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SWINGING Cuando explorar con otras personas también puede ser una experiencia de pareja

DOCTORA LUST

12 TENDENCIAS QUE ESTÁN CAMBIANDO EL SEXO

02/12 — SWINGING

Cuando explorar con otras personas también puede ser una experiencia de pareja


1. ¿Qué es realmente el swinging?

Cuando escuchamos la palabra swinging, probablemente aparecen rápidamente algunas imágenes en nuestra cabeza.

Parejas intercambiándose.

Fiestas.

Sexo grupal.

Personas que se conocen para tener encuentros sexuales.

Pero el swinging es bastante más amplio que esa representación popular.

En términos generales, se utiliza para describir una modalidad de no monogamia consensuada en la que parejas mantienen encuentros sexuales con otras personas o parejas, generalmente como una experiencia compartida o acordada dentro de la relación. La literatura científica distingue el swinging de otras formas de no monogamia precisamente porque suele estar centrado en la dimensión sexual y en experiencias compartidas, más que en la construcción de vínculos románticos múltiples.

Y hay una palabra que vuelve a aparecer:

consensuado.

Porque sin consentimiento no hablamos de swinging.

Hablamos de infidelidad.


2. ¿Swinging es lo mismo que una relación abierta?

No necesariamente.

Y esta es una de las primeras diferencias que conviene entender.

En una relación abierta, una pareja puede acordar que cada integrante tenga encuentros sexuales fuera de la relación, incluso de manera individual.

En el swinging, en cambio, suele existir una dimensión mucho más compartida: la pareja puede explorar conjuntamente encuentros sexuales con otras personas o parejas.

Eso no significa que todas las parejas swingers funcionen exactamente igual.

Algunas participan siempre juntas.

Otras permiten experiencias individuales bajo determinados acuerdos.

Algunas buscan exclusivamente otras parejas.

Otras pueden incorporar personas solteras.

Algunas buscan encuentros ocasionales.

Otras construyen una vida social alrededor de esta práctica.

Por eso, igual que sucede con la no monogamia en general, no existe un único manual de swinging.

Existen acuerdos.

Y esos acuerdos cambian de pareja en pareja.


3. ¿Entonces el swinging se trata solamente de sexo?

En gran medida, sí: la dimensión sexual ocupa un lugar central.

Pero reducirlo únicamente al acto sexual también puede ser demasiado simplista.

Para algunas parejas, la experiencia tiene que ver con compartir una fantasía.

Para otras, con explorar nuevas sensaciones.

Para otras, con incorporar variedad a su vida sexual.

Para otras, con descubrir qué sienten al ver a su pareja interactuar con otra persona.

Y para otras puede existir incluso una dimensión social: conocer personas con intereses similares, asistir a eventos o formar parte de comunidades donde este tipo de acuerdos son conocidos y aceptados.

Por eso, quizás una pregunta más interesante que:

“¿Con cuántas personas tienen sexo?”

sea:

“¿Qué experiencia están intentando construir juntos?”


4. ¿Por qué una pareja puede sentirse atraída por el swinging?

No existe una única razón.

Y sería un error asumir que todas las parejas llegan al swinging porque tienen problemas sexuales.

Una pareja puede sentirse satisfecha y, al mismo tiempo, tener curiosidad por explorar.

Puede querer salir de la rutina.

Puede compartir una fantasía desde hace años.

Puede disfrutar de la novedad.

Puede sentir curiosidad por experimentar juntos.

Puede encontrar excitante la idea de observar a su pareja.

Puede disfrutar de conocer personas nuevas dentro de un contexto consensuado.

O simplemente puede descubrir que la exclusividad sexual no es una necesidad para construir su vínculo.

La investigación sobre no monogamia consensuada muestra justamente que existen diferentes motivaciones y configuraciones, y que no es correcto asumir automáticamente que estas relaciones tienen peor calidad que las monógamas. Una revisión amplia publicada en Current Opinion in Psychology encontró que las medidas de calidad de relación no muestran, en general, grandes diferencias entre personas monógamas y personas en relaciones consensualmente no monógamas.

