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LOS ESCRITOS DE DÉSIRÉE — HISTORIA 3 La primera sesión de fotos

LOS ESCRITOS DE DÉSIRÉE — HISTORIA 3

La primera sesión de fotos

Jimena llevaba tres días pensando en lo mismo.

Había elegido un nombre.

Había pensado qué quería mostrar.

Había sacado ropa del armario, cambiado de opinión y vuelto a guardarla.

Pero todavía no había hecho lo más sencillo.

Tomar una foto.

El sábado por la tarde decidió que ya era suficiente.

Ordenó un poco su habitación, acomodó las sábanas y movió una lámpara para buscar una luz que le gustara.

Después colocó el celular.

Lo miró.

Miró la cámara.

Volvió a mirar el celular.

—Bueno, Jimena. Ahora sí.

Se puso frente al espejo.

Probó una postura.

No le gustó.

Probó otra.

Tampoco.

Hizo una tercera y terminó riéndose de sí misma.

La primera fotografía salió movida.

La segunda tenía demasiada luz.

La tercera le pareció directamente horrible.

Jimena dejó caer el teléfono sobre la cama.

—Esto es mucho más difícil de lo que parece.

Pero después volvió a agarrarlo.

Y ahí ocurrió algo.

En lugar de buscar una fotografía perfecta, empezó a divertirse.

Probó distintos ángulos.

Cambió la iluminación.

Se soltó el pelo.

Después se lo recogió.

Cambió de conjunto.

Probó una fotografía sentada y después otra frente al espejo.

De repente ya no estaba pensando tanto en cómo se veía.

Estaba pensando en cómo quería verse.

Y esa diferencia le gustó.

Después de casi una hora, tenía decenas de fotografías.

No todas servían.

Algunas las descartó inmediatamente.

Otras le gustaron más de lo que esperaba.

Y hubo una, especialmente sencilla, que hizo que se quedara mirándola durante unos segundos.

No era la más producida.

No tenía la mejor iluminación.

Pero había algo en esa imagen que sentía muy suyo.

La guardó.

Después abrió una carpeta nueva en el teléfono.

La llamó:

“Mi contenido.”

Y sonrió.

Todavía no había publicado nada.

Pero por primera vez tenía algo que antes no tenía.

Material propio.

La fantasía detrás de la historia

La primera sesión rara vez sale como uno la imagina.

Hay fotos que no funcionan, poses que no convencen y momentos en los que uno siente que está haciendo todo mal.

Pero también aparece algo inesperado: empezar a descubrir qué imágenes realmente representan quién sos.

Para llevar la fantasía al juego

No hace falta buscar la fotografía perfecta.

A veces una sesión sirve justamente para experimentar: cambiar un look, probar una postura, jugar con la luz o descubrir un escenario diferente.

La mirada de Désirée

Jimena pensaba que esa tarde iba a aprender a sacarse fotos.

Pero terminó aprendiendo algo más.

A mirarse desde otro lugar.

La fotografía que finalmente eligió no era la más perfecta.

Era la que más se parecía a ella.

Y quizás ahí estaba empezando todo.

 

Así lo cuenta Désirée.

 

 

LOS ESCRITOS DE DÉSIRÉE — HISTORIA 4 El primer seguidor