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SITUATIONSHIPS Cuando el deseo existe, pero la etiqueta no

05/12 — SITUATIONSHIPS

Cuando hay deseo, intimidad y sexo… pero nadie sabe exactamente qué son

Me gusta porque introduce una tensión distinta: no necesariamente hay múltiples personas ni una relación abierta; hay dos personas que se vinculan, tienen intimidad, quizá sexo frecuente, pero evitan —o postergan— definir la relación.

Y además nos permite hablar de algo muy contemporáneo: las relaciones sin etiqueta.


DOCTORA LUST

12 TENDENCIAS QUE ESTÁN CAMBIANDO EL SEXO

05/12 — SITUATIONSHIPS

Cuando el deseo existe, pero la etiqueta no


1. ¿Qué es exactamente una situationship?

Imaginemos esto:

Se conocen.

Se gustan.

Se escriben.

Se ven.

Tienen sexo.

Duermen juntos.

Quizás salen a cenar.

Quizás pasan un fin de semana juntos.

Quizás conocen a algunos amigos del otro.

Hay cariño.

Hay intimidad.

Hay deseo.

Pero llega la pregunta:

“¿Qué somos?”

Y de repente aparece el silencio.

Eso es, simplificando, el territorio de las situationships: vínculos que tienen elementos propios de una relación romántica o sexual, pero que permanecen deliberadamente indefinidos o sin una etiqueta clara.

No necesariamente son relaciones casuales.

Y tampoco son necesariamente parejas.

Están en ese territorio intermedio donde la experiencia existe, pero la definición queda suspendida.


2. ¿Por qué se volvieron tan populares?

Porque las formas de vincularnos también cambiaron.

Las aplicaciones de citas, las redes sociales, la posibilidad de conocer personas fuera de nuestros círculos habituales y una mayor aceptación de diferentes modelos de relación han ampliado enormemente las posibilidades de conexión.

Pero también hicieron algo curioso:

aumentaron las posibilidades y complicaron las definiciones.

Antes, conocer a alguien, salir varias veces y comenzar una relación podía seguir un recorrido relativamente reconocible.

Hoy ese recorrido puede tener muchísimas variantes.

Podemos hablar durante semanas sin vernos.

Podemos tener sexo antes de considerarnos pareja.

Podemos vernos durante meses sin exclusividad.

Podemos tener una conexión emocional muy fuerte sin querer formalizarla.

Podemos decir “estamos viendo qué pasa”.

Y ese “qué pasa” puede durar bastante tiempo.


3. ¿Una situationship es lo mismo que una relación casual?

No necesariamente.

Una relación casual puede tener acuerdos bastante claros:

“Nos vemos para tener sexo y ninguno busca una relación.”

Eso, paradójicamente, puede ser muy claro.

En una situationship puede ocurrir exactamente lo contrario.

Hay más intimidad.

Más frecuencia.

Más emociones.

Más expectativas.

Pero menos definición.

Por eso, una situationship puede resultar mucho más confusa que una relación casual.

La pregunta no es solamente:

“¿Tenemos sexo?”

Sino:

“¿Qué significa para cada uno todo lo que ocurre alrededor de ese sexo?”


4. El problema no es no ponerle nombre

Y acá Doctora Lust tiene que hacer una aclaración importante.

No todas las relaciones necesitan una etiqueta.

Hay personas que están perfectamente cómodas diciendo:

“Estamos juntos, pero no necesitamos definirlo.”

Y puede funcionar.

El problema aparece cuando:

una persona cree que están construyendo una relación y la otra cree que solamente están pasando el rato.

Ahí no estamos ante una simple falta de etiqueta.

Estamos ante expectativas diferentes.

Y eso puede terminar generando ansiedad, frustración o sensación de rechazo.


5. La verdadera pregunta no es “¿qué somos?”

Quizás sea:

“¿Qué estamos construyendo?”

Porque dos personas pueden utilizar la misma etiqueta y querer cosas completamente diferentes.

