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La sublimación: cuando el deseo encuentra otra forma de salir

Perfecto. Vamos con el Blog N.º 11 de Sigmund Freud.

Para seguir la lógica de la saga, después del complejo de Edipo podemos entrar en un concepto fundamental y muy interesante para Doctora Lust: la sublimación. Es una excelente manera de volver a conectar deseo, pulsiones y creatividad.

BLOG 11 — SIGMUND FREUD

La sublimación: cuando el deseo encuentra otra forma de salir

No todo deseo termina en la cama.

A veces termina en una obra de arte.

En una canción.

En un proyecto.

En una obsesión.

En una carrera.

En una pasión que nos consume durante años.

Freud llamó sublimación a uno de los posibles caminos mediante los cuales la energía de las pulsiones puede encontrar una forma de expresión diferente.

Y acá aparece una idea fascinante:

quizás no siempre necesitamos dejar de desear algo para poder transformarlo.


El deseo no siempre desaparece

Imaginemos que sentimos una energía enorme.

Queremos algo.

Nos apasiona algo.

Tenemos una necesidad intensa de expresarnos, crear, conquistar, descubrir o experimentar.

Pero esa energía no siempre encuentra una satisfacción directa.

Entonces puede desplazarse hacia otra actividad.

Freud pensaba que determinadas pulsiones podían encontrar una salida socialmente valorada a través de actividades como el arte, la investigación, el trabajo o la creación.

Eso es, simplificando mucho, la sublimación.

No se trata de eliminar el deseo.

Se trata de transformar su expresión.


Del deseo a la creación

Pensá en alguien que tiene una enorme necesidad de expresar lo que siente.

Puede escribir.

Pintar.

Componer música.

Crear una empresa.

Investigar.

Construir algo.

La energía que lo mueve puede terminar expresándose en una actividad completamente diferente de aquello que originalmente la provocaba.

Y ahí aparece una de las ideas más atractivas del concepto:

una pulsión puede cambiar de destino sin dejar de ser energía.


Pero sublimar no significa “reprimir”

Esta diferencia es importantísima.

La represión intenta mantener determinados contenidos fuera de la conciencia porque resultan conflictivos.

La sublimación, en cambio, implica encontrar una vía de expresión diferente.

Por eso no son exactamente lo mismo.

Podemos pensar:

Represión: “No quiero sentir esto.”

Sublimación: “¿Qué puedo hacer con toda esta energía?”

Una intenta mantener algo fuera.

La otra encuentra una nueva dirección.


¿Y qué tiene que ver esto con la sexualidad?

Muchísimo.

Porque nuestra sexualidad no vive aislada del resto de nuestra personalidad.

El deseo puede aparecer en nuestra imaginación, en nuestra creatividad, en nuestra manera de relacionarnos y hasta en nuestra necesidad de conquistar objetivos.

Pero hay que tener cuidado con una interpretación demasiado simplista.

No significa que:

“Si pintás, estás reprimiendo sexo.”

O:

“Si trabajás mucho, es porque tenés demasiada libido.”

No.

La sublimación es un concepto psicoanalítico mucho más complejo.

Y no todo lo que hacemos tiene que esconder una pulsión sexual detrás.


La energía del deseo puede cambiar de escenario

Quizás alguna vez te pasó.

Estabas atravesando una etapa de mucha intensidad emocional y empezaste a entrenar muchísimo.

O escribiste.

O empezaste un proyecto.

O te obsesionaste con aprender algo nuevo.

O transformaste una ruptura en una etapa de crecimiento personal.

No necesariamente significa que hayas “sublimado” en sentido freudiano.

Pero muestra algo muy humano:

las emociones intensas pueden movilizarnos hacia diferentes actividades.

A veces construimos.

A veces creamos.

A veces destruimos.

Y a veces hacemos algo completamente inesperado.


El deseo también puede alimentar nuestra creatividad

Para Freud, la energía libidinal podía participar en actividades que no eran directamente sexuales.

Esto ayudaba a explicar por qué algunas personas parecían canalizar una enorme intensidad emocional hacia la creación.

El artista obsesionado con su obra.

El científico que no puede dejar de investigar.

La persona que convierte una pasión en su profesión.

El escritor que transforma una experiencia dolorosa en una novela.

No necesariamente podemos reducir todo eso a la libido.

