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Capítulo 11 — Playa de paso

Playa de paso

El ferry había llegado hacía pocos minutos.

Lucía bajó primero.

Su pelo rubio se movía con el viento cálido que llegaba desde el mar.

Álvaro apareció detrás con su mochila, su gorro tipo piluso y la remera roja que había elegido para el viaje.

—¿Y ahora?

Lucía miró hacia adelante.

—Ahora caminamos.

—¿Sin saber adónde?

—Exactamente.

Álvaro sonrió.

Ya había entendido que esas vacaciones no iban a seguir ningún plan demasiado estricto.


Otra vez la Quinta Avenida

Caminaron hasta la Quinta Avenida.

Lucía se quedó mirando todo como si acabara de descubrir una ciudad completamente nueva.

Había algo diferente respecto de Cozumel.

Más gente.

Más movimiento.

Más ruido.

Restaurantes.

Tiendas.

Música.

Vendedores ambulantes.

Turistas de todas partes del mundo.

—Acá sí que hay gente —dijo Álvaro.

Lucía sonrió.

—Y nosotros vinimos a mezclarnos.

Avanzaron lentamente.

Un vendedor les mostró unas artesanías.

Una pareja discutía qué restaurante elegir.

Alguien tocaba música en una esquina.

Un grupo de turistas se sacaba fotografías.

Playa del Carmen parecía estar contando cientos de historias al mismo tiempo.


Un restaurante argentino

A la hora del almuerzo, encontraron un restaurante argentino.

Álvaro se detuvo.

—No puede ser.

Lucía se rio.

—¿Qué?

—Vinimos hasta México para comer empanadas.

—Bueno, somos españoles. Vos no podés hablar.

—Eso es distinto.

Entraron.

Pidieron comida y se quedaron un rato conversando.

La sensación de estar lejos de casa era curiosamente agradable.

Y, al mismo tiempo, encontrar sabores conocidos les hacía sentir que el viaje tenía pequeñas conexiones inesperadas.


Una coincidencia

Después del almuerzo siguieron caminando.

Pasaron por la Calle 10.

Después continuaron hacia la zona de Calle 28.

Lucía miraba los bares.

—Esta ciudad no para nunca.

—Todavía es de tarde.

—Por eso.

Siguieron avanzando.

En un momento Lucía se detuvo.

—Esperá.

—¿Qué?

Ella miró hacia una mesa de un restaurante.

Había una pareja sentada allí.

Una mujer con una capelina sobre la mesa.

Un hombre con una musculosa verde y anteojos oscuros.

Lucía los observó durante un instante.

—¿Los conocés?

—No.

—Me parecieron conocidos.

Álvaro miró.

La pareja se levantó y se alejó antes de que pudieran distinguirlos bien.

Lucía se encogió de hombros.

—Debe ser la imaginación.

—O que estamos viendo demasiada gente.

—Puede ser.

Continuaron caminando.


Calle 2

Más tarde llegaron nuevamente hacia la Calle 2.

Lucía se sorprendió con la cantidad de locales diferentes que aparecían por la zona.

Álvaro señaló uno.

—Mirá.

Ella siguió su mirada.

Se rio.

—¿Otra vez?

—No fui yo.

—Pero lo señalaste.

—Porque vos lo estabas mirando.

Lucía negó con la cabeza.

—Estamos empezando a parecernos demasiado.

—Eso no necesariamente es malo.

Ella sonrió.

Y siguieron caminando.


El calor

A media tarde el calor se había vuelto intenso.

Lucía se recogió el pelo.

Álvaro se quitó el piluso y se lo volvió a poner unos segundos después.

—No puedo decidir si esto me protege del sol o me cocina la cabeza.

Lucía se rio.

—Te queda bien.

—¿El sombrero?

—Vos.

Álvaro sonrió.

—Ah.

Siguieron caminando hacia la costa.

El mar apareció entre las construcciones.

Por unos segundos se quedaron en silencio.

Habían llegado desde una isla.

Ahora estaban frente a otra parte del Caribe.

Y todavía les faltaba Tulum.


La decisión

Se sentaron en un lugar tranquilo para tomar algo.

Álvaro miró el reloj.

—Si seguimos así, nos vamos a quedar toda la tarde.

Lucía lo miró.

—¿Y?

—Tenemos que volver a Cozumel.

Ella hizo una pausa.

—¿Tenemos?

Álvaro entendió inmediatamente.

—¿Qué estás pensando?

Lucía sonrió.

—Que quizás podríamos quedarnos una noche.

—¿En Playa?

—Sí.

—¿Y Cozumel?

—Mañana.

Álvaro se quedó mirándola.

Después sonrió.

—Entonces nos quedamos.

Lucía levantó su vaso.

—Por improvisar.

—Por improvisar.

Chocaron los vasos.


Una noche más

Ya no era una simple escala.

Playa del Carmen se había convertido en parte del viaje.

Esa noche caminaron nuevamente por la Quinta Avenida.

Las luces comenzaban a aparecer.

La música llenaba las calles.

El olor de la comida salía de los restaurantes.

Y mientras avanzaban, Lucía sintió algo extraño.

Una sensación de familiaridad.

Como si aquel lugar ya hubiera aparecido en alguna parte de su viaje antes de haberlo visitado.

No sabía por qué.

No podía explicarlo.

Simplemente continuó caminando junto a Álvaro.

Sin saber que, a pocos kilómetros de allí, Valentina y Tomás ya habían tomado rumbo hacia Tulum.

Dos historias estaban empezando a acercarse.

Pero todavía nadie lo sabía.


Continuará…

Capítulo 12 — La decisión

Una noche más en Playa del Carmen cambia los planes de Lucía y Álvaro. Y Tulum empieza a aparecer cada vez más cerca.

 

WHAT HAPPENS IN PLAYA… QUEDA EN PLAYA
Una historia de Désirée