“Novios” puede significar exclusividad para una persona.

Y no necesariamente para otra.

“Estamos saliendo” puede significar una relación en construcción.

O puede significar simplemente que se ven de vez en cuando.

“Amigos con derechos” puede tener límites clarísimos.

O límites completamente difusos.

Por eso, más que obsesionarnos con encontrar la palabra correcta, puede ser mucho más saludable conversar sobre:

  • qué queremos;
  • qué esperamos;
  • qué podemos ofrecer;
  • qué no queremos;
  • si existe exclusividad;
  • qué lugar ocupa el sexo;
  • qué ocurre si aparecen sentimientos.

6. ¿Y por qué tanta gente prefiere no definir?

Las razones pueden ser muy diferentes.

Algunas personas disfrutan de la libertad.

Otras no quieren comprometerse.

Algunas están saliendo de una relación.

Otras tienen miedo de volver a involucrarse emocionalmente.

Algunas quieren explorar su sexualidad.

Otras prefieren disfrutar del vínculo sin proyectarlo.

Y también puede ocurrir algo mucho más simple:

no saben todavía qué quieren.

No todo vínculo indefinido es producto de una estrategia.

A veces dos personas realmente están descubriendo qué sienten.

El problema aparece cuando esa incertidumbre se transforma en una situación unilateral.


7. Cuando “sin etiquetas” se convierte en “sin conversaciones”

Este es el punto crítico.

Una relación puede no tener etiqueta y ser absolutamente transparente.

Pero también puede ocurrir lo contrario:

“No hablemos de qué somos.”

“Dejemos que fluya.”

“No compliquemos las cosas.”

“¿Para qué ponerle nombre?”

Y mientras tanto, una persona empieza a involucrarse cada vez más.

Ahí aparece una contradicción.

Porque evitar la etiqueta no necesariamente evita las expectativas.

Las emociones no necesitan una etiqueta para aparecer.


8. Sexo sin definición: ¿es un problema?

No.

El sexo entre adultos consensuantes no necesita convertirse automáticamente en una relación.

Podemos tener sexo sin enamorarnos.

Podemos tener sexo y enamorarnos.

Podemos enamorarnos sin querer una relación.

Podemos querer una relación y no querer sexo.

No existe una secuencia universal.

Lo importante es que las personas involucradas entiendan qué está ocurriendo y puedan decidir libremente si quieren continuar.

El problema no es el sexo sin compromiso.

El problema es el compromiso implícito que nunca fue hablado.


9. ¿Qué pasa cuando uno se enamora?

Acá empieza la parte complicada.

Porque una situationship puede funcionar perfectamente mientras ambas personas quieren algo parecido.

Pero las emociones pueden cambiar.

Una persona puede empezar pensando:

“Solo quiero pasarla bien.”

Y tres meses después descubrir:

“Me estoy enamorando.”

Eso no significa que haya hecho algo mal.

Pero sí significa que llegó el momento de hablar.

Porque no podemos exigirle a otra persona que sienta lo mismo.

Y tampoco podemos fingir que nuestros sentimientos no cambiaron.

El deseo puede empezar sin compromiso y terminar generando necesidades emocionales.


10. El famoso “ghosting” y otras formas de desaparición

Las relaciones sin definición también pueden quedar atrapadas en dinámicas digitales.

Un día hablan constantemente.

Al otro, menos.

Después desaparecen.

Vuelven.

Desaparecen otra vez.

Aparece un mensaje a las 2 de la mañana.

Se retoma el sexo.

Después vuelve el silencio.

Esta dinámica puede producir una sensación de incertidumbre permanente.

Y acá hay que diferenciar algo:

una relación flexible no significa una relación irresponsable.

No ponerle nombre al vínculo no habilita a tratar a la otra persona como descartable.


11. ¿Una situationship puede ser saludable?

Sí.

Pero necesita algo que muchas veces justamente le falta:

claridad.

No necesariamente una etiqueta.

Claridad.

