LOS ESCRITOS DE DÉSIRÉE — ESCRITO N.º 9
La fotógrafa
Hay personas que saben mirar.
No porque tengan una mirada especial, sino porque consiguen descubrir algo que los demás pasan por alto.
Eso fue lo que le ocurrió a Andrés aquella tarde.
Habían ido juntos a una sesión de fotos.
No era algo que hicieran habitualmente. De hecho, la idea había surgido casi por casualidad.
—Quiero que tengamos unas fotos diferentes —le había dicho Laura.
Andrés había aceptado sin demasiadas preguntas.
Hasta que llegó el momento de comenzar.
La fotógrafa los recibió con naturalidad.
Les explicó que no buscaba fotografías perfectas.
Quería capturar momentos.
Una mirada.
Una sonrisa.
Una mano que se acerca.
La forma en que dos personas se miran cuando creen que nadie las está observando.
Al principio Laura estaba un poco nerviosa.
Andrés también.
Pero después de algunas fotografías empezaron a relajarse.
La fotógrafa les pidió que se miraran durante unos segundos sin hablar.
Laura sostuvo la mirada.
Andrés sonrió.
—No sonrías —dijo la fotógrafa—. Mirala.
Y entonces algo cambió.
Ya no estaban posando.
Se estaban mirando de verdad.
La siguiente indicación fue todavía más sencilla.
—Acercate a ella.
Laura se aproximó.
Andrés apoyó una mano en su cintura.
El disparo de la cámara capturó el instante.
Después vino otra fotografía.
Y otra.
Cada indicación parecía hacerlos olvidar un poco más que estaban frente a una cámara.
Hasta que Laura comenzó a disfrutar del juego.
—Ahora yo decido cómo posamos —dijo.
La fotógrafa sonrió.
—Perfecto.
Laura eligió el lugar.
La posición.
La mirada.
Y, por primera vez durante la sesión, fue Andrés quien tuvo que dejarse llevar.
Cuando terminaron, la fotógrafa les mostró algunas de las imágenes.
Laura las observó en silencio.
Había algo extraño en verse desde afuera.
En una de las fotos estaban muy cerca.
En otra, simplemente se miraban.
Pero había una tercera que llamó especialmente su atención.
No era la más provocativa.
Ni la más elaborada.
Era una fotografía sencilla.
Los dos sentados, mirándose.
Como si hubieran olvidado completamente que alguien estaba detrás de la cámara.
Laura sonrió.
—Esa quiero.
—¿Por qué? —preguntó Andrés.
Ella lo miró.
—Porque ahí somos nosotros.
Salieron del estudio unas horas después.
Pero el juego no terminó allí.
Durante el camino de regreso comenzaron a hablar de las fotografías que habían quedado fuera.
Las que podrían haber hecho.
Las que les gustaría repetir.
Y las que, quizás, algún día podrían hacer solamente para ellos.
Porque aquella sesión les había dejado algo más que fotografías.
Les había mostrado que cambiar la mirada también puede cambiar la experiencia.
Y que, algunas veces, dejarse observar puede ser otra forma de descubrirse.
La fantasía detrás de la historia
“La fotógrafa” juega con una fantasía muy relacionada con la mirada.
Ser observado.
Posar.
Dejar que otra persona indique cómo moverse, dónde mirar o cómo acercarse.
Pero también existe otra dimensión: verse a uno mismo desde afuera.
Una fotografía puede transformar un momento cotidiano en algo especial y permitir que una pareja descubra gestos, expresiones o formas de conexión que normalmente pasan desapercibidas.
La fantasía no necesariamente está en la fotógrafa.
Está en el juego de posar, interpretar y dejarse mirar.
Para llevar la fantasía al juego
No hace falta contratar a un fotógrafo profesional.
Una pareja puede crear su propia sesión privada.
Uno puede asumir el papel de fotógrafo o fotógrafa y el otro convertirse en modelo.
Después pueden intercambiar los roles.
Pueden establecer algunas reglas:
- Una persona dirige la sesión durante cinco minutos.
- La otra simplemente sigue las indicaciones.
- Después cambian.
- Pueden elegir una temática.
- Pueden utilizar diferentes prendas o personajes.
- Pueden crear una pequeña historia detrás de cada fotografía.
También pueden hacer algo todavía más interesante:
prohibir la fotografía durante los primeros minutos.
Primero crean el personaje y la situación.
Después comienzan las fotos.
Así, la cámara deja de ser simplemente un dispositivo y pasa a formar parte del juego.
Una fotografía puede contar una historia
No todas las fotografías tienen que buscar sensualidad.
Una buena sesión puede construirse alrededor de una historia.
Una pareja que acaba de conocerse.
Dos desconocidos en un hotel.
Una cita inesperada.
Una noche elegante.
Una pareja que juega a ser otra pareja.
Cuando existe una historia, incluso elegir la ropa, preparar el ambiente y decidir las poses comienza a formar parte de la fantasía.
La mirada de Doctora Lust
El juego de roles permite explorar distintas formas de expresión dentro de la pareja.
Durante unos minutos podemos ser más seguros, más atrevidos, más misteriosos o simplemente diferentes de nuestra personalidad cotidiana.
Eso no significa dejar de ser nosotros mismos.
Significa utilizar el juego como un espacio de exploración.
Y, como siempre, la comunicación es fundamental: ambos deben saber qué tipo de fotografías quieren hacer, qué límites existen y qué imágenes desean conservar o eliminar.
La intimidad también incluye decidir qué queda entre dos personas.
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Una sesión de fotos puede convertirse en una excusa perfecta para cambiar completamente la rutina.
Una lencería diferente, un conjunto especial, un disfraz o un accesorio pueden ayudar a construir el personaje.
Pero el secreto no está solamente en lo que se usa.
Está en cómo se interpreta.
Una misma prenda puede contar historias completamente diferentes dependiendo de quién la lleva y del personaje que la pareja decide crear.
Denise dice:
“No hace falta ser modelo. Hay que tener una buena historia.”
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La última fotografía
Antes de irse, la fotógrafa les preguntó si querían hacer una última foto.
Laura miró a Andrés.
—Sí.
Se sentaron juntos.
Esta vez nadie les dijo cómo mirar.
Nadie les indicó dónde poner las manos.
No hubo instrucciones.
Solo ellos dos.
La cámara hizo clic.
Laura sonrió.
—¿Podemos verla?
La fotógrafa les mostró la pantalla.
Los dos se quedaron en silencio.
Era diferente a todas las anteriores.
No estaban interpretando ningún personaje.
O quizás sí.
Quizás estaban interpretando la versión de ellos mismos que casi nunca tenían tiempo de mostrar.
Andrés miró a Laura.
—Esta también la quiero.
Ella sonrió.
—Entonces tenemos dos.
—¿Dos?
—La que somos...
Hizo una pausa.
—Y la que todavía podemos inventar.
Désirée ❤️


