La vagina y el placer: sensibilidad y estimulación sexual
Capítulo 3 — Sentirla
En los dos primeros capítulos conocimos la anatomía de la vagina y aprendimos qué ocurre en el cuerpo cuando aparece la excitación.
Ahora llegamos a una pregunta que probablemente sea la más interesante de todas:
¿Dónde está el placer?
La respuesta no es tan sencilla como señalar una única parte del cuerpo.
El placer sexual es una experiencia que combina sensibilidad física, excitación, emociones, contexto, imaginación y conexión. Y cuando hablamos de la vagina y de los genitales femeninos, entender esta diferencia resulta fundamental.
La vagina no funciona como un botón de placer
Uno de los grandes mitos alrededor de la sexualidad es imaginar que existe un único punto que, al ser estimulado de determinada manera, debería producir placer automáticamente.
La realidad es bastante más compleja.
La sensibilidad no está distribuida de la misma manera por toda la anatomía genital. Algunas estructuras tienen una concentración mucho mayor de terminaciones nerviosas que otras.
Y además, cada persona puede experimentar las sensaciones de manera diferente.
Lo que para una persona resulta muy agradable puede ser indiferente para otra.
Y eso no significa que ninguna de las dos esté haciendo algo mal.
El clítoris: protagonista del placer genital
Cuando hablamos de placer, es imposible no hablar del clítoris.
Durante mucho tiempo, la educación sexual y la cultura popular lo redujeron a una pequeña estructura visible. Pero el clítoris es mucho más extenso y complejo.
Su función conocida está relacionada principalmente con el placer sexual y posee una elevada sensibilidad.
Durante la excitación, aumenta el flujo sanguíneo en esta zona y pueden producirse cambios en su tamaño y sensibilidad.
Por eso, entender el placer genital requiere mirar más allá de la penetración vaginal.
La penetración puede formar parte del placer, pero no es sinónimo de placer.
¿Y las famosas “zonas erógenas”?
Las zonas erógenas son áreas del cuerpo que pueden generar sensaciones sexuales agradables cuando reciben determinados estímulos.
Y no están limitadas a los genitales.
Cuello, espalda, orejas, pecho, abdomen, muslos y muchas otras partes del cuerpo pueden adquirir una dimensión erótica dependiendo de la persona y del contexto.
Esto nos demuestra algo importante:
el órgano sexual más complejo también es el cerebro.
Una caricia puede resultar excitante en un momento y completamente indiferente en otro.
El contexto importa.
La confianza importa.
El deseo importa.
La manera en que interpretamos lo que estamos sintiendo también importa.
El placer no tiene una fórmula universal
No existe una técnica que funcione exactamente igual para todas las personas.
Tampoco existe una velocidad correcta.
Ni una intensidad obligatoria.
Ni una cantidad determinada de estimulación que una persona “debería” necesitar.
El placer es individual.
Por eso, aprender a sentir el cuerpo implica prestar atención a las propias respuestas.
¿Qué resulta agradable?
¿Qué genera incomodidad?
¿Qué intensidad se disfruta?
¿Qué ritmo funciona?
¿Qué hace que el deseo aumente?
Son preguntas mucho más útiles que intentar copiar una supuesta técnica perfecta.
La sensibilidad también puede cambiar
La sensibilidad genital no permanece necesariamente igual durante toda la vida.
Puede variar según la excitación, las hormonas, el ciclo menstrual, el estrés, el cansancio, determinados medicamentos y otras circunstancias.
Incluso durante un mismo encuentro sexual puede cambiar.
Algo que inicialmente resulta agradable puede volverse demasiado intenso después de cierto tiempo.
Y algo que al principio parecía indiferente puede resultar placentero cuando aumenta la excitación.
Escuchar esas variaciones es parte del placer.
¿Más intensidad significa más placer?
No necesariamente.
Este es otro error frecuente.
La idea de que para aumentar el placer hay que aumentar constantemente la intensidad puede llevar justamente al efecto contrario.
El cuerpo tiene diferentes niveles de sensibilidad.
A veces una estimulación suave puede resultar mucho más agradable que una intensa.
En otras ocasiones ocurre al revés.
La clave está en descubrir qué funciona para cada persona y poder comunicarlo.
El placer también necesita comunicación
Hablar durante una experiencia sexual no significa necesariamente romper el clima.
Puede ser exactamente lo contrario.
Decir:
“Más despacio.”
“Así está bien.”
“Un poco más suave.”
“Ahí me gusta.”
también es una forma de intimidad.
La comunicación permite que dos personas puedan ajustar la experiencia en función de lo que realmente están sintiendo.
Y no hace falta tener un vocabulario perfecto.
A veces alcanza con escuchar y prestar atención.
¿Por qué algunas personas sienten placer con la penetración y otras no?
Porque la experiencia sexual es diferente para cada persona.
La penetración vaginal puede producir sensaciones agradables, pero su capacidad de generar placer no es igual en todas las personas.
La anatomía, la excitación, la lubricación, la estimulación externa, la posición, el contexto y muchos otros factores pueden influir.
Por eso, convertir la penetración en una especie de examen cuyo resultado debería ser siempre el orgasmo genera expectativas innecesarias.
El placer no tiene obligación de cumplir un guion.
Aprender a sentir también es aprender a conocerse
Conocer el cuerpo no significa memorizar una lista de zonas erógenas.
Significa desarrollar la capacidad de reconocer nuestras propias sensaciones.
Saber cuándo algo gusta.
Saber cuándo algo incomoda.
Saber cuándo queremos continuar.
Y saber cuándo queremos parar.
El autoconocimiento sexual no consiste en buscar una fórmula mágica.
Consiste en aprender el idioma particular de nuestro propio cuerpo.
Entonces, ¿qué nos llevamos de este capítulo?
Que el placer no está concentrado en un único lugar.
Que el clítoris tiene un papel fundamental en el placer genital.
Que existen múltiples zonas erógenas.
Que la sensibilidad cambia.
Que cada cuerpo responde de manera diferente.
Y que la comunicación puede ser tan importante como la estimulación.
Pero ahora que sabemos que el cuerpo puede sentir de muchas maneras, aparece otra cuestión:
¿Cuánto de lo que creemos saber sobre la vagina es realmente cierto?
Porque alrededor del cuerpo femenino se construyeron durante siglos una enorme cantidad de mitos, inseguridades y expectativas.
Y en nuestro próximo capítulo vamos a ponerlos bajo la lupa.
Capítulo 4 — Cuestionarla
Hasta el próximo consejo,
Doctora Lust
Especialista en bienestar íntimo y sexual