Pero la pregunta freudiana resulta interesante:

¿qué hacemos con toda la energía que sentimos?


No toda transformación es saludable

Y acá también hay que poner un límite.

Transformar una emoción en productividad no siempre significa haberla procesado.

Podemos trabajar muchísimo para no pensar.

Entrenar compulsivamente para no sentir.

Mantenernos permanentemente ocupados para evitar una emoción.

Crear sin parar para no detenernos.

Eso no necesariamente es sublimación.

A veces es simplemente evitación.

Por eso no se trata de convertir cada conflicto en una oportunidad de productividad.

También necesitamos poder sentir.

Descansar.

Hablar.

Aceptar.

Procesar.


¿Podemos transformar el deseo sin negarlo?

Esta es quizás la parte más interesante.

Podemos tener una fantasía y no realizarla.

Podemos sentir una atracción y elegir qué hacer con ella.

Podemos atravesar una frustración y convertir esa energía en algo creativo.

Podemos sentir una intensidad enorme y utilizarla para construir algo.

Pero eso no significa que debamos transformar absolutamente todo.

Hay deseos que simplemente podemos reconocer.

Hay emociones que necesitamos vivir.

Y hay impulsos que necesitan límites.

La libertad también consiste en poder elegir qué hacemos con nuestra energía.


La sexualidad no tiene que desaparecer para que exista autocontrol

A veces pensamos que tener una sexualidad consciente significa controlar constantemente nuestros deseos.

Pero quizás sea todo lo contrario.

Podemos reconocer que deseamos.

Aceptar que tenemos fantasías.

Admitir que sentimos atracción.

Y al mismo tiempo elegir cómo queremos vivir esas experiencias.

No necesitamos negar nuestro deseo para tener límites.

No necesitamos sentir culpa para tener responsabilidad.

Y tampoco necesitamos satisfacer cada impulso para sentirnos libres.

Conocer el deseo nos permite decidir qué lugar queremos darle.


La sublimación también puede ser una forma de libertad

Porque si entendemos que una emoción intensa puede tener diferentes caminos, dejamos de pensar en términos de:

“Lo hago o lo reprimo.”

Existe una tercera posibilidad:

lo transformo.

No siempre.

No con todo.

No necesariamente.

Pero a veces una experiencia puede convertirse en algo nuevo.

Una frustración puede convertirse en una obra.

Una obsesión puede convertirse en conocimiento.

Una pasión puede convertirse en una profesión.

Una experiencia puede convertirse en una historia.

Y un deseo puede convertirse en una pregunta sobre nosotros mismos.


Quizás el verdadero desafío sea no perder de vista el deseo original

Transformar no significa olvidar.

Podemos crear algo hermoso a partir de una experiencia y, al mismo tiempo, reconocer que detrás había dolor.

Podemos convertir una pasión en trabajo y admitir que también necesitábamos reconocimiento.

Podemos escribir sobre una relación y aceptar que todavía nos moviliza.

El autoconocimiento aparece cuando podemos mirar ambas cosas.

Lo que hacemos con nuestra energía y lo que originalmente la puso en movimiento.


Y acá Freud vuelve a incomodarnos

Porque nos obliga a preguntarnos algo que no siempre queremos responder:

¿Qué hacemos con aquello que deseamos cuando no podemos, no queremos o no debemos satisfacerlo directamente?

Podemos negarlo.

Podemos reprimirlo.

Podemos actuar impulsivamente.

O podemos encontrar otra forma de expresarlo.

La sublimación representa justamente esa posibilidad.

No convertir el deseo en enemigo.

Sino encontrarle otro lenguaje.


🖤 La pregunta de Doctora Lust

Hay algo dentro tuyo que tiene mucha energía.

Una pasión.

Una fantasía.

Una necesidad.

Una emoción.

Un deseo.

Y quizás la pregunta no sea solamente:

“¿Cómo hago para dejar de sentir esto?”

Sino:

“¿Qué podría crear con toda esta energía?”

Porque a veces el deseo no necesita desaparecer.

Necesita encontrar otro camino.

Y quizás una de las formas más interesantes de libertad sea descubrir que no todo lo que sentimos tiene que terminar en una acción.

Algunas cosas pueden transformarse.

En placer.

En creatividad.

En conocimiento.

En arte.

En una nueva versión de nosotros mismos.

El deseo no siempre pide ser satisfecho.
A veces pide ser transformado.