Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas. Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas. Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas. Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas. Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas.
La máscara

Blog 11/36 — Désirée

La máscara

La encontró sobre la mesa.

Negra.

De encaje.

Con dos cintas largas que caían a los costados.

Al lado había una pequeña tarjeta.

“Esta noche no seas vos.”

La tomó entre sus manos.

La miró.

Y sonrió.

Había algo extraño en aquella frase.

No le pedía que ocultara quién era.

Le proponía descubrir quién podía ser durante unas horas.

El personaje

Él estaba esperándola en la otra habitación.

—¿Qué significa esto? —preguntó ella.

—Que esta noche podés elegir un personaje.

—¿Y vos?

—Yo también.

Ella volvió a mirar la máscara.

—¿Y quién soy?

Él negó con la cabeza.

—Eso lo decidís vos.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Por primera vez, ella no tuvo que seguir ninguna instrucción.

Podía inventar las reglas.

Podía elegir.

Podía decidir cuánto quería mostrar y cuánto quería guardar.

Se colocó la máscara.

Y algo cambió.

No en su cuerpo.

En su manera de mirar.

Un nombre nuevo

—¿Cómo te llamás? —preguntó él.

Ella tardó unos segundos en responder.

—Esta noche no tengo el mismo nombre.

—¿Entonces?

Ella sonrió.

—Todavía no lo decidí.

Él entendió.

El juego acababa de empezar.

Durante un rato hablaron como dos personas que acababan de conocerse.

No había pasado compartido.

No había rutina.

No había obligaciones.

Solo dos personajes descubriendo qué podía ocurrir.

Y esa distancia imaginaria les permitió acercarse de una manera diferente.

El poder de interpretar

Ella descubrió que interpretar un personaje podía resultar liberador.

Podía ser más atrevida.

Más misteriosa.

Más segura.

Podía decir cosas que normalmente pensaba y nunca decía.

Él también cambió.

Y entonces comprendieron algo:

la máscara no había cambiado quiénes eran.

Había cambiado lo que se permitían imaginar.

Cambiar las reglas

Después de un rato, ella se quitó la máscara.

Él pensó que el juego había terminado.

Pero ella la dejó sobre la mesa y tomó otra tarjeta.

—Ahora cambiamos.

—¿Cambiamos qué?

—Todo.

Esta vez sería él quien interpretaría el personaje que ella eligiera.

Ella sonrió.

—Ahora mando yo.

Él aceptó.

Y ahí apareció una de las partes más interesantes del juego:

el poder podía cambiar de manos.

No había un ganador.

No había un personaje permanente.

Había dos personas que podían intercambiar los papeles cuando quisieran.

Lo que la máscara permitió decir

Más tarde, sentados nuevamente frente a frente, hablaron sobre lo que había ocurrido.

Algunas cosas les habían resultado divertidas.

Otras inesperadas.

Y algunas les habían permitido descubrir deseos que nunca habían conversado.

—¿Sabés qué fue lo mejor? —dijo ella.

—¿Qué?

—Que podía quitarme la máscara en cualquier momento.

Él asintió.

Porque esa era la verdadera diferencia.

El personaje podía tener reglas.

La persona no.

Cuando termina la historia

La máscara volvió a quedar sobre la mesa.

Ya no tenía misterio.

Era solamente un objeto.

Pero para ellos había adquirido otro significado.

Ahora sabían que podían utilizarla para entrar en una historia.

Para cambiar de personaje.

Para jugar con el control.

Para entregarlo.

Para recuperarlo.

Y, sobre todo, para descubrir nuevas formas de mirarse.

Ella tomó la máscara una última vez.

—¿La guardamos?

Él sonrió.

—¿Para otra noche?

Ella negó con la cabeza.

—Para cuando volvamos a necesitar olvidarnos un rato de quiénes somos.

Se miraron.

Y ella agregó:

—Aunque siempre sepamos perfectamente quiénes somos cuando termina el juego.


La fantasía detrás de la historia

Los juegos de roles pueden permitir que una pareja explore diferentes formas de expresarse.

Una máscara, un nombre ficticio o una historia pueden ayudar a crear distancia de la rutina y abrir espacio para la imaginación.

No necesitamos convertirnos realmente en otra persona.

Solamente necesitamos permitirnos interpretarla durante un rato.

Y como en todo juego íntimo, los límites siguen perteneciendo a las personas reales detrás de los personajes.

Continuá la saga

← Blog 10 — Doctora Lust: Control y entrega: el deseo de cambiar de personaje

Blog 11 — Désirée: La máscara

 

→ Blog 12 — Denise: Jugá a cambiar los roles