CAPÍTULO 1 — LA LLEGADA
El invierno había quedado atrás.
Después de varias horas de viaje, Valentina y Tomás finalmente llegaron a México.
Para ellos, Playa del Carmen no era solamente un destino de vacaciones. Era la posibilidad de olvidarse durante unos días de los horarios, del trabajo, de las obligaciones y de aquella rutina que, sin darse cuenta, había empezado a ocupar demasiado espacio en sus vidas.
Habían reservado siete días.
Siete días para no mirar el reloj.
Siete días para despertarse sin apuro.
Siete días para descubrir qué podía pasar cuando nadie los conocía.
Cuando salieron del aeropuerto de Cancún, el calor los golpeó de inmediato.
Valentina sonrió.
—Esto sí que no parece agosto en Argentina.
Tomás se rio.
—Te dije que ibas a extrañar el frío.
—¿Extrañar? —contestó ella—. Preguntame dentro de siete días.
El camino hacia Playa del Carmen transcurrió entre conversaciones, música y las primeras imágenes del Caribe apareciendo detrás de las ventanillas.
Cuando finalmente llegaron al hotel, dejaron las valijas y salieron nuevamente.
No querían perder la primera tarde.
Querían caminar.
La Quinta Avenida
La primera caminata por Quinta Avenida fue exactamente lo que habían imaginado… y también algo completamente diferente.
Había música saliendo de los bares.
Restaurantes llenos.
Vendedores ambulantes ofreciendo recuerdos.
Turistas caminando en todas las direcciones.
Aromas de comida mezclándose con el aire cálido de la tarde.
Y ese calor húmedo que parecía quedarse pegado a la piel.
Valentina caminaba unos pasos delante de Tomás.
De vez en cuando se daba vuelta para mirarlo.
—¿Te gusta?
Tomás miró alrededor.
—Muchísimo.
—A mí también.
Siguieron caminando.
Pasaron frente a restaurantes, tiendas y pequeños locales.
En cada esquina parecía aparecer algo diferente.
Un músico.
Una pareja bailando.
Una mesa llena de gente.
Una bicicleta.
Una moto.
Un vendedor que intentaba convencer a los turistas de comprar alguna artesanía.
Playa del Carmen parecía no querer quedarse quieta.
Y ellos tampoco.
Una sensación extraña
Fue durante aquella primera caminata cuando Valentina notó algo.
Una mirada.
Después otra.
No le dio demasiada importancia.
Continuó caminando.
Unos metros más adelante volvió a ocurrir.
Esta vez ella lo notó claramente.
Miró a Tomás.
Él estaba mirando hacia otro lado.
—¿Qué?
—Nada.
—¿Qué pasa?
Valentina sonrió.
—Nada, te dije.
Siguieron caminando.
Pero aquella pequeña situación quedó dando vueltas en la cabeza de ambos.
No era importante.
Todavía.
Esa noche cenaron cerca de la Quinta Avenida.
Hablaron de lo que querían hacer durante los siguientes días.
Playa.
Excursiones.
Alguna salida nocturna.
Quizás Cozumel.
Quizás Tulum.
Todavía no tenían decidido nada.
Después volvieron caminando lentamente hacia el hotel.
El calor seguía ahí.
La música también.
Y Playa del Carmen parecía tener una energía completamente diferente después de las diez de la noche.
Valentina caminaba junto a Tomás.
Esta vez más cerca.
—¿Sabés qué? —dijo ella.
—¿Qué?
—Creo que estos siete días van a ser interesantes.
Tomás la miró.
—¿Por qué?
Valentina sonrió.
—No sé.
Miró hacia adelante.
—Es una sensación.
Y siguieron caminando.
Sin saber todavía que aquella sensación apenas estaba comenzando.
Continuará…
Una noche de agosto. Quinta Avenida. Una decisión aparentemente pequeña.
WHAT HAPPENS IN PLAYA… QUEDA EN PLAYA
Una historia de Désirée


