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Los sueños: cuando el deseo habla mientras dormimos

BLOG 7 — SIGMUND FREUD

Los sueños: cuando el deseo habla mientras dormimos

Dormís.

Tu cuerpo descansa.

Pero tu mente parece estar haciendo exactamente lo contrario.

Aparece una persona que no veías hace años.

Estás en un lugar que no existe.

Vivís una situación completamente absurda.

Sentís miedo, deseo, vergüenza o excitación.

Y cuando despertás, queda esa sensación extraña de haber vivido algo que no terminás de entender.

Para Sigmund Freud, los sueños no eran simplemente una película aleatoria que aparecía mientras dormíamos.

Eran una de las formas en las que el inconsciente podía expresarse.

Y cuando hablamos de deseo, fantasías y sexualidad, el tema se vuelve todavía más interesante.


El sueño como puerta al inconsciente

Freud consideraba que los sueños podían ofrecer una vía privilegiada para acercarnos a contenidos inconscientes.

¿Por qué?

Porque durante el sueño disminuye parte del control consciente que ejercemos mientras estamos despiertos.

La mente puede combinar recuerdos, emociones, deseos, preocupaciones y fantasías de maneras que durante la vigilia mantenemos mucho más controladas.

Por eso podemos soñar cosas que jamás imaginamos conscientemente.

O encontrarnos con deseos que, al despertar, nos dejan pensando:

“¿Por qué soñé esto?”


Pero soñar algo no significa necesariamente querer hacerlo

Esta aclaración es fundamental.

Soñar que tenemos sexo con alguien no significa automáticamente que queramos tener sexo con esa persona.

Soñar con una determinada situación tampoco significa que deseemos vivirla en la realidad.

El mundo de los sueños funciona con una lógica diferente.

Una persona puede representar otra cosa.

Un lugar puede estar asociado con una emoción.

Una situación puede condensar diferentes experiencias.

Y una fantasía puede aparecer sin que exista ninguna intención de convertirla en realidad.

El sueño no es una declaración de intenciones.


El contenido manifiesto y lo que puede esconderse detrás

Freud distinguía entre lo que recordamos del sueño y aquello que podía encontrarse detrás de esa historia.

El contenido que recordamos al despertar sería el contenido manifiesto.

La historia que vimos.

Las personas.

Los lugares.

Las situaciones.

Pero Freud planteaba que detrás podía existir un contenido latente: pensamientos, deseos o conflictos que se expresaban de una manera transformada.

Por eso un sueño podía ser extraño, fragmentado o directamente absurdo.

La mente no necesariamente mostraba el deseo de manera literal.

Lo disfrazaba.


¿Por qué los sueños son tan raros?

Porque, según Freud, durante el sueño podían intervenir diferentes procesos que transformaban el contenido inconsciente.

Un deseo podía mezclarse con un recuerdo.

Varias personas podían aparecer representadas por una sola figura.

Una emoción podía trasladarse de una situación a otra.

Una experiencia podía transformarse en una escena completamente diferente.

El resultado podía ser un sueño que parece no tener ningún sentido.

Pero justamente ahí estaba el interés de Freud:

lo absurdo también podía tener algo para decir.


Y el deseo sexual aparece mucho más de lo que creemos

Freud le dio un lugar central a la sexualidad dentro de su teoría de los sueños.

Y eso fue profundamente provocador para su época.

Para él, determinados sueños podían expresar deseos sexuales que no encontraban una salida directa durante la vigilia.

Pero acá conviene hacer una distinción importante.

No todo sueño tiene un significado sexual.

No todo símbolo representa genitalidad.

Y no existe un diccionario universal donde “soñar con X” signifique automáticamente “deseás Y”.

La interpretación freudiana dependía de las asociaciones personales de quien soñaba.

Porque el mismo elemento puede significar cosas completamente diferentes para dos personas.


¿Por qué aparece justamente esa persona?

Esta es probablemente una de las preguntas que más nos hacemos después de un sueño.