Dos personas pueden decir:

“Nos gustamos, tenemos sexo, nos vemos cuando queremos y ninguno busca exclusividad.”

Perfecto.

Eso puede ser un acuerdo perfectamente válido.

También pueden decir:

“Nos estamos conociendo y por ahora no queremos definir nada, pero estamos abiertos a conversar si alguno empieza a querer otra cosa.”

También hay claridad.

La dificultad aparece cuando el acuerdo real es:

“No sé qué quiero, pero tampoco quiero preguntarte qué querés vos.”

Ahí empieza el problema.


12. ¿Qué está cambiando realmente?

Y acá volvemos al concepto de nuestra saga.

Las situationships representan un cambio porque desacoplan algunas cosas que tradicionalmente aparecían juntas:

Sexo.

Amor.

Exclusividad.

Compromiso.

Convivencia.

Proyecto de vida.

Antes parecía existir un camino más lineal.

Ahora podemos tener:

sexo sin pareja.

intimidad sin exclusividad.

amor sin convivencia.

pareja sin matrimonio.

conexión emocional sin etiqueta.

Eso no significa que todas estas posibilidades sean mejores.

Significa que el menú relacional se hizo más amplio.


13. Pero libertad también significa poder decir “esto no me alcanza”

Esta es una de las ideas que más me interesa para Doctora Lust.

Porque muchas veces hablamos de libertad como:

“No quiero comprometerme.”

Pero existe otra libertad igual de importante:

“Yo sí quiero algo más.”

Si una persona quiere una relación estable, exclusividad o compromiso emocional, no debería sentir que está siendo “intensa” simplemente por expresarlo.

Y si la otra persona no quiere eso, tampoco está obligada a aceptarlo.

El objetivo no es que uno convenza al otro.

Es descubrir si lo que cada uno quiere puede convivir.

Y si no puede, tomar una decisión.


14. Las preguntas que una situationship debería poder responder

Doctora Lust podría proponer un pequeño ejercicio:

¿Nos vemos exclusivamente?

Si no, ¿podemos salir con otras personas?

¿Qué significa nuestro sexo?

¿Es casual, afectivo, exclusivo, abierto?

¿Qué esperamos del vínculo?

¿Queremos que evolucione?

¿Preferimos mantenerlo como está?

¿Qué ocurre si alguno empieza a sentir más?

¿Lo hablamos?

¿Qué cosas nos debemos?

¿Comunicación?

¿Cuidado?

¿Información sobre otras parejas sexuales?

¿Privacidad?

¿Podemos decir “hasta acá” sin castigos?

Si la respuesta es sí, existe una base mucho más saludable.


15. El mito de que “si preguntás, arruinás todo”

Este merece una buena dosis de Doctora Lust.

Hay personas que evitan preguntar:

“¿Qué somos?”

porque temen que la respuesta termine con el vínculo.

Pero si una pregunta honesta puede destruir una relación, quizás el problema no era la pregunta.

Quizás era que las dos personas estaban viviendo relaciones diferentes sin saberlo.

Hablar no garantiza que la relación continúe.

Pero permite descubrir si realmente están caminando hacia el mismo lugar.


16. La mirada de Doctora Lust

Yo cerraría el #5 con una frase bien directa:

“No necesitás ponerle un nombre a cada relación. Pero sí necesitás saber dónde estás parada.”

Porque quizás el verdadero cambio no sea que las personas ya no quieran relaciones.

Quizás sea que ya no todas quieren recorrer el mismo camino para llegar a ellas.

Y eso puede ser perfectamente válido.

Podemos elegir una relación casual.

Una pareja.

Una relación abierta.

Una relación poliamorosa.

Una situationship.

O incluso ninguna relación.

Lo importante es que la libertad sea de los dos.

Porque hay una diferencia enorme entre:

“No quiero etiquetas.”

y

“No quiero darte claridad.”

Una puede ser una elección.

La otra puede ser una forma de evitar una conversación.

 

Y Doctora Lust siempre va a elegir la conversación.