Doble penetración vaginal: todo lo que hay que saber sobre esta práctica sexual
Doble penetración vaginal: hablar de una fantasía también es hablar de salud sexual
Hay fantasías sexuales que aparecen de manera inesperada.
Algunas permanecen simplemente en la imaginación. Otras despiertan curiosidad y llevan a una pareja a preguntarse si realmente quiere explorarlas. Y también existen fantasías que pueden generar dudas, vergüenza o incluso temor a ser juzgados.
La doble penetración vaginal puede encontrarse entre ellas.
Más allá de lo que pueda mostrar la pornografía o de las representaciones que circulan en internet, es importante comprender que una fantasía sexual no viene acompañada de un manual universal ni significa que todas las personas quieran llevarla a la práctica.
Por eso, antes de preguntarnos “¿cómo se hace?”, hay preguntas mucho más importantes:
¿Realmente queremos hacerlo? ¿Qué espera cada persona? ¿Qué límites existen? ¿Qué riesgos conocemos? ¿Y qué hacemos si alguien cambia de opinión?
La sexualidad responsable comienza mucho antes del encuentro sexual.
¿Qué es la doble penetración vaginal?
El término suele utilizarse para describir una práctica en la que existe penetración vaginal simultánea por dos personas o mediante dos elementos penetrantes.
Pero una definición médica no alcanza para explicar la realidad emocional de una práctica sexual.
Puede aparecer como fantasía individual, como curiosidad dentro de una pareja o dentro de una experiencia sexual con más de dos participantes.
Y acá aparece una primera diferencia fundamental:
fantasear con algo no significa necesariamente querer hacerlo.
Una persona puede sentirse excitada por una fantasía y, al mismo tiempo, no querer experimentarla en la vida real.
Eso es completamente válido.
¿Por qué puede resultar atractiva como fantasía?
Las fantasías sexuales no siempre representan deseos literales.
A veces funcionan como una combinación de curiosidad, novedad, intensidad, transgresión, imaginación o deseo de experimentar una situación diferente.
También pueden estar relacionadas con el interés por incorporar una tercera persona a la dinámica de pareja, explorar una situación de voyeurismo, compartir una experiencia nueva o simplemente imaginar una situación que rompe con la rutina.
No existe una única explicación.
Y tampoco existe una interpretación psicológica automática.
Que una persona tenga esta fantasía no significa que tenga un problema, que esté insatisfecha con su pareja o que necesariamente quiera tener relaciones con otras personas.
Fantasía y realidad no son lo mismo
Este probablemente sea uno de los conceptos más importantes de todo el artículo.
La fantasía tiene algo que la realidad no tiene: control absoluto sobre el escenario.
En la imaginación podemos detener una situación, modificarla, cambiar a los participantes o simplemente pasar a otra fantasía.
En la vida real aparecen cuerpos, emociones, límites, inseguridades, celos, sensaciones físicas y decisiones compartidas.
Por eso, una fantasía puede resultar maravillosa precisamente porque permanece en la imaginación.
Y eso también es sexualidad saludable.
¿Cómo hablarlo con tu pareja?
La conversación debería producirse fuera del momento sexual, cuando ambos puedan hablar tranquilos y sin presión.
No es lo mismo decir:
“Quiero que hagamos esto.”
que decir:
“Hay una fantasía que me genera curiosidad y me gustaría saber qué te provoca a vos.”
La segunda forma deja espacio para conversar.
La persona que escucha puede sentir curiosidad, entusiasmo, inseguridad o directamente rechazo.
Todas esas respuestas son posibles.
Y ninguna debería ser castigada.
Si la fantasía la tiene él
Un hombre puede tener miedo de que su pareja interprete la fantasía como una señal de insatisfacción o como algo que contradice su identidad sexual.
También puede existir temor a ser juzgado por expresar una fantasía que considera poco convencional.
Pero tener una fantasía no convierte automáticamente esa fantasía en una necesidad.
El deseo puede expresarse sin convertirse en una exigencia.
La conversación debería permitir que él pueda explicar qué le atrae de la idea y, al mismo tiempo, que su pareja pueda decir qué siente frente a ella.
Si la fantasía la tiene ella
Exactamente lo mismo puede suceder a la inversa.
Una mujer puede sentir curiosidad y tener miedo de que su pareja piense que “no le alcanza” la relación, que está buscando a otra persona o que quiere cambiar completamente la dinámica sexual.
Nada de eso puede asumirse automáticamente.
Una fantasía puede ser simplemente una fantasía.
