Cómo jugar con fantasías sexuales en pareja
Por Denise
Bueno… ya entendimos que las fantasías existen.
Después Désirée nos contó que algunas pueden convertirse en historias.
Ahora viene mi parte favorita:
¿Y si jugamos?
Porque una fantasía no tiene que convertirse automáticamente en realidad para ser divertida.
A veces alcanza con convertirla en un pequeño juego entre dos.
Primero: no hace falta cumplir la fantasía
Esto lo voy a poner en grande porque después dicen que Denise no avisa:
imaginar algo no significa que tengas que hacerlo.
Podés tomar una fantasía y jugar solamente con algunos elementos.
Un personaje.
Una forma diferente de hablarse.
Un cambio de roles.
Una situación imaginaria.
Una regla nueva.
Y listo.
El objetivo no es aprobar un examen.
Es descubrir qué les divierte.
Regla número uno: los dos tienen que querer jugar
Acá no hay negociación maquiavélica.
Si uno quiere y el otro no, no hay juego.
La gracia está justamente en que ambos puedan sentirse cómodos diciendo:
“Sí.”
Pero también:
“No.”
Y, por supuesto:
“Esto sí, pero de otra manera.”
Los límites no arruinan el juego.
Al contrario.
Cuando están claros, permiten jugar con mucha más tranquilidad.
El juego de los personajes
Vamos a hacerlo fácil.
Cada uno elige un personaje.
No tiene que ser complicado.
Puede ser alguien completamente diferente a ustedes.
Puede ser una versión exagerada de ustedes mismos.
O incluso pueden inventar los personajes juntos.
Por ejemplo:
“Esta noche vos decidís todo.”
O:
“Esta noche yo soy quien propone las reglas.”
Y ahí aparece algo interesante.
No están cambiando solamente de personaje.
Están cambiando la dinámica.
Después vienen las reglas
Y acá está el secreto.
Un buen juego necesita algunas reglas.
No veinte.
Con tres o cuatro alcanza.
Por ejemplo:
Regla 1: durante el juego, usamos nuestros personajes.
Regla 2: cualquiera puede detener el juego.
Regla 3: nada se hace si alguno no quiere.
Regla 4: al terminar, volvemos a ser nosotros.
Simple.
Claro.
Y mucho más divertido que improvisar sin saber dónde están los límites.
¿Querés hacerlo más interesante?
Entonces agregá cartas.
Cada carta puede proponer una pregunta, un desafío, un cambio de rol o una pequeña recompensa.
Por ejemplo:
PREGUNTA
“¿Qué parte de este personaje te resulta más atractiva?”
ROL
“Durante los próximos cinco minutos, cambiamos quién toma la iniciativa.”
DESAFÍO
“Decile a tu pareja qué fantasía te da curiosidad sin decir si querés realizarla.”
RECOMPENSA
“Elegí qué personaje interpretará tu pareja en la próxima ronda.”
¿Ves?
No hace falta complicarlo.
La imaginación hace gran parte del trabajo.
Y acá aparece algo que me encanta
Una pareja puede empezar jugando con una fantasía…
y terminar descubriendo otra cosa.
Quizás pensabas que te atraía el personaje.
Pero descubrís que lo que realmente te gustaba era sentir que tu pareja te miraba de otra manera.
Quizás creías que querías cambiar los roles.
Y descubrís que simplemente necesitabas salir de la rutina.
Quizás la fantasía no era el destino.
Era la excusa para conversar.
El juego puede terminar donde ustedes quieran
No hay una obligación de llegar a ninguna parte.
Podemos jugar diez minutos.
Podemos jugar una hora.
Podemos cambiar las reglas.
Podemos reírnos porque el personaje nos salió pésimo.
Podemos abandonar una idea y empezar otra.
Porque el objetivo no es representar perfectamente una fantasía.
Es pasarla bien juntos.
Y si además descubren algo nuevo sobre el otro…
mejor todavía.
Una última idea de Denise
Doctora Lust te ayudó a entender que una fantasía no necesariamente significa querer hacerla realidad.
Désirée te mostró que esa fantasía puede convertirse en una historia.
Y ahora yo te propongo algo diferente:
convertirla en un juego.
Porque a veces el deseo no necesita más intensidad.
Necesita imaginación, complicidad y un poquito de ganas de jugar.
Y si querés llevar este juego un paso más allá, podés sumar cartas, preguntas, desafíos, premios y cambios de roles.
Ahí sí…
empieza el verdadero juego.


