LOS ESCRITOS DE DÉSIRÉE — HISTORIA 11
El día que entendí que esto era un proyecto
Jimena estaba sentada frente a la notebook cuando se dio cuenta.
No ocurrió nada extraordinario.
No llegó un mensaje especial.
No consiguió cientos de seguidores de golpe.
Simplemente abrió una carpeta.
Dentro había fotografías.
Ideas.
Notas.
Looks.
Calendarios.
Borradores.
Publicaciones pendientes.
Y una pequeña lista de cosas que quería hacer durante las próximas semanas.
Jimena se quedó mirando la pantalla.
Después abrió otra carpeta.
Y otra.
Tenía organizado prácticamente todo lo que había ido construyendo durante los últimos meses.
Se recostó en la silla.
—¿En qué momento hice todo esto?
Sonrió.
Recordó aquella primera noche.
El celular en la mano.
La pregunta.
“¿Y si lo hago?”
En aquel momento no tenía absolutamente nada.
Ni una cuenta.
Ni fotografías.
Ni seguidores.
Ni una comunidad.
Ahora tenía una identidad que empezaba a reconocer como propia.
Había aprendido qué cosas le gustaban.
Qué quería compartir.
Qué prefería guardar.
Qué tipo de contenido disfrutaba creando.
Y, sobre todo, había descubierto que podía construir algo sin dejar de ser ella misma.
Jimena tomó el cuaderno.
En la primera página todavía estaba escrita aquella frase:
“Crear contenido.”
Debajo había aparecido todo lo demás.
Ideas.
Fechas.
Preguntas.
Aprendizajes.
Pequeños objetivos.
Historias.
Cerró el cuaderno.
Esta vez no sintió nervios.
Sintió algo diferente.
Orgullo.
No porque todo fuera perfecto.
De hecho, había muchas cosas que todavía quería mejorar.
Pero ahora podía mirar hacia atrás y reconocer el camino.
Había empezado con una pregunta.
Y había terminado construyendo algo que ya tenía una identidad.
Jimena abrió una nueva página.
Escribió:
“Mi proyecto.”
Y debajo:
“Seguir descubriendo.”
Se quedó unos segundos mirando esas palabras.
Después cerró la notebook.
Sonrió.
Y por primera vez dejó de pensar:
“Estoy probando esto.”
Ahora podía decir:
“Esto es mío.”
La fantasía detrás de la historia
Un proyecto no siempre empieza con un plan perfecto.
A veces empieza con curiosidad, pequeñas decisiones y muchas pruebas.
Con el tiempo, esas pequeñas cosas pueden terminar formando algo que tiene identidad propia.
Para llevar la fantasía al juego
Crear también es aprender.
Probar diferentes ideas, organizar el trabajo, descubrir un estilo y observar qué nos representa puede transformar una simple idea en un proyecto personal.
La mirada de Désirée
Jimena había tardado meses en darse cuenta.
Pero quizás el proyecto había comenzado mucho antes.
Había comenzado aquella noche en la que se hizo una pregunta.
“¿Y si lo hago?”
Ahora tenía una respuesta.
“Lo hice.”
Y todavía quedaba mucho por contar.
Así lo cuenta Désirée.
LOS ESCRITOS DE DÉSIRÉE — HISTORIA 12


