otra.
Llamamos a alguien por otro nombre.
Confundimos una palabra.
Nos equivocamos justo cuando el tema nos resulta incómodo.
Para Freud, algunos de estos errores podían revelar conflictos o contenidos que intentaban abrirse paso hacia la conciencia.
Hoy sabemos que los errores del habla pueden tener muchas explicaciones cognitivas y no necesariamente esconden un deseo reprimido.
Pero la idea sigue siendo interesante:
a veces un pequeño error nos hace detenernos y preguntarnos qué estaba pasando por nuestra cabeza.
El inconsciente también aparece en los sueños
Y acá Freud encontró uno de sus grandes territorios de exploración.
Los sueños.
Para el psicoanálisis clásico, los sueños podían expresar deseos, conflictos y pensamientos que no aparecían de la misma manera durante la vigilia.
Pero un sueño no necesariamente debe interpretarse literalmente.
Soñar con una persona no significa automáticamente que queramos estar con ella.
Soñar con sexo no significa necesariamente que queramos realizar aquello que soñamos.
Los sueños mezclan recuerdos, emociones, experiencias, imágenes y asociaciones de maneras extraordinariamente complejas.
Por eso, más que preguntar:
“¿Qué significa este sueño?”
puede resultar mucho más interesante preguntar:
“¿Qué me hizo sentir?”
¿Y si nuestro deseo sabe algo que nosotros todavía no?
Esta es una de las preguntas más provocadoras que nos deja Freud.
A veces alguien nos atrae y no sabemos explicar por qué.
Podemos encontrar cientos de argumentos racionales.
Pero ninguno termina de explicar esa sensación.
Quizás nuestro inconsciente esté involucrado.
O quizás existan factores emocionales, experiencias previas, asociaciones y preferencias que simplemente no tenemos identificados conscientemente.
No necesitamos convertir cada atracción en un misterio psicológico.
Pero tampoco tenemos que asumir que podemos explicar racionalmente cada aspecto de nuestro deseo.
Hay cosas que sentimos antes de poder ponerlas en palabras.
El peligro de querer encontrar una explicación para todo
Acá Doctora Lust pondría un pequeño freno.
Porque conocer el concepto de inconsciente no significa empezar a interpretar absolutamente todo.
No todo sueño es un mensaje oculto.
No toda fantasía tiene un significado profundo.
No toda atracción viene de una experiencia de la infancia.
Y no todo lapsus revela un deseo secreto.
Freud abrió una puerta.
Pero atravesarla no significa convertir nuestra vida en un acertijo permanente.
El autoconocimiento también implica aceptar que algunas cosas simplemente necesitan tiempo para comprenderse.
Conocernos no significa controlar todo
Quizás una de las ideas más interesantes del inconsciente sea justamente esta:
no necesitamos saberlo todo sobre nosotros para poder conocernos mejor.
Podemos observar nuestros patrones.
Reconocer aquello que se repite.
Preguntarnos por qué ciertas situaciones nos afectan.
Identificar qué deseos nos generan culpa.
Observar qué personas despiertan nuestra curiosidad.
Prestar atención a nuestras contradicciones.
No para encontrar una explicación perfecta.
Sino para ampliar nuestra conciencia.
Y eso cambia nuestra relación con el deseo
Cuando entendemos que no todo deseo necesita una explicación inmediata, podemos empezar a relacionarnos con él de otra manera.
En lugar de:
“¿Qué está mal conmigo?”
podemos preguntarnos:
“¿Qué estoy sintiendo?”
En lugar de:
“¿Por qué deseo esto?”
podemos comenzar por:
“¿Qué me genera este deseo?”
Y en lugar de juzgarnos inmediatamente:
“¿Qué puedo aprender de esto?”
Esa pequeña diferencia puede transformar la manera en que vivimos nuestra sexualidad.
🖤 La pregunta de Doctora Lust
Hay una parte de vos que conocés perfectamente.
La que sabe qué te gusta.
Qué no te gusta.
Qué querés.
Qué rechazás.
Pero también existe otra parte que quizás todavía no terminaste de escuchar.
Una parte que puede aparecer en tus fantasías, en tus reacciones, en tus contradicciones y en esos deseos que no siempre sabés explicar.
Quizás no necesites descubrir todos sus secretos.
Quizás simplemente tengas que empezar a prestarle atención.
Porque, como planteó Freud, la conciencia no es todo lo que somos.
Y a veces conocernos mejor empieza justamente cuando nos animamos a mirar aquello que todavía no sabemos nombrar.