La única manera de saber qué significa para esa persona es preguntarle y escucharla.
¿Y si uno quiere y el otro no?
Acá no hay negociación posible del consentimiento.
Si una persona no quiere participar, la respuesta debe ser respetada.
El consentimiento debe ser libre, informado, específico y reversible. Además, puede retirarse en cualquier momento.
Una pareja saludable puede hablar de una fantasía sin convertirla en una obligación.
De hecho, poder decir “no quiero hacerlo, pero puedo hablar sobre lo que te genera” también puede fortalecer la intimidad.
¿Qué pasa con los celos?
Cuando aparece una tercera persona, pueden aparecer emociones que la pareja no había previsto.
Celos.
Inseguridad.
Comparaciones.
Miedo a perder protagonismo.
Temor a que la experiencia genere deseo hacia otra persona.
Incluso puede suceder que alguien imagine una experiencia de determinada manera y, una vez enfrentado a la realidad, descubra que emocionalmente no se siente cómodo.
Por eso es importante conversar previamente sobre qué significa la experiencia para cada integrante de la pareja.
No solamente qué quieren hacer, sino también qué cosas no quieren que sucedan.
¿Es una señal de bisexualidad?
No necesariamente.
Este punto merece especial atención porque una fantasía o una práctica sexual no determina automáticamente la orientación sexual de una persona.
Una persona puede tener una fantasía con alguien de su mismo sexo, experimentar una situación determinada o sentir curiosidad y no identificarse como bisexual.
La orientación sexual tiene que ver con los patrones de atracción de una persona y no puede determinarse a partir de una única experiencia.
Al mismo tiempo, una fantasía puede llevar a alguien a descubrir que siente una atracción que antes no había reconocido.
Si eso sucede, tampoco es necesario ponerse una etiqueta inmediatamente.
Explorar lo que uno siente puede llevar tiempo.
La pornografía no es un manual de educación sexual
Este punto debería ocupar un lugar importante en una columna de Doctora Lust.
La pornografía puede presentar determinadas prácticas como si fueran sencillas, espontáneas y sin consecuencias.
Pero una producción audiovisual está diseñada para mostrar una escena.
No para enseñar anatomía, consentimiento, comunicación ni prevención de infecciones.
Una práctica que aparece en pantalla no necesariamente representa lo que es cómodo, seguro o apropiado para una persona real.
El cuerpo real tiene límites que la ficción no siempre muestra.
¿Qué riesgos hay que considerar?
Toda práctica sexual que implique contacto genital puede implicar exposición a infecciones de transmisión sexual.
Las ITS pueden transmitirse mediante diferentes tipos de contacto sexual, incluso cuando no existe eyaculación. El uso de barreras reduce el riesgo y las pruebas de ITS son importantes porque muchas infecciones pueden no producir síntomas.
En una situación con más de una persona, además, la prevención requiere todavía más atención porque existen más posibilidades de intercambio de fluidos y contacto entre diferentes cuerpos.
Por eso, antes de una experiencia sexual de este tipo es importante hablar sobre:
- pruebas recientes de ITS;
- estado de salud sexual;
- uso de barreras;
- anticoncepción cuando exista posibilidad de embarazo;
- límites personales;
- qué prácticas están permitidas y cuáles no;
- y qué hacer si alguien quiere detenerse.
El dolor no debería interpretarse como algo que hay que soportar
La incomodidad o el dolor no deberían convertirse en una prueba de resistencia.
Si aparece dolor, sangrado o una lesión, la actividad debería detenerse y valorarse la situación.
El sangrado después del sexo puede tener distintas causas y, aunque no siempre indica un problema grave, el NHS recomienda consultar a un profesional sanitario ante sangrado vaginal después de las relaciones sexuales.
El placer nunca debería depender de ignorar las señales del cuerpo.
La importancia de las barreras y la higiene sexual
Cuando participan varias personas, la prevención debe pensarse antes de comenzar.
Los preservativos y otras barreras pueden reducir el riesgo de transmisión de ITS. También es importante evitar trasladar fluidos entre diferentes zonas del cuerpo o entre personas sin cambiar o limpiar adecuadamente las barreras o juguetes utilizados.
Planned Parenthood recomienda utilizar barreras durante las relaciones vaginales, anales u orales y cambiar el preservativo de los juguetes sexuales antes de que estos entren en contacto con otra persona.
No se trata de eliminar la espontaneidad.
Se trata de incorporar el cuidado a la experiencia.
¿Hay que hacerlo si la fantasía excita mucho?
No.