“¿Por qué soñé con mi ex?”

“¿Por qué soñé con alguien que apenas conozco?”

“¿Por qué soñé con una persona que no veo desde hace veinte años?”

Y la respuesta no necesariamente es:

“Porque todavía estás enamorado.”

Puede ser una asociación.

Un recuerdo.

Una emoción relacionada con esa etapa de tu vida.

Algo que esa persona representa para vos.

O simplemente una combinación casual de elementos de la memoria.

El sueño puede utilizar rostros conocidos como materia prima para construir una historia completamente diferente.


El deseo también puede aparecer disfrazado

Imaginemos que alguien sueña que está buscando desesperadamente una puerta y nunca consigue abrirla.

No tendría sentido afirmar automáticamente que eso significa una determinada cosa.

Pero sí podríamos preguntarnos:

¿Qué sensación provocaba el sueño?

¿Frustración?

¿Curiosidad?

¿Ansiedad?

¿Deseo?

¿Impotencia?

Y sobre todo:

¿Qué asociaciones personales tiene esa persona con aquello que apareció en el sueño?

Para Freud, esas asociaciones eran fundamentales.

No se trataba simplemente de buscar símbolos en un manual.

Se trataba de escuchar lo que el propio soñante asociaba con ellos.


Los sueños también pueden mostrarnos contradicciones

A veces soñamos algo que nos sorprende porque contradice completamente lo que pensamos de nosotros mismos.

Podemos sentir deseo por alguien que jamás consideraríamos como pareja.

Podemos experimentar una situación que despiertos nos resultaría impensable.

Podemos sentir placer en un sueño que, al recordarlo, nos genera incomodidad.

Y esto puede llevarnos a una conclusión importante:

una experiencia onírica no define nuestra identidad ni nuestras decisiones.

Podemos observarla sin juzgarnos.

Preguntarnos qué nos provocó.

Qué recuerdos despertó.

Qué emociones quedaron después.

Y decidir qué significado tiene —o no tiene— para nosotros.


El sueño no necesita convertirse en un misterio

Quizás esta sea la manera más saludable de acercarnos a ellos.

No necesitamos interpretar cada sueño.

No necesitamos encontrar un mensaje oculto en cada imagen.

Y tampoco necesitamos asumir que todo lo que soñamos representa un deseo reprimido.

La psicología contemporánea ofrece muchas otras maneras de comprender los sueños, relacionadas con la memoria, las emociones, el procesamiento de experiencias y la actividad cerebral durante el sueño.

Pero la pregunta que Freud dejó sigue siendo fascinante:

¿qué pasa dentro de nosotros cuando dejamos de controlar conscientemente cada pensamiento?


Y acá aparece algo profundamente humano

Durante el día podemos construir una imagen bastante ordenada de nosotros mismos.

“Yo soy así.”

“Esto me gusta.”

“Esto jamás lo haría.”

“Esta persona no me interesa.”

Pero durante la noche nuestra mente puede mezclar las piezas de otra manera.

No necesariamente para contradecirnos.

Simplemente porque la mente no funciona siempre bajo las mismas reglas.

Y quizás los sueños nos recuerdan algo que también vale para nuestra sexualidad:

No todo lo que sentimos necesita convertirse en una acción.

No todo lo que imaginamos define quiénes somos.

Y no todo lo que aparece en nuestra mente necesita ser juzgado.

A veces alcanza con observarlo.


🖤 La pregunta de Doctora Lust

La próxima vez que despiertes después de un sueño extraño, en lugar de preguntarte inmediatamente:

“¿Qué significa?”

probá con otra pregunta:

“¿Qué me hizo sentir?”

Porque quizás la parte más interesante del sueño no sea la historia que viste.

Quizás sea la emoción que dejó en vos.

Y si Freud tenía razón en algo, es que nuestra mente puede decir cosas de maneras bastante extrañas.

Incluso mientras dormimos.

 

A veces el deseo no grita.
A veces sueña.