Y una meta-análisis publicada en 2025, con 35 estudios y 24.489 participantes, tampoco encontró diferencias globales significativas en satisfacción de pareja o satisfacción sexual entre personas monógamas y no monógamas.

Eso no significa que el swinging sea “mejor”.

Significa algo mucho más importante:

no existe una única estructura de pareja que garantice la felicidad.


5. El gran protagonista: el acuerdo

Acá está probablemente el corazón de este capítulo.

Porque el swinging no consiste en:

“Hagamos lo que queramos.”

Consiste en:

“Decidamos juntos qué queremos hacer.”

Y la diferencia es enorme.

Antes de explorar, una pareja puede necesitar conversar sobre cuestiones que quizá nunca había hablado.

¿Con quién?

¿Dónde?

¿Juntos o separados?

¿Queremos conocer previamente a la otra persona?

¿Queremos volver a verla?

¿Hay cosas que están permitidas y otras que no?

¿Qué pasa si aparece una conexión emocional?

¿Queremos contarnos todo?

¿Preferimos determinados límites de información?

¿Qué hacemos si alguno cambia de opinión?

¿Qué ocurre si uno disfruta mucho más que el otro?

No existe un acuerdo universal.

Pero sí existe una regla fundamental:

el acuerdo tiene que ser libre, informado y reversible.

Si cualquiera de los dos puede decir “no quiero seguir” y esa decisión no es respetada, el acuerdo dejó de funcionar.


6. ¿Y los celos?

Acá tenemos uno de los puntos más interesantes para Doctora Lust.

Porque mucha gente piensa:

“Si veo a mi pareja con otra persona, seguramente me muero de celos.”

Y puede ocurrir.

Por supuesto que puede.

El swinging no convierte mágicamente a nadie en una persona inmune a los celos.

Pero tampoco significa que los celos sean necesariamente el final de la experiencia.

La literatura reciente sobre relaciones consensualmente no monógamas muestra que la comunicación explícita sobre los celos, la regulación de esas emociones y la negociación de acuerdos forman parte importante de cómo algunas personas sostienen estos vínculos. Un estudio internacional publicado en 2026 identificó precisamente prácticas como hablar abiertamente de los celos, comunicar atracciones externas, cuidar la salud sexual y establecer acuerdos como componentes relevantes del mantenimiento de relaciones no monógamas.

Por eso, una pregunta interesante no sería:

“¿Sentís celos?”

Sino:

“¿Qué hacés cuando aparecen?”


7. El fenómeno de la compersión

Existe incluso un concepto que suele aparecer en las conversaciones sobre no monogamia:

compersión.

Se utiliza para describir una sensación de alegría o satisfacción al saber que la pareja está disfrutando de una experiencia con otra persona.

Es, de alguna manera, el reverso de los celos.

Pero atención:

no es obligatorio sentir compersión para practicar swinging.

Una persona puede experimentar curiosidad, excitación, nervios, inseguridad, celos y placer al mismo tiempo.

Las emociones humanas no vienen ordenadas.

Y quizás uno de los errores más frecuentes sea pensar que hay que sentirse de una determinada manera para “hacerlo bien”.

No existe una emoción correcta.

Existe la necesidad de poder hablar honestamente de lo que está pasando.


8. ¿Swinging significa que la pareja se ama menos?

No.

Y este es uno de los prejuicios más frecuentes.

La idea de que:

“Si mi pareja quiere estar con otra persona, entonces yo no le alcanzo”

mezcla dos conceptos diferentes:

amor y exclusividad sexual.

Una persona puede amar profundamente a su pareja y sentir deseo sexual por otras personas.

De hecho, el deseo hacia otras personas no desaparece necesariamente cuando comenzamos una relación.

Lo que cambia en una pareja swinger es qué significado le dan a ese deseo y qué hacen con él.

Para algunas parejas, el deseo externo representa una amenaza.

Para otras, puede ser una experiencia que se conversa y se integra dentro de determinados límites.

Ninguna de las dos opciones es automáticamente superior.


9. ¿Y si uno quiere y el otro no?

Este punto debería quedar muy claro.

No hay swinging si uno de los dos está siendo presionado.

