Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas. Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas. Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas. Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas. Comprá online las 24 hs. Envíos 100% discretos a todo el país. ¿Por qué elegir Intime Love Store? ✓ Más de 20 años de trayectoria. ✓ Envíos discretos a toda Argentina. ✓ Atención personalizada. ✓ Productos originales. ✓ Pago seguro. ✓ Retiro en el local. Atención personalizada por WhatsApp. 🔥 Nuevos ingresos todas las semanas.
Capítulo 7 — La noche de Cancún

La noche de Cancún

A las ocho de la noche, Cancún todavía parecía estar a pleno día.

El calor seguía pegado a las paredes del hotel y el aire acondicionado de la habitación trabajaba sin descanso.

Camila salió del baño con el pelo recogido en su rodete habitual.

Había elegido un vestido rojo.

Diego, una camisa blanca abierta sobre una remera oscura.

—¿Listos?

—Hace diez minutos que estoy listo —contestó él.

Camila tomó su bolso.

—Entonces aprendé a esperar.

Bajaron.

Afuera, el aire caliente volvió a envolverlos.


Una ciudad encendida

Tomaron el R1 hacia la zona hotelera.

Camila miraba por la ventana.

Hoteles iluminados.

Palmeras.

Restaurantes.

Carteles.

Turistas caminando.

Cancún parecía tener una energía diferente después del atardecer.

—Me gusta este lugar —dijo ella.

—¿Cancún?

—La noche.

Diego la miró.

—A vos te gusta la noche desde antes de venir.

Camila sonrió.

—Puede ser.

Bajaron cerca de una zona llena de restaurantes y bares.

Había música en todas partes.

Gente entrando.

Gente saliendo.

Parejas caminando.

Y, otra vez, miradas.


Una mesa para dos

Se sentaron en un restaurante.

Pidieron comida y algo para tomar.

Durante un rato hablaron de cualquier cosa.

Del hotel.

De la playa.

De los planes para el día siguiente.

Hasta que Camila apoyó el brazo sobre la mesa.

—¿Sabés qué me gusta?

Diego ya sabía que esa pregunta podía llevar a cualquier parte.

—¿Qué?

—Que ahora puedo mirarte y saber qué estás pensando.

—¿Y qué estoy pensando?

Camila sonrió.

—Que estás mirando.

Diego soltó una carcajada.

—Tal vez.

—No hace falta que lo escondas.

—No lo escondo.

Camila sostuvo su mirada.

—Entonces yo tampoco.

Y siguieron cenando.


Después de la cena

Caminaron sin apuro.

Pasaron frente a bares llenos.

La música aumentaba a medida que avanzaban.

Camila llevaba el vestido rojo.

Diego caminaba junto a ella.

En una esquina, ella se detuvo.

—Esperame.

—¿Qué pasó?

Camila se acomodó el pelo.

—Nada.

Se quedó mirando hacia la calle.

Después volvió junto a él.

—¿Viste?

—Sí.

—¿Y?

Diego sonrió.

—Te estaban mirando.

Camila bajó la voz.

—Lo sé.

—¿Te molesta?

Ella negó.

—No.

Después agregó:

—Me gusta que vos también lo notes.


La música

Terminaron entrando a un bar.

No buscaban nada especial.

Solamente querían escuchar música.

Había luces bajas, gente conversando y una pista donde varias parejas bailaban.

Camila tomó la mano de Diego.

—Bailá conmigo.

—No sé bailar eso.

—No importa.

Se acercaron.

Durante unos minutos desapareció todo lo demás.

La música.

Las luces.

El calor.

Las voces.

Camila se movía siguiendo el ritmo.

Diego la miraba.

Ella lo sabía.

En un momento levantó los ojos y encontró la mirada de otra persona.

Después volvió a mirar a Diego.

No hubo palabras.

Solamente una sonrisa.


El camino de regreso

Ya entrada la madrugada, salieron.

Cancún estaba más silencioso.

El aire seguía caliente.

Esperaron el transporte mientras comentaban la noche.

—¿Te divertiste? —preguntó Diego.

—Muchísimo.

—¿Y qué fue lo mejor?

Camila pensó unos segundos.

—La conversación.

—¿La de la cena?

—No.

Lo miró.

—La que no tuvimos.

Diego sonrió.

—¿Cómo?

—Esa en la que no hacía falta decir nada.

Caminaron unos metros.

Camila apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Creo que estamos aprendiendo algo.

—¿Qué?

—Que una mirada puede decir muchísimo.

Diego la miró.

—Y que vos mirás más de lo que pensaba.

Camila se rio.

—Y vos también.


De regreso en el hotel, Camila dejó el bolso sobre una silla.

Se quitó los zapatos.

Después abrió la puerta del balcón.

El mar estaba oscuro.

Las luces lejanas de Cancún parecían flotar sobre el horizonte.

Diego se apoyó junto a ella.

—¿Qué hacemos mañana?

Camila sonrió.

—Playa.

—¿Otra vez?

—Sí.

Hizo una pausa.

—Pero esta vez quiero ir a otro lugar.

—¿A dónde?

Camila lo miró.

—Todavía no sé.

Y cerró la puerta del balcón.

La noche terminó ahí.

Pero la curiosidad no.


Continuará…

Capítulo 8 — Rumbo a Playa

Una decisión inesperada hará que Camila y Diego abandonen Cancún por unas horas. Y en Playa del Carmen, sin saberlo, comenzarán a acercarse a otra historia.

WHAT HAPPENS IN PLAYA… QUEDA EN PLAYA
Una historia de Désirée