Una fantasía puede cumplir perfectamente su función sin convertirse nunca en una experiencia real.
Y existe una diferencia enorme entre:
“Me excita imaginarlo.”
y
“Quiero hacerlo.”
Incluso puede existir una tercera posibilidad:
“Quiero hablar sobre ello, pero todavía no sé si quiero experimentarlo.”
No hay ninguna necesidad de saltar directamente de la fantasía a la práctica.
¿Y si después de hablarlo decidimos que no?
También puede ser una excelente decisión.
Una pareja puede descubrir que la fantasía les resulta excitante como conversación o juego imaginario, pero que no desean incorporar a una tercera persona a su vida sexual.
Eso no significa que hayan fracasado.
Significa que descubrieron juntos un límite.
Y conocer los límites de una pareja también forma parte de una sexualidad saludable.
Las preguntas que deberían hacerse antes
Antes de tomar cualquier decisión, una pareja puede preguntarse:
¿Los dos queremos realmente esto?
¿Qué nos atrae de la fantasía?
¿Qué cosas nos generarían celos?
¿Qué límites serían innegociables?
¿Qué pasaría si uno de nosotros cambia de opinión?
¿Estamos preparados emocionalmente para incorporar a otra persona?
¿Hablamos de prevención de ITS?
¿Estamos tomando esta decisión por deseo o por miedo a perder al otro?
Esta última pregunta es especialmente importante.
Nunca deberíamos aceptar una práctica sexual por miedo a que nuestra pareja se vaya.
El consentimiento no es una firma
El consentimiento no ocurre una sola vez.
Puede cambiar.
Puede comenzar como un “sí” y transformarse en un “no”.
Puede existir entusiasmo antes de una experiencia y aparecer incomodidad después.
Por eso, una pareja que decide explorar una fantasía necesita poder detenerse sin reproches.
El consentimiento sexual debe ser claro, libre y reversible.
Detenerse no arruina la experiencia. Es parte del cuidado.
Entonces, ¿es una práctica para todas las parejas?
No.
Y tampoco tiene que serlo.
La sexualidad no es una lista de experiencias que hay que completar.
No hay premios por experimentar más.
No existe una cantidad correcta de fantasías.
Y no existe una práctica que haga que una pareja sea más moderna, más abierta o más apasionada que otra.
Lo importante es que cada persona pueda conocer sus deseos y sus límites sin sentirse obligada a demostrar nada.
La verdadera pregunta no es “¿te animás?”
Quizás la pregunta más interesante sea:
“¿Qué significa esta fantasía para nosotros?”
Porque detrás de una fantasía puede haber curiosidad.
Puede haber deseo de novedad.
Puede haber ganas de compartir.
Puede haber una búsqueda de intensidad.
Puede haber preguntas sobre la propia sexualidad.
O puede simplemente haber una imaginación que resulta excitante.
No todo deseo necesita convertirse en una conducta.
Y no toda conducta necesita convertirse en una identidad.
Una sexualidad consciente empieza por poder hablar
Hablar de una práctica sexual poco convencional puede generar vergüenza.
Pero la vergüenza disminuye cuando existe información.
La información permite decidir.
Y decidir libremente permite construir una sexualidad mucho más consciente.
La doble penetración vaginal, como cualquier otra práctica sexual, no debería analizarse solamente desde la excitación.
También hay que hablar de consentimiento, comunicación, salud sexual, prevención, emociones, límites y respeto por el cuerpo.
Porque explorar la sexualidad no significa dejar de cuidarse.
Significa conocerse mejor.
Una reflexión de la Dra. Lust
“Las fantasías no tienen que avergonzarnos. Pueden ser una ventana hacia nuestra curiosidad, nuestros deseos y nuestras preguntas. Pero una fantasía no es una obligación y mucho menos una prueba de identidad. Antes de llevar cualquier deseo a la realidad, preguntate qué querés, por qué lo querés y, sobre todo, si todas las personas involucradas pueden decir que sí… o que no… con absoluta libertad.”
Hasta el próximo consejo,
Dra. Lust
Especialista en bienestar íntimo y sexual
* ¿Qué tipo de lubricante elegir según cada necesidad?
* ¿Cómo comunicar mis deseos y mis límites en el dormitorio?
* Mitos, preguntas y verdades sobre la doble penetración.
* ¿Qué es el BDSM? Guía para principiantes.
* ¿Me puedo convertir en adicta al vibrador?
* Cómo mejorar la comunicación sexual en pareja..
* Mitos y verdades sobre la penetración anal en el hombre.


