La mirada
El tercer día amaneció con el mismo calor.
Valentina abrió las cortinas y dejó entrar una luz blanca que parecía ocupar toda la habitación.
—¿Ya estás despierto?
Tomás abrió un ojo.
—Ahora sí.
Ella se quedó mirando hacia el balcón.
Desde allí se alcanzaban a escuchar los sonidos de Playa del Carmen despertándose.
Una moto.
Una conversación en la calle.
Música a lo lejos.
Y el murmullo constante de una ciudad que nunca parecía terminar de dormir.
—Hoy quiero playa —dijo Valentina.
Tomás sonrió.
—Eso sí lo entiendo.
Mamitas
Unas horas después estaban en Playa Mamitas.
El sol caía fuerte sobre la arena.
El mar tenía ese color imposible que parecía cambiar cada vez que lo miraban.
Valentina dejó su bolso y se acomodó junto a Tomás.
Durante un rato no hablaron.
Simplemente observaron.
Parejas.
Grupos de amigos.
Personas entrando y saliendo del agua.
Turistas tomando fotografías.
Una escena cotidiana de vacaciones.
Hasta que Valentina dijo:
—¿Vos mirás?
Tomás giró la cabeza.
—¿Qué?
—A la gente.
—Sí. Supongo.
—¿Y qué mirás?
Tomás se quedó pensando.
—No sé.
Valentina sonrió.
—Mentiroso.
Él se rio.
—Bueno. Algunas personas llaman la atención.
—¿Mujeres?
Tomás la miró.
—También.
Valentina volvió a mirar el mar.
No parecía molesta.
Parecía estar pensando.
—¿Y hombres?
Esta vez Tomás tardó un poco más.
—También.
Ella sonrió.
—Interesante.
Una conversación que no habían tenido
Aquella conversación parecía pequeña.
Pero para ellos no lo era.
Llevaban años juntos.
Habían hablado de trabajo.
De viajes.
De dinero.
De familia.
De planes.
De cosas importantes.
Pero pocas veces habían hablado de lo que les llamaba la atención cuando estaban juntos.
Y ahora estaban haciéndolo.
Sin reproches.
Sin celos.
Simplemente por curiosidad.
—¿Sabés qué creo? —dijo Valentina.
—¿Qué?
—Que nunca hablamos de estas cosas porque pensamos que no hacía falta.
Tomás la miró.
—¿Y ahora?
Ella se encogió de hombros.
—Ahora estamos de vacaciones.
Él sonrió.
—Eso parece justificar todo.
—No todo.
Valentina hizo una pausa.
—Pero algunas conversaciones sí.
La vuelta
Por la tarde regresaron caminando.
Pasaron nuevamente por la zona de Calle 28.
Había bares comenzando a llenarse.
Mesas en las veredas.
Música.
Gente hablando.
El calor seguía siendo intenso.
Valentina llevaba la capelina y su vestido blanco.
Tomás, su musculosa verde y los anteojos oscuros.
Eran fácilmente reconocibles entre la multitud.
Y quizás por eso Valentina volvió a notar algunas miradas.
Esta vez no hizo como si no existieran.
Miró a Tomás.
Él también las había visto.
—¿Te molesta? —preguntó ella.
—No.
—¿Seguro?
—Sí.
—¿Y si me gusta?
Tomás se quedó callado durante unos segundos.
Después respondió:
—Entonces supongo que me gusta que te guste.
Valentina sonrió.
No esperaba esa respuesta.
El juego
Esa noche volvieron a salir.
Esta vez sin ningún plan.
Caminaron por la Quinta Avenida.
Cruzaron la Calle 10.
Se detuvieron a mirar un restaurante.
Escucharon música.
Compraron algo para tomar.
Y en algún momento Valentina tomó la mano de Tomás.
—Mirá.
—¿Qué?
—A aquella pareja.
Tomás miró discretamente.
—¿Qué pasa?
—Nada.
Valentina sonrió.
—Solamente quería saber si también estabas mirando.
Tomás se rio.
—Ah, entonces ahora vos también mirás.
—Siempre miré.
—Nunca me dijiste.
—Nunca me preguntaste.
Continuaron caminando.
Y por primera vez entendieron que aquella pequeña experiencia de los días anteriores podía convertirse en algo diferente.
No necesariamente en una acción.
No necesariamente en una fantasía que hubiera que cumplir.
Simplemente en un juego entre ellos.
Mirar.
Ser mirados.
Y saber que el otro también estaba disfrutando de esa pequeña complicidad.
Antes de dormir
Ya en el hotel, Valentina se quitó la capelina y la dejó sobre una silla.
Tomás dejó los anteojos sobre la mesa.
—¿Te arrepentís de haber venido? —preguntó ella.
Él la miró.
—Todavía nos quedan cuatro días.
Valentina sonrió.
—Eso no fue lo que pregunté.
Tomás se acercó.
—No.
Silencio.
—Yo tampoco —dijo ella.
Y apagó la luz.
Afuera, Playa del Carmen seguía despierta.
Y en algún lugar de la Quinta Avenida, alguien caminaba sin saber que acababa de convertirse en parte de una historia.
Continuará…
Capítulo 4 — Rumbo al sur
Siete días en Playa del Carmen estaban llegando a su fin. Pero una conversación, una invitación y un nuevo destino estaban a punto de cambiar el viaje.
WHAT HAPPENS IN PLAYA… QUEDA EN PLAYA
Una historia de Désirée


