¿Por qué a veces tenemos ganas de sexo y otras veces nada?
Hay días en los que una mirada alcanza para despertar el deseo. Y hay otros en los que la idea de tener sexo puede generar exactamente lo contrario: cero interés.
Y no, eso no significa necesariamente que haya un problema.
El deseo sexual no funciona como un interruptor que permanece siempre encendido. Cambia, sube, baja y, en determinados momentos, puede desaparecer temporalmente.
El problema aparece cuando creemos que deberíamos tener ganas siempre.
El deseo sexual no es constante
Muchas veces imaginamos que el deseo debería aparecer espontáneamente: “tengo ganas, busco a mi pareja y listo”.
Pero la realidad es bastante más compleja.
El deseo puede estar influenciado por el estado de ánimo, el estrés, el cansancio, la rutina, las preocupaciones, la calidad del vínculo, la autoestima y hasta por cómo estamos viviendo nuestro propio cuerpo.
Por eso, tener mucho deseo durante una etapa y poco durante otra no necesariamente significa que algo esté mal.
Somos personas, no máquinas expendedoras de libido.
El estrés puede apagar bastante la fiesta
Cuando estamos preocupados, cansados o atravesando una etapa de mucho estrés, el cuerpo tiene otras prioridades.
Trabajo, problemas económicos, responsabilidades familiares, falta de descanso o simplemente tener la cabeza llena pueden hacer que el sexo pase varios puestos hacia abajo en nuestra lista de prioridades.
Y esto es importante: no siempre es falta de atracción.
A veces simplemente estamos agotados.
Es difícil sentirse especialmente sensual cuando nuestra cabeza está haciendo una lista mental de veinte cosas pendientes.
También puede ocurrir lo contrario
Hay momentos en los que el deseo aparece con muchísima fuerza.
Una etapa de tranquilidad, una novedad, sentirse atractivo, reencontrarse con alguien, recuperar confianza o simplemente estar de buen humor pueden aumentar las ganas de tener sexo.
Por eso comparar nuestro deseo actual con el de otra época puede resultar engañoso.
Quizás no perdimos nuestra sexualidad.
Quizás simplemente estamos atravesando otra etapa.
¿Y si tengo ganas de sexo pero mi pareja no?
También puede suceder que las dos personas tengan niveles de deseo diferentes.
Una persona puede querer tener relaciones varias veces por semana y la otra necesitar mucho más tiempo para sentirse predispuesta.
Eso no convierte automáticamente a ninguna de las dos en “fría” o “demasiado sexual”.
Significa que tienen ritmos diferentes.
Lo importante es poder hablarlo sin convertir el deseo en una obligación.
El sexo debería surgir del encuentro y del consentimiento, no de la presión.
¿Cuándo conviene prestar atención?
Que el deseo fluctúe es normal.
Pero si la falta de deseo aparece de manera persistente, genera malestar o representa un cambio importante respecto de cómo era nuestra sexualidad anteriormente, puede ser conveniente prestar atención.
También vale la pena considerar si existen otros factores involucrados, como determinados medicamentos, cambios hormonales, problemas de sueño, estrés prolongado, dificultades emocionales o situaciones dentro de la relación.
No se trata de buscar inmediatamente “qué está mal”.
Se trata de preguntarnos qué cambió.
Y una pregunta que muchas veces olvidamos
En lugar de preguntarnos:
“¿Por qué ya no tengo ganas?”
podemos empezar preguntándonos:
“¿Qué necesito para volver a tener ganas?”
Quizás necesitamos descansar.
Quizás necesitamos sentirnos más tranquilos.
Quizás necesitamos recuperar intimidad.
Quizás necesitamos hablar de algo que venimos evitando.
O quizás simplemente necesitamos dejar de exigirnos que el deseo aparezca cuando nosotros decidimos.
El consejo de la Doctora Lust
El deseo sexual tiene temporadas.
Hay momentos de mucho fuego y otros de una pequeña pausa.
No hay que asustarse cada vez que baja la intensidad. Pero tampoco hay que ignorar un cambio que permanece y nos genera malestar.
Escuchar al cuerpo, observar nuestro contexto y permitirnos hablar de sexualidad sin vergüenza suele ser un buen comienzo.
Porque tener una sexualidad saludable no significa tener ganas todo el tiempo.
Significa poder entender lo que nos pasa y sentirnos libres para vivir nuestra sexualidad sin presión.
Hasta el próximo consejo,
la Doctora Lust, especialista en bienestar íntimo.
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