“Si me amaras, lo harías.”

“Todos lo están haciendo.”

“Si no aceptás, voy a buscar a alguien más.”

“Probemos y después vemos.”

Eso no es consentimiento libre.

Una pareja puede conversar sobre una fantasía.

Puede explorarla.

Puede cambiar de opinión.

Puede descubrir que no le gusta.

Puede detenerse.

Puede decidir que nunca quiere hacerlo.

Y todas esas opciones son perfectamente válidas.

Porque una práctica sexual solamente es saludable dentro de una relación cuando todas las personas involucradas pueden elegirla sin miedo, presión o manipulación.


10. Seguridad sexual: el placer también necesita responsabilidad

Hay otro aspecto que muchas veces queda relegado cuando se habla de swinging:

la salud sexual.

Cuando aumentan las parejas o los encuentros sexuales, también adquiere mayor importancia conversar sobre prevención de ITS, pruebas, barreras, vacunación cuando corresponda y comunicación sobre salud sexual.

No es la parte más sexy de la conversación.

Pero sí es una de las más importantes.

Y justamente ahí aparece una idea que atraviesa toda esta saga:

el consentimiento no es el único acuerdo que importa.

También existen acuerdos sobre cuidado.


11. Los grandes mitos del swinging

MITO 1: “Todos los swingers tienen relaciones grupales.”

No necesariamente.

Las experiencias y acuerdos son muy diversos.

MITO 2: “Las parejas swingers no sienten celos.”

Falso.

Los celos pueden aparecer y forman parte de las conversaciones que muchas parejas necesitan aprender a gestionar.

MITO 3: “Una pareja que practica swinging tiene problemas.”

No existe evidencia que permita afirmar eso como regla general.

MITO 4: “Si empezás, después no podés parar.”

Incorrecto.

Un acuerdo puede modificarse o terminarse.

MITO 5: “Swinging y poliamor son lo mismo.”

No.

Aunque ambos pueden formar parte del paraguas de la no monogamia consensuada, el swinging suele centrarse principalmente en experiencias sexuales compartidas, mientras que el poliamor puede incluir vínculos románticos y afectivos múltiples.

MITO 6: “Si acepto que mi pareja esté con otra persona, entonces no me importa.”

Tampoco.

Aceptar una estructura no significa ausencia de sentimientos.


12. ¿Qué está cambiando entonces?

Y acá volvemos al concepto central de nuestra saga.

El swinging no es nuevo.

Lo que está cambiando es la posibilidad de hablar de él abiertamente.

Durante mucho tiempo, determinadas prácticas sexuales permanecieron ocultas, asociadas al secreto, al tabú o a determinados estereotipos.

Hoy existe mayor disponibilidad de información, comunidades, espacios de encuentro y lenguaje para hablar sobre diferentes formas de no monogamia.

Eso no significa que todo el mundo quiera practicarla.

Ni que sea necesariamente una evolución respecto de la monogamia.

Significa que hay más personas preguntándose qué tipo de relación quieren construir.

Y esa pregunta, por sí sola, ya representa un cambio cultural.


13. La mirada de Doctora Lust

Yo cerraría este segundo capítulo con una idea un poco provocadora:

“El swinging no empieza cuando entra una tercera persona. Empieza mucho antes: cuando dos personas se animan a hablar honestamente sobre lo que desean.”

Porque quizás el verdadero desafío no sea compartir el cuerpo.

Quizás sea compartir la conversación.

Decir:

“Esto me excita.”

“Esto me da miedo.”

“Esto sí.”

“Esto no.”

“Esto quiero probarlo.”

“Esto prefiero no hacerlo.”

Y poder escuchar exactamente lo mismo del otro lado.

Porque una pareja puede explorar muchísimo y seguir teniendo límites.

Puede abrir una puerta y decidir hasta dónde quiere entrar.

Puede experimentar y después volver atrás.

Y puede descubrir que la fantasía era más interesante que llevarla a la realidad.

No existe una forma correcta de vivir el deseo.

Existe una forma correcta de tratar a las personas con las que decidimos compartirlo:

con consentimiento, comunicación, cuidado y respeto.