Blog 3/36 — Denise
Cuando el poder se convierte en juego
Hay fantasías que funcionan perfectamente en nuestra imaginación.
Y hay otras que, cuando existe confianza, pueden convertirse en un juego de pareja.
La fantasía del poder es una de ellas.
Después de leer a la Doctora Lust y descubrir la historia de Désirée, aparece la pregunta inevitable:
¿Y si esa fantasía también pudiera jugarse?
No se trata de mandar. Se trata de jugar.
Cuando hablamos de poder dentro de la intimidad, no estamos hablando de controlar a nuestra pareja en la vida real.
Estamos hablando de crear un juego en el que ambos saben cuáles son las reglas.
Uno propone.
El otro acepta.
Después pueden cambiar los roles.
Y en cualquier momento cualquiera de los dos puede decir:
“Hasta acá.”
Eso también es parte del juego.
De hecho, es lo que permite que la fantasía pueda ser intensa sin dejar de ser consensuada.
¿Cómo empezar?
No hace falta preparar una producción de Hollywood.
Podés empezar con algo muy sencillo.
Una persona toma el papel de quien dirige el juego durante unos minutos.
La otra acepta seguir determinadas consignas.
Puede haber pequeñas órdenes, desafíos, cambios de roles o simplemente reglas que hagan que la noche sea diferente.
La clave está en que las reglas se acuerdan antes de empezar.
Porque cuando sabemos dónde están los límites, podemos concentrarnos en disfrutar del juego.
El tablero cambia de lugar
¿Te acordás del tablero de ajedrez de la historia de Désirée?
Bueno.
No hace falta tener un tablero.
La idea interesante es otra:
cada movimiento puede convertirse en parte del juego.
Una mirada.
Una orden.
Una elección.
Un desafío.
Un cambio de rol.
Incluso decidir quién empieza puede formar parte de la fantasía.
Porque el objetivo no es descubrir quién tiene más poder.
Es descubrir qué pasa cuando una pareja decide jugar con él.
Tres ingredientes para una buena partida
1. Confianza
Si no hay confianza, el juego pierde sentido.
La persona que acepta entregar el control necesita saber que su pareja va a respetar los límites acordados.
2. Reglas
Las reglas no tienen que ser complicadas.
Pueden ser tan simples como:
“Esto sí.”
“Esto no.”
“Si digo esta palabra, paramos.”
3. Imaginación
Y acá empieza lo divertido.
Porque una vez que existen confianza y límites, aparece todo un universo de posibilidades.
Un personaje.
Una situación.
Una vestimenta.
Una historia.
Un desafío.
Un accesorio.
O simplemente una nueva manera de mirarse.
¿Y los accesorios?
Acá sí pueden entrar los productos.
Pero no porque un producto vaya a crear la fantasía por sí solo.
El producto es una herramienta dentro del juego.
Un antifaz puede aumentar el misterio.
Un accesorio de restricción puede formar parte de un juego de control consensuado.
Una lencería especial puede ayudar a construir un personaje.
Un juego de cartas puede proporcionar las consignas.
Y diferentes accesorios pueden convertirse en elementos de una historia que la pareja ya decidió jugar.
Primero está la fantasía.
Después está el juego.
Y recién entonces elegimos con qué queremos acompañarlo.
El verdadero juego de poder
Quizás después de leer a Doctora Lust y a Désirée podamos entender algo diferente sobre el poder.
No siempre se trata de quién manda.
A veces se trata de quién confía lo suficiente como para entregar el control durante un rato.
Y también de quién sabe recibirlo sin abusar de él.
Porque en una pareja, jugar con el poder no significa perderlo.
Significa compartirlo.
Así que si alguna vez te preguntaste si una fantasía de control puede convertirse en un juego...
La respuesta es sí.
Pero hay una condición:
los dos tienen que querer jugar.
Y ahora te hago una pregunta:
¿Quién movería la primera pieza?
Continuá la saga
← Capítulo 1 — Doctora Lust: Poder y deseo: la fantasía del control
← Capítulo 2 — Désirée: La partida
Capítulo 3 — Denise: Cuando el poder se convierte en juego
Próximo bloque de la Saga Maquiavelo → Tema 2


