Playa Paraíso
A la mañana siguiente nadie tuvo que insistir demasiado.
El mensaje llegó temprano.
Camila:
¿Playa?
Valentina respondió:
Sí.
Lucía agregó:
Nos vemos allá.
No había demasiadas explicaciones.
Los seis ya sabían dónde encontrarse.
Y quizás eso era lo que hacía diferente aquella mañana.
Ya no eran seis desconocidos.
Más allá del movimiento
Llegaron por separado.
Valentina y Tomás fueron los primeros.
Después aparecieron Camila y Diego.
Lucía y Álvaro llegaron unos minutos más tarde.
Habían elegido una zona de Playa Paraíso algo más alejada del movimiento principal.
No estaba completamente vacía.
Pero sí lo suficientemente tranquila como para sentir que el resto de Tulum quedaba lejos.
El mar estaba prácticamente inmóvil.
El calor comenzaba a sentirse con fuerza.
Valentina dejó su bolso sobre la arena.
—Ahora sí.
Camila sonrió.
—¿Qué?
—Este era el lugar que buscábamos.
Una tarde sin reloj
Pasaron las primeras horas entre el agua y la arena.
Hablaron.
Se rieron.
Compartieron comida.
Se contaron historias de sus países.
Diego quiso saber cómo era vivir en España.
Álvaro preguntó por Argentina.
Tomás contó algunas anécdotas de sus viajes.
Camila habló de Cancún.
Y poco a poco la conversación volvió a ese tema que los había unido desde el principio.
Las miradas.
—Creo que todos terminamos hablando de lo mismo —dijo Lucía.
Valentina sonrió.
—Es verdad.
—¿Será porque estamos de vacaciones? —preguntó Diego.
Tomás negó.
—Creo que las vacaciones simplemente hacen que uno diga cosas que normalmente piensa y no dice.
Lucía lo miró.
—Eso fue bastante profundo.
—Tengo mis momentos.
Todos rieron.
El juego
Después del almuerzo, Camila propuso algo.
—Hagamos un juego.
Diego levantó una ceja.
—¿Qué juego?
—Nada complicado.
Camila señaló a los demás.
—Cada uno tiene que decir algo que le haya sorprendido de su pareja durante este viaje.
Hubo un silencio.
—Empiezo yo —dijo Valentina.
Miró a Tomás.
—Me sorprendió que no te molestaran las miradas.
Tomás sonrió.
—Me sorprendió que te gustaran.
Camila levantó la mano.
—Ahora nosotros.
Miró a Diego.
—Me sorprendió descubrir que te gusta verme disfrutar de la atención.
Diego respondió:
—A mí me sorprendió que fueras mucho más curiosa de lo que pensaba.
Todos miraron a Lucía y Álvaro.
Lucía sonrió.
—A mí me sorprendió que él aceptara improvisar todo el viaje.
Álvaro se rio.
—Eso no fue sorpresa. Fue supervivencia.
Las risas volvieron a llenar la playa.
El silencio
Después del juego hubo unos minutos de silencio.
Los seis miraron el mar.
El sol estaba bajando lentamente.
Y por primera vez ninguno parecía necesitar llenar el espacio con palabras.
Valentina estaba sentada junto a Tomás.
Camila junto a Diego.
Lucía junto a Álvaro.
Pero la conversación había cambiado algo.
Ahora todos sabían que los demás compartían esa curiosidad.
Nadie tenía que explicarla.
Nadie tenía que justificarla.
Simplemente estaba allí.
Una caminata
Cuando la tarde empezó a enfriarse ligeramente, Camila se levantó.
—Voy a caminar.
Diego la siguió.
Valentina miró a Tomás.
—Vamos.
Lucía y Álvaro hicieron lo mismo.
Los seis comenzaron a caminar por la orilla.
A veces de a dos.
A veces mezclados.
El agua les llegaba hasta los tobillos.
El cielo empezaba a tomar tonos dorados.
Y el ruido del resto de la playa parecía cada vez más lejano.
En un momento, Valentina quedó caminando junto a Lucía.
—¿Vos también sentís que algo cambió?
Lucía la miró.
—Sí.
—¿Qué?
Lucía sonrió.
—No sé.
Valentina se rio.
—Otra vez esa respuesta.
—Quizás sea porque todavía no sabemos cómo llamarlo.
Una propuesta
Cuando regresaron al lugar donde habían dejado sus cosas, Diego miró el reloj.
—¿Nos vamos?
Camila negó.
—Todavía no.
—¿Qué querés hacer?
Ella miró hacia el sur.
—Seguir caminando.
Álvaro siguió su mirada.
—Por ahí hay menos gente.
Lucía sonrió.
—Justamente.
Tomás miró a Valentina.
Ella ya estaba sonriendo.
—Vamos —dijo.
Y los seis emprendieron nuevamente el camino.
El último tramo
La luz comenzaba a desaparecer.
Habían dejado atrás la zona más concurrida.
Ya no se escuchaba tanta música.
Las conversaciones de otros turistas quedaban lejos.
El mar seguía acompañándolos.
Y aquella sensación de estar fuera del mundo empezaba a hacerse más fuerte.
Camila caminaba junto a Valentina.
Lucía iba unos metros delante con Álvaro.
Diego y Tomás hablaban detrás.
De repente, Lucía se detuvo.
—Miren.
Los cinco levantaron la vista.
Habían encontrado una pequeña zona apartada de la playa.
No completamente aislada.
Pero mucho más tranquila.
Todos se quedaron mirando.
Nadie dijo nada durante unos segundos.
Finalmente Diego sonrió.
—Bueno.
—¿Bueno qué? —preguntó Camila.
—Creo que encontramos nuestro lugar.
Valentina miró a Tomás.
Después al resto.
Y sonrió.
El sol terminó de desaparecer.
La playa quedó bañada por una luz tenue.
Los seis se sentaron juntos.
Ya no hablaban de restaurantes.
Ni de excursiones.
Ni de los lugares que habían visitado.
Ahora hablaban de ellos.
De lo que habían descubierto.
De lo que les daba curiosidad.
De lo que cada pareja entendía como confianza.
Y de cuánto podía cambiar una relación cuando uno se animaba a decir en voz alta aquello que antes solamente existía en la imaginación.
No había promesas.
No había reglas nuevas.
No había decisiones definitivas.
Solamente seis personas sentadas frente al Caribe, preguntándose qué podía ocurrir si dejaban que aquella noche simplemente siguiera su propio camino.
Camila miró el horizonte.
—¿Volvemos mañana?
Nadie respondió inmediatamente.
Después Valentina sonrió.
—Mañana.
Lucía miró a Álvaro.
Él asintió.
Tomás se levantó.
—Entonces mañana.
Los seis comenzaron a recoger sus cosas.
Pero ninguno tenía demasiada prisa.
Porque todos sabían que algo había cambiado.
Y que la próxima noche podía ser diferente.
Continuará…
Capítulo 17 — La última noche
El último día llega con una invitación, una playa tranquila y una pregunta que finalmente tendrá que ser respondida.
WHAT HAPPENS IN PLAYA… QUEDA EN PLAYA
Una historia de Désirée


